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viernes, marzo 6, 2026

Noboa – Valbonesi, el cuento de hadas ecuatoriano | Galo Betancourt

Por Galo Betancourt*

En “El Nuevo Ecuador”, Daniel Noboa y Lavinia Valbonesi encarnan el núcleo emocional que conecta con los arquetipos más reconocibles de la cultura global. Es evidente que la influencia política ya no se articula a través de discursos programáticos, planes de gobierno o marcos ideológicos. Hoy se superpone la seducción mediática desde TikTok, Instagram y el universo de los influencers, donde la capacidad de generar identificación simbólica y de activar deseos emocionales supera con creces a los argumentos fundamentados y las cifras.

Guy Debord, en su libro La sociedad del espectáculo, ya había anticipado que las sociedades modernas consumen representaciones antes que hechos reales, transformando la política en un escenario de imágenes y apariencias. El gobierno de Noboa no centra su atención en gestionar sino en proyectar. Junto a Valbonesi encarnan, precisamente, una síntesis perfecta de esta dinámica, pues no representan un liderazgo en los términos convencionales, más bien son una fantasía colectiva de juventud y éxito, desplegada en relatos construidos y difundidos a través de pantallas móviles y medios tradicionales.

Esta fantasía no sería posible sin el trabajo simbólico de los arquetipos, ampliamente estudiados por el médico y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, quien los definió como patrones universales del inconsciente colectivo, estructuras psíquicas muy antiguas, que aparecen en mitos, sueños, religiones y relatos culturales. Los arquetipos son moldes que permiten a las personas reconocer, desear o temer ciertas figuras, entre las que pueden estar representados un bufón, un sabio, un amante…

En el caso de Noboa y Valbonesi, logran activar resonancias profundas en la población ecuatoriana porque apelan a deseos íntimos y arraigados. Lavinia encarna el arquetipo de la Cinderella Story, la chica común que, gracias a su belleza, el amor y el destino, accede al mundo del príncipe poderoso y asciende a una posición social superior.

La idea de que la belleza y la resiliencia pueden conducir al compromiso y a la riqueza convierte a Lavinia Valbonesi en un personaje ejemplar y estratégico dentro del engranaje comunicacional del gobierno. Su representación pública trasciende el rol de esposa del presidente, porque encarna a la chica que “logró llegar a la cima”, y precisamente por eso posee un gran poder simbólico.

Pero este cuento de hadas ecuatoriano no estaría completo sin su contraparte masculina. Daniel Noboa, aunque no es particularmente carismático ni un líder que conecte genuinamente con la gente, sí desempeña otro rol clave: el del heredero millonario y bully encantador, que se permite la burla y ejerce una superioridad afectuosa sobre quienes lo rodean, incluyendo a su propia pareja. No es casual que Lavinia Valbonesi, en una entrevista, lo describiera como “el rey de los apodos” y admitiera haber recibido de él “cientos de miles” de sobrenombres.

En la escena política, Noboa ha replicado ese mismo papel en sus enfrentamientos con Correa y otros de sus opositores, pues no busca la profundidad argumentativa, más bien utiliza la ironía y los gestos de superioridad. Mostrándose como el chico popular que domina el escenario y convierte a los demás en caricaturas patéticas, así como ocurre en tantas películas adolescentes de los años 80 y 90, como Heathers, The Breakfast Club  y Mean Girls.

Noboa no gobierna desde un programa estructurado; lo hace desde el guion simbólico del blockbuster adolescente, profundamente arraigado en nuestra memoria cultural. No es casual que Niels Olsen presida la Asamblea Nacional ni que Sade Fritschi figure como primera vocal del CAL. Los amigos de Noboa también encarnan la belleza física, juventud y estatus social. Su ascenso no responde a credenciales de experiencia ni a demostraciones de capacidad; están allí porque forman parte del selecto grupo de los “populares”.

Frente a este despliegue arquetípico, la oposición aún no ha logrado construir contranarrativas efectivas. La incomodidad de insertarse en el modelo propuesto por Noboa e intentar que “el dato mate al relato” la ha dejado atrapada en un lugar incómodo, confinada al juego del tecnicismo y la queja, incapaz de disputar el terreno emocional donde realmente se juega la política actual.

Sin embargo, desde la comunicación aún es posible articular lógicas alternativas y ofrecer un “espejo emocional” capaz de conectar con millones de ecuatorianos, especialmente con aquellos que esperaban un cambio y no se reconocen en el brillo superficial del espectáculo político.


* Galo Betancourt, documentalista y comunicador audiovisual con más de dos décadas de experiencia en el ámbito público, académico y periodístico. Ha dirigido múltiples proyectos de comunicación institucional y ejercido la cátedra en universidades ecuatorianas. Reconocido con más de diez premios, incluyendo el Premio Nacional de Periodismo Eugenio Espejo, Categoría Institucional (2023 y 2024), ha combinado la creación audiovisual con el análisis político. Su trabajo ha sido distinguido por su enfoque creativo y comprometido con los derechos humanos.

Imagen de portada generada con IA por el autor del texto.

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1 COMENTARIO

  1. Por contraste si hubiera ganado el correismo estaríamos viviendo una historia de terror donde el líder seria el orate ogro del ático y su tinta mágica, mientras en Ecuador el Doctor Malito Diego Borja hubiera hecho desaparecer mágicamente el dólar con sus ranadolares.

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