En general, es notable la poca cobertura en Ecuador, y especialmente antes de las elecciones, de los principales medios de comunicación sobre sus vecinos inmediatos. Colombia, por ejemplo, ha sido aniquilada en una de las guerras más sangrientas en la historia de la humanidad durante más de 65 años, como es bien sabido. Lo que es menos conocido es que esta guerra, que se ha reavivado desde la rescisión unilateral del acuerdo de protección por parte del gobierno de Ivan Duque en agosto de 2018, está claramente relacionada con el modelo de desarrollo que los terratenientes conservadores, las élites empresariales y los políticos mafiosos están impulsando bajo la consigna de, supuestamente, no tener alternativa.
Entre el 2015 y 2018, la Fiscalía reportó un aproximado de 42.953 personas como desaparecidas . Esta cifra equivale a la población total de cantones como Naranjito, Baba, Tosagua, Pedro Moncayo o Santiago de Píllaro. Hay tanta gente desaparecida en Ecuador como la población de una de las ciudades señaladas.
El que habla es Felipe Quispe Huanca (1942-2021). Nacido en Achacachi, capital de la región de Omasuyos, Quispe es una figura fundamental en la construcción política de la identidad aymara. Su actividad política estuvo marcada por esta imagen del cerco; de los indios bloqueando a los blancos. Haciéndoles sentir su aliento y los sonidos de sus pututus. La geografía de La Paz es muy funcional a ese «repertorio» de lucha, y las propias élites de la Hoyada sintieron una y otra vez la amenaza del cerco.
Las declaraciones del señor SANTIAGO GANGOTENA, dueño o accionista mayor de la Universidad San Francisco de Quito, entidad ecuatoriana privada de lucro, refleja clara y evidentemente la patología del terrorismo de derecha, pues por ahí empieza la represión y el crimen del estado colonial y capitalista que no atina a comprender, pues al parecer le está vedado cualquier episteme inherente a un centro de educación superior.
Hay gente que piensa que referirse al dolor de los sobrevivientes de la pandemia en 2020, es inútil y lo tildan como poesía, como sinónimo de inutilidad o sensiblería. Este criterio es inexacto porque desnaturaliza el sentido de la poesía como expresión cultural exclusiva de la especie humana. Por otro, ofende la aflicción de quienes enterraron seres queridos arrebatados por la peste que continúa campante en el mundo y en Ecuador.
Desde la posguerra, es decir alrededor de 70 años atrás, la comunidad científica, intelectuales y analistas del desarrollo han expresado sus preocupaciones en torno a la insostenibilidad del modelo de crecimiento económico y su secuela de impactos sobre el ecosistema global, desde entonces se han multiplicado pomposas declaraciones de los líderes mundiales, pero en la práctica este sigue gobernando el mundo que cada vez se torna más vulnerable.
Julian Assange se salva de ser extraditado a EE.UU., según la sentencia dictada el 4 de enero de 2021, en la Corte de Westminster, Londres, por la jueza Vanessa Baraitser, en consideración de que las condiciones carcelarias en ese país implican un riesgo real de suicidio para el fundador y (ex) editor en jefe de Wikileaks. La jueza ordenó su libertad, pero la fiscalía apeló y se tomará una decisión al respecto este miércoles 6. No obstante, la jueza apoyó la mayoría de argumentos de la fiscalía respecto a los motivos de la acusación y desechó los argumentos de la defensa.
El 2020 mostró de lo que son capaces las élites empresariales para mantener sus privilegios, depredando las vidas de miles de personas sin límite alguno. La reconfiguración de un régimen de desigualdades, que antecede a este año se implementó, se institucionalizó y legitimó a través de la captura de las decisiones públicas: la verdadera pandemia. Dicho proceso involucra a una serie de actores, prácticas y redes que constituyen el “neoliberalismo a la ecuatoriana”.
La profunda crisis económica provocada por el confinamiento decretado en prácticamente todo el mundo, para combatir el coronavirus, obligó a recuperar el papel del Estado, en la mayor parte de países del mundo, inyectando masivos recursos económicos para estimular la reactivación productiva, proteger el empleo y paliar la crisis provocada por el confinamiento, sin embargo, el gobierno ecuatoriano, continuó aplicando las políticas de ajuste acordadas con el Fondo Monetario Internacional: despidió empleados públicos; redujo el gasto y la inversión pública inclusive en salud y educación; privilegió el pago a tenedores de bonos de deuda pública externa; eliminó subsidios a los combustibles; incurrió en masivos atrasos en el pago a pequeñas y medianas empresas proveedoras del Estado; introdujo normas laborales restrictivas de derechos e incluso dictando leyes para limitar el monto del gasto y la inversión públicas a futuro.
Al pensar en 2020 pienso en cómo todas las personas nos hemos visto expuestas, en mayor o menor medida, a la incertidumbre, la inestabilidad, la fragilidad, la vulnerabilidad, la precariedad y el miedo. Y, pienso en cómo todas estas palabras, tan usuales en este momento, han sido parte siempre de la vida de quienes de alguna forma trabajan en el arte. Pienso en un fenómeno que he estudiado desde hace varios años: el carácter contagioso de la precariedad, cómo se transmite de un ámbito a otro, con la misma eficacia con la que se transmiten los virus. He podido constatar que el arte es uno de los espacios en los que más rápido y con especial intensidad se han observado características de la precariedad contemporánea.
“Todos fallaron cuando una niña pedía ayuda, es a nombre del Estado ecuatoriano que les pido acepten nuestras disculpas, por ese inmenso dolor que sufrieron hace 18 años”, así lo señaló el presidente de la República, Lenín Moreno, ante Petita Paulina Albarracín Albán, en un acto público de reconocimiento y vergüenza estatal ante la violencia sexual y la indiferencia de los sistemas de salud y educación que llevaron a la muerte a Paola del Rosario Guzmán Albarracín, hija de Petita, en diciembre de 2002.
El objetivo de este artículo es ser breve en la explicación de cada uno de estos temas, buscando aclarar sobre ciertos elementos que circulan en las redes sociales y que desinforman a la ciudadanía, puesto que estamos en medio de un proceso electoral que ya se vio empañado por la campaña sucia. Dicho proceso electoral debería enmarcarse en la generación de propuestas y no en el encuadre mediático de la generación del miedo para disuadir que se vote por determinado candidato.
Los diseños y estilos eran de las más diversas afecciones, la necesidad convertida, una vez más, en la producción insaciable del deseo expresado en estilosos cubrebocas.
La violencia contra mujeres y niñas violadas, proveniente tanto de los violadores directos como del Estado que las somete, es inconcebible e inaguantable.
Hasta 1938, en Ecuador la penalización del aborto estaba sujeta a la moral pública y a la honra de la familia. En ese año, el entonces nuevo Código Penal tenía como su centro de protección jurídica, en casos de aborto, a la vida. En este código penal se despenalizó el aborto en caso que corra riesgo la salud o vida de la mujer embarazada, y también, en el caso de que la mujer tenga alguna discapacidad mental[1].