Al parecer. Nada. O, mejor dicho, algunos requisitos que no tienen nada que ver con su envestidura. Después de leer que la CNJ y sus tristes jueces de la Sala de lo Penal dijeron que los tres jueces que favorecieron a Aquiles Álvarez y los otros implicados, cometieron un error inexcusable, a los profanos nos surgen algunas preguntas. Disculparán nomás, pero su accionar es muy pero muy sospechoso.
Ustedes saben, claro que lo saben, que el fiscal es un empleado más del presidente; por lo tanto, esa fiscalía es política, no técnica. Ustedes saben, es obvio, que el alcalde de Guayaquil es un preso político: está secuestrado. ¿Lo saben, verdad? Pendejos no son, ¿o sí? Solo hacen falta dos dedos de frente para darse cuenta de que ese caso es más torcido y retorcido que los impuestos que se perdonó el que sabemos.
En ese sentido, ¿quieren convertirse en igual de despreciables que Don Alarcón? ¿Tienen algún pacto secreto con el Ejecutivo? ¿Están asustados, tienen miedo? ¿Los tienen chantajeados? ¿Piensan que si no se someten a los designios del niño caprichoso perderán su cargo o su reputación?
¿Para qué diablos son Jueces de la Corte Nacional de Justicia si no van a actuar con independencia? ¿Qué hacen ahí si es el presidente el que -en último término- decide quién se merece cárcel y quién no? ¿O están sentados en esa Corte solo para lucir esa toga que los hace seres superiores? ¿Para eso estudiaron? ¿Para en dos patadas volverse seres sumisos y obedientes al poder? Error inexcusable. ¿Se dan cuenta que con esa cobarde decisión están enviando una perversa señal a los demás jueces? ¿O te alineas o ya verás? ¿Quieren quedar bien con el aprendiz de dictadorzuelo?
¿Qué les dicen a sus parejas e hijos en las noches? Así es la vida, familia. Si no soy sumiso me echan. Ya no es culpa, la cosa es complicada. Ese alcalde no puede salir. Luego me botan a Contraloría.
¿Para eso están de jueces supremos? ¿Para tener miedo? ¿Para permitir que inocentes vayan a esas cárceles donde la gente se muere de hambre y de tuberculosis? Gracias a su cobardía una jueza de Samborondón se lavó las manos, sabiendo que no debía. Y otro no le concedió el Hábeas Corpus a Omar Campoverde por recibir torturas y tratos inhumanos dentro de la cárcel.
Cientos de jueces dirán: si los magistrados de la CJN se amilanan, peor nosotros. No se puede incomodar al presidente. No hace falta que les llamen de parte de Carondelet, con su pusilánime actuar -de jueces probos e incorruptibles- es suficiente.
A eso hemos llegado. A que los jueces sean serviles y esbirros del poder de turno. ¡Qué vergüenza! Y ¡qué tristeza! Y ¡qué asco!
¿Y los colegios de abogados? Bien nomás, gracias. Ahí pasando. Todo está podrido. Y con excepciones en esa Corte, que las hay, el resto es cómplice de todo este descalabro institucional. ¡Cobardes! Punto y aparte.