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viernes, marzo 6, 2026

Entre renuncias, hinchadas y resurrecciones… cuando el fútbol da clases de política

Es urgente que en el espacio político confluyan más ciudadanos y menos hinchas

Por: Carlos Villacís Nolivos

– “Oooohhhhhh… qué se vayan todos, uuoo, oooohhhhh, qué se vayan todos, que no quede ni uno soloooooo…”[1], era el grito cantado al ritmo de tambores y a todo pulmón por la indignada y desesperada fanaticada de Liga Deportiva Universitaria de Quito (LDU-Q). Ante los malos resultados obtenidos en los últimos partidos, pedían la cabeza del director técnico del club, Pablo ‘Vitamina’ Sánchez, de los directivos del equipo y, quizás, de algunos jugadores, todo como si fuera un sacrificio colectivo de expiación por los pecados del club. La salida del técnico vino dos días después. ¿Se impuso la ‘hinchacracia’? ¿Se vino la dictadura del hincha?

Algo parecido pasa en el Ecuador político de 2025, donde cada vez más el fútbol es un espejo de que acontece en las otras dimensiones de la vida cotidiana. Por una parte, queda demostrado que el ecuatoriano es más exigente cuando asume su rol de hincha antes que cuando asume su papel como ciudadano. Por otro lado, un hincha festeja cuando su equipo gana, aunque lo haga con trampas, con las justas, mediante penales o aunque practique juego desleal, pero, sobre todo, celebra cuando le gana a su archirival. Los resultados de las últimas elecciones apuntan a que noboístas y correístas no son votantes sino hinchas, fanáticos cegados por el odio -noboístas- o por su ídolo -correístas-.

Esto, de por sí es peligroso, porque construye fanaticadas y sectarios antes que ciudadanos y votantes. La polarización del Ecuador es una muestra de esto. En las pasadas elecciones, al igual que en las de 2017, 2021 y 2023, la racionalidad del voto se perdió por completo para dar paso a una lógica de acción y reacción en función del pensamiento de la hinchada. Aquí no importa si Noboa hizo mal su gestión de gobierno -como lo hizo-, lo que importa es que esté en contra del otro equipo, el del correísmo. ¿Actúa así un ciudadano o un hincha? Lo mismo pasa al otro lado de la polarización, donde están los hinchas del correísmo, donde no cabe la autocrítica ni la posibilidad de construir propuestas políticas más amplias y democráticas.

Pero hay otro punto adicional que parte de otro hecho deportivo y que también merece un análisis. Tras la salida de Sánchez ocurrida el 26 de mayo, los malos augurios sobre el equipo se extendieron. Incluso algunos preveían un apocalipsis para el reinante campeón de fútbol nacional, todo esto a las puertas de un partido clave, ante Central Córdoba de Argentina, en el que solo una victoria podía otorgarle el pasaporte a la instancia de octavos de final en el mayor torneo continental de clubes. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario durante el encuentro jugado la noche del 28 de mayo de 2025 en Quito. La LDU-Q empezó el partido en el tercer lugar del grupo y terminó primero[2]. La Liga de Quito demostró que nadie muere la víspera.

En el Ecuador político de 2025 esto podría llevarnos a reflexiones como esta: hay organizaciones que parecen haber perdido la brújula, el sentido y quizá cada vez menos ciudadanos-hinchas estén dispuestos a jugarse por ellos, pero mientras sigan participando siempre hay la posibilidad de que puedan resurgir. Por supuesto, esta no es una regla sino tan solo un paralelismo forjado al calor de la adrenalina deportiva. Pero veamos: en las izquierdas somos testigos de un cuasi-centenario Partido Socialista (PSE) sin rumbo, un Movimiento Pachakutik desgranado por las disidencias hacia el noboísmo además de sitiado por sus supuestos seguidores que al final terminan votando por el neoliberalismo, y una Revolución Ciudadana (RC) fragmentada y sin estrategia clara de frente a los próximos meses y años, quizá demasiado supeditada a la sombra de su líder, Rafael Correa. ¿Estamos presenciando el fin de estas vertientes de las izquierdas y del llamado ‘progresismo’?

Si algo nos enseña lo ocurrido con la Liga de Quito entre el 26 y el 28 de mayo de 2025, es que todo puede cambiar de forma imprevista, pero también que dependerá de cómo asume los retos. Liga enfrentó el partido con humildad y con decisión. En lo político, ¿cómo se enfrentarán a su presente y futuro las izquierdas? Ojalá lo hagan con capacidad autocrítica, con decisión de construir, de renunciar al individualismo, de conectarse con las nuevas realidades y de proponer sin claudicar ni traspasar sus líneas rojas.

Por supuesto, capaz que en el plano deportivo la Liga de Quito tenga traspiés… o tal vez llegue más lejos de lo que el pasado 26 de mayo se creía. Pero en el plano político, es momento de que las izquierdas dejen de verse y pensarse como enterradas. Es momento de construir… vamos, que las revoluciones no se hacen solas. Además, es urgente que en el espacio político confluyan más ciudadanos y menos hinchas.


[1] Este fue el canto de la hinchada reunida en los graderíos del Estadio Olímpico Atahualpa el 24 de Mayo de 2025, cuando la LDU-Q perdió 3 a 1 ante Universidad Católica de Quito. Sin embargo, esta consigna de alta carga política se usó con fuerza en las calles del Buenos Aires de 2001 por la gente angustiada por el ‘corralito’, la versión gaucha del feriado bancario del Ecuador de 1999.

[2] El equipo albo mostró un dominio absoluto. Cada jugador pareció conectarse con sus compañeros y tejer una red aguerrida en la cancha; además, se marcaron tres lindos goles. Por un momento, con la distancia del caso, creí ver en ellos la luz que emanaba del equipo cuando en 2008 se alzó con el campeonato de la Copa Libertadores. Tal vez es lo que quería ver. Para colmo, la hinchada que pocos días atrás exhibió sus manos con el pulgar hacia abajo, acudió de forma masiva.

Imagen de portada con Licencia Unsplash

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