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viernes, marzo 6, 2026

LA AGRICULTURA COMO MOTOR DE LA ECONOMÍA: ¿quiénes se beneficiarán? – Gerard Coffey

20 de octubre 2025

Ecuador se encuentra en una encrucijada. El petróleo, sustento de las arcas fiscales durante décadas, está llegando a su fin, el país no tiene para pagar las deudas y padece un serio déficit presupuestario, y tampoco cuenta con alternativas claras, rentables, y, sobre todo, sostenibles a largo plazo. Mientras ninguna alternativa puede llenar el vacío que dejará el declive de los ingresos petroleros, y unas, como la minería, son altamente contaminantes y poco rentables, existen otras social y ambientalmente más benignas. Una de ellas es la agricultura, que en este momento representa un 9,48 % del Producto Interno Bruto (PIB)[1]. Sin embargo, a pesar de las posibilidades de expansión, no es una barrita mágica; hay obstáculos que se tienen que enfrentar, como la fuerte competencia de Colombia y Perú, y la tendencia de las empresas exportadoras hacia la falta de transparencia. Otra consideración, tal vez la más importante, es cómo asegurar que los pequeños productores, el sustento del mercado interno, sean tratados de manera justa y digna, y que no sean atropellados por los intereses de las grandes empresas exportadoras. En este sentido, es clave que estos productores sean respaldados económicamente y sean sujetos de políticas que fortalecen antes que socaven su situación, pero para que esto pase, se necesita un gobierno ameno, y en este momento no lo tenemos.

Una situación económica grave.

Como ha sido ampliamente comentado y documentado, el país está con graves problemas económicos. Tiene un déficit presupuestario serio y prolongado, y no tiene cómo financiarlo debido a la acumulación de deudas que absorben 22% del presupuesto nacional. Mientras tanto, el Fondo Monetario Internacional, FMI, con sus recetas de austeridad, insiste en reducir el déficit a través de medidas como la subida del costo del diésel y, de ahí, reducir el infame riesgo país. ¿El objetivo? Volver al mercado internacional de bonos soberanos para pedir más préstamos a una tasa de interés reducida comparada con la actualidad, pero que tampoco será fácil de sostener en un futuro sin petróleo. Por mala fortuna, la situación no se resolverá así, es un espejismo. Seguir pagando, para seguir pidiendo préstamos, y para seguir pagando, no conviene a nadie, nadie sino los dueños de los bonos soberanos, que, se sospecha, son ecuatorianos pudientes y poderosos.

Más allá de resolver la situación inmediata, la cuestión trascendental es de qué vivirá Ecuador a mediano-largo plazo, o, de ser más preciso, de qué va a vivir la gran parte de la población que no tiene para invertir en bonos soberanos, ni, en muchos casos, para sobrevivir. La minería es la apuesta principal del gobierno, pero como también es ampliamente reconocido, no solo existe una férrea oposición a estos proyectos social y ambientalmente insostenibles, sino duda respecto a su rentabilidad, dado que los daños que provocan son mayores que los beneficios económicos que supuestamente ofrecen.

Por otro lado, para el gobierno actual, el largo plazo y los costes a futuro de la minería parecen importar poco, en parte porque el grupo Noboa es socio de las empresas mineras que ya operan en el país.[2] Para el presidente, resulta más conveniente dejar que algún mandatario a futuro, y la población, asuma los costos.

Ecuador necesita una respuesta sostenible y sostenible en el tiempo

En la práctica, se necesitan varias respuestas, porque ninguna por sí sola va a reemplazar los ahora menguantes ingresos que trae el petróleo. ¿Y qué son, esas respuestas? Hay dos principales: el turismo y la agricultura. A pesar de sus problemas – y son varios – el turismo es comparativamente inocuo, pero como en todo, hay obstáculos: el narcotráfico y la violencia extrema que azota el país. A menos que se lo resuelva, las posibilidades de explotar el turismo parecen limitadas, sin ser nulas. Tanto México como Colombia, dos países que también padecen el malestar del narcotráfico y su asociada violencia, han logrado mejorar sus ingresos por turismo en los últimos años.[3]

Si Ecuador puede repetir le experiencia de esos dos países es un desconocido, pero sin duda vale intentar, porque en la actualidad los ingresos del turismo son bajos, y hay, por tanto, altas posibilidades de mejorarlos: según el Banco Mundial el turismo representa solo el 2.9 por ciento del PIB y el 4.8 por ciento del empleo, cifras que constan entre las tasas más bajas de la región[4].  Y si el dólar estadounidense pierde fuerza, lo cual parece inevitable, el Ecuador podría volverse un destino más atractivo. No obstante, desarrollar la industria del turismo es un proceso a mediano-largo plazo y requiere fuerte inversión, y en el contexto actual lo que busca el gobierno son ingresos a corto plazo sin mayor costo inicial. La falta de confianza en el turismo se refleja en la decisión de cerrar el Ministerio de Turismo: i.e. fusionarlo con el Ministerio de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca. El turismo no es una prioridad.

La segunda opción es la agricultura, movida lógica para un país donde un treinta por ciento de la población aún trabaja en el campo, donde el setenta por ciento del empleo está ligado al agro, y donde la agricultura – incluyendo banana, camarón, cocoa, flores, y más recientemente productos procesados – representó en 2024 aproximadamente un 9.5% del producto interno bruto (PIB) y 40% de las exportaciones.[5]

A primera vista, la agricultura también parece una opción benigna, además de tener espacio para crecer y atraer divisas a través de la exportación de productos niche como aguacates, brócoli, cacao, café, etc.  La pregunta doble es si estos productos pueden llenar el espacio que dejarán los menguantes ingresos del petróleo, y si resulta posible, qué consecuencias tendrá en la producción para el mercado interno y en los pequeños productores.

Más producción más exportaciones

Salvo la industria arrocera, que generalmente vende su superávit en el exterior, en particular a Colombia, los otros productos principales del agro ecuatoriano, el maíz y la papa, no están orientados hacia la exportación. Satisfacer las necesidades del mercado interno es su tarea principal, y a pesar de tener espacio para mejoras técnicas, estos productos muestran pocas posibilidades de llenar el vacío económico del país.[6]

En cuanto a las exportaciones, hay posibilidades de mejorar técnicas, incrementar producción y abrir nuevos mercados, pero mejorar implica una fuerte inversión de conocimiento, tecnología y dinero, y en este sentido Ecuador está rezagado. Productos peruanos como la cebolla y aguacate ya tienen fuerte presencia en el Ecuador. Ese país ha invertido sustancialmente en tecnología y ha diversificado su producción para incluir y, en algunos casos, enfatizar productos niche como los arándanos azules (Blueberries) que se han convertido en el producto de exportación estrella[7] [8].  Y ya viene el Proyecto Especial Chavimochic, cuya fase 2 implica la conversión de unas 63.000 hectáreas en sectores áridos al norte del país – al norte de la ciudad de Trujillo – en tierras dedicadas a la producción para exportación. Al mismo tiempo se pretende mejorar el sistema de irrigación de unas 48.000 hectáreas que ya forman parte de la fase 1. Un total nada despreciable de 110.000 hectáreas.

No queda claro, sin embargo, qué impacto tendrá un proyecto de irrigación de este tamaño en la población de un área casi desértica. Vale destacar que en Ecuador, el sobreuso y la degradación del agua en proyectos de producción agrícola intensiva – por ejemplo en la cultivación de banano – es un problema grave que hasta ahora recibe muy poca atención. Y en un escenario de expansión de proyectos de exportación, la situación solo se empeorará. Y si no hay mejoras en las técnicas de irrigación, se profundizará el conflicto con la Ley de Recursos Hídricos, que prioriza el consumo humano y la soberanía alimentaria.

¿Tiene Ecuador la capacidad para competir o repetir la de Perú y otros países que también ven en la agricultura una oportunidad económica? La respuesta es, en ciertas áreas, quizás. La producción de aguacates, por ejemplo, tiene espacio para crecer. Comparando la producción ecuatoriana con la de Perú y Colombia, se pone en evidencia la enorme brecha que existe. Colombia produce cuarenta veces más aguacates que Ecuador, mientras la producción de Perú es treinta y tres veces mayor. La producción de cacao también tiene posibilidades. Ecuador está a punto de superar a Ghana y ser el segundo productor más grande del mundo – Costa de Marfil es el primero.[9] Pero, como en otras áreas productivas, habrá mayor competencia en el futuro. Por su parte, Brasil está planificando una importante expansión de capacidad productiva con un proyecto industrial de producción[10].

El café, por otro lado, es otra historia. Según pronósticos, disminuirá en los próximos cinco años, y para 2028 se prevé una caída de aproximadamente 391.000 sacos de 60 kg, frente a unos 496.000 sacos en 2023. Esta caída forma parte de una tendencia a largo plazo que ha estado ocurriendo desde 1995, con una reducción anual del 3,8%. Es probable que esta disminución se deba a que se hayan convertido un número sustancial de hectáreas a la producción a Cacao, que en este momento es más rentable.

Con todo, está claro que la exportación de productos agrícolas podría ser una fuente importante de divisas, aun cuando, como se ha mencionado arriba, por sí sola no llenará la brecha que deja el petróleo. Pero si bien dinero puede haber, la preocupación es ¿cuánto de ese dinero se procesará a través de paraísos fiscales, o ‘transfer pricing’[11] como en el caso de las empresas mineras? Y sí existen inquietudes serias[12] respecto de la transparencia financiera de las empresas exportadoras; la disputa entre el SRI y la bananera, Exportador Noboa, que recién fue reducida de unos 95 millones a cero,[13] tenía que ver, en parte, con esta clase de maniobra.

La segunda preocupación, una que requiere mucha atención en el contexto de la fuerte protesta por la subida del costo del diésel, es, si se expande la producción para exportación, ¿qué pasará con los pequeños agricultores cuya producción satisface el 70% del mercado interno del que dependen las poblaciones urbanas?

Los pequeños productores

Los pequeños productores campesinos e indígenas se encuentran también en una encrucijada económica. El crecimiento de las grandes empresas exportadoras y el énfasis de los últimos gobiernos en la exportación de productos agrícolas como una forma de atraer divisas, implica un abandono, o si prefieres, un sacrificio de los pequeños agricultores en el altar del dólar todo poderoso.  Esto se ve claramente en la actitud de los últimos gobiernos hacia las comunidades indígenas rurales, cuyos costos de producción serían gravemente afectados por la subida drástica del precio del diésel.

Y no hay que descartar la posibilidad de que este abandono tenga su aspecto político, es decir, que sirve para debilitar a esas comunidades, y de ahí el poder del mismo movimiento indígena y la Conaie: la única fuerza capaz de enfrentar las políticas neoliberales y . La ironía es que mantener precios bajos en las ciudades es una política de siempre de los gobiernos en todas partes y de toda tendencia política, y el alza del precio del diésel implica mayores costos en toda la cadena de producción y comercialización: un problema aún más grave cuando existen, como ahora, niveles críticos de subempleo.

Las consecuencias de la política son niveles de pobreza en áreas rurales más altos que en áreas urbanas, en conjunto con desnutrición y malnutrición, y de ahí, migración hacia las ciudades. Para sobrevivir, algunos productores han optado por la agroecología, lo que a largo plazo sería la opción más sostenible, pero son pocos, y el tiempo necesario para la conversión del terreno y el dinero necesario para sostenerse, representan un desafío que pocos están dispuestos a enfrentar. Otros se han aliado con las empresas, convirtiendo sus pequeñas parcelas en alimentadores de las corporaciones agrícolas, como viene sucediendo durante muchos años en la producción de flores[14]. Pero estar a la merced de las políticas económicas de las empresas no ofrece ninguna garantía, ni de precio ni de capacidad de mantener el control sobre sus tierras. Y el control es fundamental cuando existen grupos económicos dispuestos a acaparar tierras.

El acaparamiento no es nada nuevo. En el Ecuador la práctica existe desde hace tiempos – la península de Santa Elena es tal vez el ejemplo mejor conocido[15] – pero se ha agravado en las últimas décadas. Según Milton Yulán, de la Unión de Pequeños Productores Tierra y Vida, en la costa las empresas camaroneras se están haciéndose de tierras – ahora en zonas altas – con la ayuda de bandas criminales. No es, sin embargo, la única forma. El caso Purga, una de las instancias más destacadas de robo de tierras, implicaba un robo sistemático por medio de la expropiación ilegal y amenazas contra los reclamos y la resistencia de los dueños legítimos[16].

La tendencia, según Esteban Daza del Observatorio de Cambio Rural, es “convertir a este tipo de agricultura y a su población en territorios sacrificables y sin derechos. Las agriculturas familiares no solo deben enfrentarse a la expansión de la lógica del agronegocio sino también a las distintas variantes extractivas, como la minería a gran escala.”[17]

Una vida digna 

Aparte de frenar el acaparamiento y robo de tierras, que se supone es posible aun en un país plagado de inseguridad, es fundamental asegurar tanto la productividad para el mercado interno como una vida digna de los pequeños productores campesinos e indígenas. Y es alcanzable.

La barrera principal, como en otras áreas, es que para hacerlo realidad se necesita un gobierno interesado y dispuesto a establecer y sostener los mecanismos. Está claro que se puede mejorar la productividad, con créditos y asesoramiento técnico, pero para los pequeños agricultores campesinos e indígenas mejoras en la productividad no bastan, y es obvio que necesitan también una participación más justa en el valor que generan.

Una opción son compras públicas a precios justos. El Programa de Adquisición de Alimentos (PAA) de Brasil es un modelo ya probado que se podría replicar: los pequeños agricultores venden una parte de su cosecha a agencias públicas a precios justos, y luego los productos se distribuyen a través de programas sociales. Una versión adaptada a las condiciones del Ecuador podría involucrar asociaciones de mujeres y cooperativas indígenas en provincias de la sierra como Chimborazo, Cotopaxi e Imbabura. Otras opciones incluyen alimentos para escuelas, hospitales, y programas sociales. Estos representan una fuente importante de demanda estable y la posibilidad de precios justos, sobre todo si estas instituciones compran directamente a pequeños productores a precios garantizados.

La promoción de cooperativas, en conjunto con subsidios que reduzcan costos antes que subirlos como es el caso del diésel. El procesamiento local también ayudaría a fortalecer un sistema agrícola que sirve tanto las necesidades del mercado interno como las comunidades rurales y el aspecto cultural que es tan importante en un contexto de racismo y desprecio hacia la gente marginada.

Conclusión

Con todo, una mayor exportación de productos agrícolas sí puede ser una fuente importante de las divisas que Ecuador, un país dolarizado, necesita para sostener su economía.  Pero existen recelos serios. El primero es la capacidad de competir con países como Colombia y Perú, que han avanzado más en el mismo camino; el segundo es la transparencia de las empresas exportadoras y la voluntad de repatriar sus ganancias e invertirlos en el país; y el tercero, y más grave, es la capacidad de los pequeños productores campesinos e indígenas de sobrevivir frente a una ola de ‘acumulación por desposesión’ cuya última expresión es la arremetida actual contra los Pueblos Indígenas. Y mientras existen varias opciones para garantizar una vida digna para las comunidades rurales, sobre todo si se promueve la formación de cooperativas, mucho depende de la voluntad del gobierno, y en las circunstancias actuales, esa voluntad no se manifiesta. Todo lo contrario. El futuro de los pequeños productores, por tanto, no está nada claro.

[1] https://www.theglobaleconomy.com/Ecuador/share_of_agriculture
[2] https://lalineadefuego.info/las-grandes-mineras-la-destruccion-de-la-naturaleza-y-la-ceguera-del-fmi/
[3] En 2024 la industria de turismo en Colombia alcanzó ingresos históricos de US$10 mil millones. En diciembre de 2024 ingresos por Turismo en México alcanzaron un record de US$3.7 mil millones, y US$40 mil millones anuales. https://www.ceicdata.com/en/indicator/mexico/tourism-revenue
[4] https://blogs.worldbank.org/en/latinamerica/la-agricultura-mineria-turismo-impulsores-crecimiento-sostenible-Ecuador-CEM-informe-crecimiento-resiliente-para-un-mejor-futuro
[5]https://documents1.worldbank.org/curated/en/099040424125085092/pdf/P5044001ceffd30b191b71c468ee72331c.pdf?utm_source=chatgpt.com
[6]https://apps.fas.usda.gov/newgainapi/api/Report/DownloadReportByFileName?fileName=Grain%20and%20Feed%20Annual_Quito_Ecuador_EC2025-0004.pdf
[7] En 2024 exportó 326,000 toneladas, un incremento de 57% sobre el año anterior www.freshfruitportal.com
[8] El valor total de las exportaciones peruanas fue de unos US$2.27 mil millones https://www.bluebookservices.com/peru-retains-top-blueberry-exporter-status-with-record-2024-25-season/ , exportaciones que incluyen avocados, cuya producción está subiendo a una tasa anual de un 8% United States Department of Agricuture (USDA) via https://www.weles-group.com/blog-jungle/params/post/4260678/agriculture-in-peru-prospects-and-challenges.
[9] Ecuador producirá en este año unas 650.000 toneladas métricas. https://naturalresourcesnews.com/2025/09/23/ecuador-set-to-surpass-ghana-as-worlds-no-2-cocoa-producer/
[10] El proyecto de 10,000 hectáreas incorpora prácticas agrícolas de vanguardia—plantación densa, riego completo y técnicas avanzadas de fertilización—para lograr rendimientos diez veces superiores al promedio nacional.
[11] El término se refiere a los precios falsos que se asignan a bienes, servicios o activos intangibles cuando se transfieren entre empresas relacionadas de un mismo grupo empresarial, y que afectan la cantidad de impuestos pagados en distintas jurisdicciones tributarias. La práctica está cercanamente ligada al uso de paraísos fiscales.
[12] https://www.wider.unu.edu/sites/default/files/Publications/Working-paper/PDF/wp2021-187-tax-price-elasticity-offshore-tax-avoidance-evidence-Ecuadorian-transaction-data.pdf
[13] Para reducir la deuda se utilizó una cláusula de la recién aprobada Ley Orgánica de Integridad Pública. La provisión que permitió esta maniobra fue declarada inconstitucional por La Corte Constitucional, pero hasta ahora no se ha publicado en el Registro Oficial.
[14] Ver: https://lalineadefuego.info/en-el-nombre-de-la-rosa-la-industria-floricola-y-sus-espinas-por-por-gerard-coffey/
[15] A nivel latinoamericano, los Menonitas son quizás el ejemplo mejor conocido de esta práctica, sobre todo en tierras indígenas. https://lalineadefuego.info/menonitas-en-america-latina-la-tactica-del-amable-depredador/
[16] “El ex asambleísta Pablo Muentes y los exjueces Fabiola Gallardo – que fue presidenta de la Corte Provincial del Guayas– y Johann Marfetán fueron sentenciados a 13 años y cuatro meses de prisión por el delito de delincuencia organizada” https://www.infobae.com/america/america-latina/2025/03/04/caso-purga-en-ecuador-exdiputado-y-exjueces-sentenciados-a-13-anos-de-prision/
[17] https://ocaru.org.ec/entrevista-a-esteban-daza-los-sectores-campesinos-viven-una-suerte-de-catastrofe-agroalimentaria/

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