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jueves, marzo 5, 2026

LA APLANADORA NOBOISTA: Marketing y Poder Absoluto – Galo Betancourt

Galo Betancourt

19 mayo 2025

El gobierno de Daniel Noboa consolidó su hegemonía institucional con un jaque mate en una partida cuidadosamente preparada en la Asamblea Nacional. Con ello se aseguró el dominio absoluto de la política ecuatoriana. Aunque en el papel persiste la separación de funciones, en la práctica todos los hilos del poder convergen en el Ejecutivo, que dicta la agenda legislativa, extiende su influencia sobre los organismos de control, el sistema judicial y una parte significativa de los medios de comunicación.

La concentración de poderes no es ajena a la historia del Ecuador, pero lo que distingue al momento actual, es una de las operaciones de marketing político más contundentes de las últimas décadas, sostenida por maniobras tan efectivas como cuestionables.

Paradójicamente, la comunicación institucional del gobierno es débil y superficial. No hay claridad sobre el plan de gobierno, no se explican sus objetivos estratégicos ni los caminos previstos para alcanzarlos. La ciudadanía desconoce tanto el fondo como la forma de lo que se está haciendo. Se privilegia la construcción de la imagen de Daniel Noboa por encima de su gestión y el diálogo público ha sido reemplazado por una narrativa a la medida de las apariencias.

Esto no es algo accidental. Christian Salmon advierte en Storytelling: la máquina de fabricar historias y formatear las mentes (2007), que la política actual ya no se basa en argumentos ni en programas, sino en relatos diseñados para emocionar y controlar. De ahí que la administración de Noboa no comunica esencialmente, fabrica percepciones, y lo hace mediante un modelo de marketing que se enfoca en generar sensaciones favorables y adhesiones superficiales.

La narrativa política noboista, seguramente construida desde un búnker comunicacional, ha sido capaz de crear realidades paralelas que se imponen por encima de los códigos éticos, las normas y la Constitución. Aquí opera lo que George Lakoff denomina “framing”: la capacidad de enmarcar hechos dentro de un relato emocionalmente eficaz, incluso si es contrario a la verdad.

En esta realidad fabricada, el transfuguismo político se convierte en virtud, la traición se disfraza de pragmatismo y la falsedad se celebra como astucia. Mónica Salazar, electa con los votos de la Revolución Ciudadana, hoy actúa desde las filas del oficialismo y es exaltada por medios que antes la cuestionaban. Samuel Célleri, aún con carné del PSC, responde sin disimulo a las directrices del Ejecutivo. Carmen Tiupul, legisladora de Pachakutik, fue nombrada segunda vicepresidenta sin el aval de su propio movimiento. Se gobierna con figuras prestadas, se maquillan representaciones falsas y se aplaude como legítimo lo que -en el fondo- no es más que una grave distorsión de la voluntad popular.

El nuevo presidente de la Asamblea, Niels Olsen, afirmó con total desparpajo: “Hoy no ganó solo un partido, ganó una nueva forma de hacer política”, y prometió un mandato basado en la transparencia, sin tranzar bajo la mesa. Lo que omitió fue que su elección precisamente se dio gracias a acuerdos ocultos y componendas previas y que -además- en su primera sesión negó el derecho a la palabra a la oposición. Tampoco mencionó que Annabella Azin, madre del Presidente, presionó al asambleísta Célleri para asegurar su voto, evidencias claras de que, bajo el barniz de lo nuevo, sobrevive intacto lo peor del viejo Ecuador: la manipulación y las prácticas politiqueras de siempre.

En este “Nuevo Ecuador”, donde la oposición aún permanece en estado de shock, ADN controla el tablero y dictará las reglas del juego a su conveniencia. Pero cuidado, caminan sobre un terreno frágil, construido con falsedades y sostenido por percepciones. Muy lejos, sobre todo, de aquella conciencia que —según la cultura popular— cultivaban los antiguos romanos, cuyos generales en la cima de su gloria eran acompañados por un esclavo que les susurraba al oído: “cave ne cadas” (cuidado, puedes caer) y “memento mori” (recuerda que eres mortal). Ellos sabían que el poder siempre es efímero.

 

 

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