Por Natalia Sierra
No voy a hablar por el progresismo, ellos y ellas tendrán que evaluar su situación política actual, escribí lo que pensaba de ese proyecto cuando fueron gobierno. Voy a hablar desde dos espacios de enunciación: desde mi camino en la izquierda y desde la sociología política crítica.
Ha circulado por las redes sociales un video donde se observa a una señora de mediana edad festejando el triunfo de Noboa, agarrada el cartón que el candidato-presidente repartió en campaña de su imagen, literalmente, revolcándose en el agua estancada en una calle de un barrio empobrecido de la costa ecuatoriana, afectado hoy por las inundaciones. Esta imagen es el síntoma que muestra lo que estamos viviendo en muchos países del occidente colectivo. Ha pasado en Brasil en la época de Bolsonaro, pasa en la Argentina de Milei y pasa en los Estados Unidos de Trump. El sociólogo brasileño Jossé Souza en su libro “el pobre de derecha, la venganza de los bastardos” explica la ausencia de conciencia social o en estricto sentido de conciencia de clases de grandes sectores de la sociedad latinoamericana. Se trata de una estrategia sistemática de manipulación ideológica vía medios de comunicación y redes sociales digitales, que desorienta a la población y le impide ver sus propios intereses de clase. Esta es la tesis central del marxismo en sus distintas épocas, conocida como alienación, fue trabajada a detalle por la primera Escuela de Frankfurt en el desarrollo de su teoría sobre la industria cultural. No es algo nuevo, en torno a esta tesis, durante el siglo XX, se desarrollaron varias estrategias contra esta manipulación, que se desplegaron en los sindicatos, las escuelas de formación política, los partidos de izquierda, las organizaciones campesinas, etc. El pensamiento de Paulo Freile fue un puntal de esta resistencia y lucha ideológica en el subcontinente, al igual que la Teología de la Liberación.
Cómo contribuyó a esta desorientación el neoliberalismo y el propio progresismo es algo que se ha explicado en su tiempo y que es justamente lo que tienen que revisar el progresismo que se planteó como alternativo al neoliberalismo. Yo misma en su momento expuse la responsabilidad del progresismo en esta desorientación ideológica. Sin embargo, en este momento creo que la izquierda, en la cual he caminado, debe asumir su parte de responsabilidad en esta frágil o ausente conciencia de clases que deja la puerta abierta a la manipulación ideológica de la extrema derecha.
La caída del Muro de Berlín, entre otras muchas cosas, significó una derrota ideológica para la izquierda mundial que fue ratificada con la política de combate al terrorismo pos atentado del 11 de septiembre. Y no fue una derrota porque haya caído el muro físico, sino porque cayó el marco ideológico de la izquierda marxista, en todas sus formas, y no hubo una rearticulación ideológica de la izquierda de frente a los desafíos que el capitalismo nos ponía de cara al siglo XXI, en el paso del neoliberalismo a lo que denomino necroliberalismo. Ya en la época del neoliberalismo nos topamos con un conjunto de transformaciones en la relación trabajo-capital que se sumaban a nuestros capitalismos periféricos, las mismas que demandaban una lectura historizada y contextualizada del marxismo para enfrentar las contradicciones.
La globalización neoliberal amplió la población desempleada que implicó la destrucción de los sindicatos, por otro lado, trajo la destrucción de los mundos campesinos que supuso la ruina de las comunidades, así, la organización social y política fue perdiendo fuerza y con ella se perdió el espacio propio de la formación política previo al neoliberalismo. Ante el crecimiento de la población subempleada, desempleada, expulsada del campo que no podía contenerse ni en la organización sindical, ni en la organización comunitaria, creo que no hubo una alternativa organizativa real donde se garantice la formación de la conciencia de clases. Entre los años 1970 y 2000 sí se articuló la lucha política de las mujeres y de las otredades culturales, la mayoría de ellas sin un claro vínculo con la lucha de clases. Hasta hoy no se ha logrado una real articulación entre la lucha antipatriarcal, la lucha anticolonial y la lucha anticapitalista, esta fragmentación debilita los procesos de construcción de conciencia social o de clase. De hecho, al parecer en los segmentos de las élites culturales de Estados Unidos, las organizaciones feministas y las organizaciones de las otredades culturales se han sobrepuesto a la lucha de clases, como antes la lucha de clases se sobrepuso a las luchas de género y a las luchas culturales.
No creo que haya una jerarquía en las luchas, sí creo que debe articularse y complementarse. Sin embargo, los y las militantes de las luchas culturales y de género que reivindican principios y valores de reconocimiento de su diferencia, más allá de la relación trabajo-capital, se encuentra a lo largo de la pirámide de la dominación cultural, en las tres clases sociales. Es decir, hay feministas en las clases bajas, medias y altas -yo diría más en las medias y altas- en el caso de las otredades culturales hoy se encuentra en las clases bajas medias y altas. Hay, por ejemplo, indígenas banqueros, feministas empresarias, pero no hay trabajadores capitalistas en estricto sentido, aunque el neoliberalismo haya convertido al trabajo en capital humano. El momento en que alguien es capitalista deja de ser trabajador, son identidades excluyentes. En términos de dominación cultural las luchas feministas y culturales se convirtieron en dominantes frente a la lucha de clases, en contextos de lumpenización ampliada de los sectores de trabajadores expulsados del trabajo.
Lo que Marx denominó lumpemproletariado se convirtió con el neoliberalismo en una población muy ensanchada con acceso restringido o nulo a las instituciones de la Modernidad donde se modela el comportamiento moderno-ilustrado, una gran cantidad no llega ni a los niveles básicos de educación formal menos aún a niveles altos. Desde Bourdieu se puede decir que los fragmentos más marginales de las clases bajas de América latina se ampliaron exponencialmente en el neoliberalismo, lo que supone un emiseramiento cultural que afirmó el machismo, el fanatismo, las pulsiones, la irracionalidad y la violencia en las personas. Son estos segmentos grandes de la población, excluidos y humillados por las clases medias y altas, los que han sido manipulados ideológicamente por la extrema derecha. Una manipulación basada en mover el resentimiento y la venganza contra los derechos económicos, sociales y culturales que han dignificado a segmentos de la población de trabajadores formales, signándoles no como derechos sino como privilegios. Es con estos sectores que la izquierda, que de suyo tiene alto capital cultural, por lo que se encuentra en las clases altas de la pirámide de la dominación cultural, ha perdido contacto. No se diga, los movimientos feministas y de las diversidades culturales que ven en estas poblaciones lo peor del machismo, el racismo y el cristianismo, sea en su versión católica o protestante-evangélica.
A esta realidad hay que añadir el proceso de lumpenización cultural de grandes fracciones de las clases bajas, medias y altas, estas últimas ligadas a la lumpen-burguesía que dirige el capital criminal en ascenso. Esta lumpenización cultural no tiene relación con la lumpenización económica que restringe el acceso a las instituciones modernas, ante todo las de educación y cultura, sino con la tecnología de las redes sociales digitales y el llamado mundo de la posverdad. La izquierda tampoco ha tomado contacto con las clases medias lumpenizadas culturalmente, no hemos dado una respuesta a la manipulación ideológica de las tecnologías de las redes digitales ni de los medios hegemónicos de comunicación. Son estos sectores lumpenizados económica, social y culturalmente la base social del capital criminal que avanza en este siglo y son estos sectores a los que la izquierda ha olvidado. La pregunta es: ¿cómo se rompe la alianza entre la lumpen burguesía y el lumpemproletariado?, que no es una alianza económica sino una alianza cultural, en estricto sentido la alianza en el emiseramiento cultural de los principios y valores de la Modernidad, hoy decadente. ¿Cómo se trabaja la conciencia de clases de sectores que no tienen una posición definida en la lucha de clases o la tienen dentro del capital criminal? ¿Cómo se construye la conciencia feminista en las chicas del narco? con toda la producción cultural que vende el sueño del dinero fácil ¿cómo se construye la conciencia anticolonial de las diferencias culturales que son parte de las redes de las multinacionales capitalistas legales e ilegales? ¿cómo se construye dignidad en un mundo donde los derechos humanos básicos han sido convertidos en privilegios? ¿cómo se construye una promesa de futuro en mundo de muerte?
Finalmente, quiero agradecer a todos los compañeros y compañeras que han decidido trabajar en esos sectores exponiendo su vida.



Solo una precisión: nunca ha gobernado el neoliberalismo en Ecuador y mucho menos el “necroliberalismo” un invento suyo. En cuanto a la “consciencia de clase” es un invento marxista que lo único que significa es adoctrinamiento.