La generación de los aƱos sesenta, mi generación, creció con la idea de que la revolución transformadora de la chata realidad en que vivĆamos, estaba a la vuelta de la esquina. Los rebeldes barbudos que bajaron de Sierra Maestra eran la encarnación del cambio, la representación de la rebeldĆa de los pueblos irredentos de nuestro continente. Antes de su sacrificio luminoso el Che Guevara habĆa dicho un discurso en Naciones Unidas que representaba las aspiraciones de nuestros esquilmados pueblos y su muerte se convirtió en el norte que la juventud latinoamericana debĆa seguir. Todo esto en la dĆ©cada de los aƱos sesenta mientras nos enloquecĆa la mĆŗsica de los Beatles y nos maravillĆ”bamos con la filosofĆa de los hippies y veĆamos a Neil Armstrong pisar la luna. Todo se movĆa a una velocidad vertiginosa y nadie que tenĆa conciencia polĆtica dudaba de que en poco tiempo estarĆamos festejando el triunfo de los humildes.
Cincuenta aƱos mĆ”s tarde las cosas siguen igual. Nadie ha vuelto a tener la fuerza histórica que tuvo Fidel Castro y sus comandantes para enfrentar al imperio norteamericano. Las fuerzas del orden han prevalecido y la utopĆa del cambio radical de las condiciones de vida de nuestros pueblos, sigue siendo una UTOPĆA, algo asĆ como un lugar que no existe, que nos sirve, como decĆa Galeano, para tomar fuerzas y seguir caminando.
La utopĆa desarmadaĀ
Con el ejemplo cubano, mi generación creyó en la lucha armada como método de la revolución transformadora. En un primer momento, inclusive, llegamos a creer que todo era cuestión de irnos al monte y bajar victoriosos, pero pronto comprendimos que una revolución es un hecho extremadamente complejo en el que entran en juego fuerzas poderosas. Nadie en América Latina pudo replicar el ejemplo cubano. En esta primera ola se fracasó en Argentina, Colombia, México, Venezuela, Centro América. Se fracasó también en Bolivia con el Che a la cabeza. Al finalizar los sesenta la lucha armada ya no era una opción.
El triunfo de la Unidad Popular en Chile replantea la discusión de las vĆas para la revolución. Allende encabeza un proceso democrĆ”tico que lleva a la izquierda socialista al triunfo electoral. Chile se convertirĆ” en un sangriento laboratorio polĆtico en el que el poder mundial experimenta todas las fórmulas de la contra revolución capitalista. Veinte aƱos mĆ”s tarde del triunfo de los rebeldes cubanos, la insurrección sandinista en Nicaragua triunfa por la vĆa de las armas, pero para entonces el poder yanqui ha acumulado una enorme experiencia y termina ahogando ese proceso. Al iniciarse los ochenta, la utopĆa armada de los pueblos latinoamericanos, se encuentra desarmada, como sostuvo un renegado mexicano del que ahora nadie se acuerda.
El derrumbe de la ex Unión SoviĆ©tica parecĆa enterrar, de forma definitiva, a la izquierda mundial, incluida la latinoamericana. Se quedó prĆ”cticamente sin voz, replegada en la conciencia de no haber estado a la altura de los retos históricos de transformación que exigĆa la sociedad humana. Pocas voces aceptaron el reto de buscar nuevos caminos y revitalizar el pensamiento de izquierda. El mundo unipolar parecĆa ser la tumba de todas las utopĆas zurdas.
El progresismo latinoamericanoĀ
La historia es la memoria de los pueblos. Gracias a ella no marchamos sobre el mismo terreno porque su conocimiento nos permite aprender de los errores. A finales del siglo XX la izquierda mundial, en general, y Latinoamericana en particular, tenĆan el ejemplo del socialismo real para aprender y superar los errores. Para los latinoamericanos estaba claro que la opción de la lucha armada para la toma del poder ya no era posible. El Foro de Sao Paulo se crea en 1990 como una iniciativa del Partido de los Trabajadores de Lula da Silva. La socialdemocracia se junta con los partidos de concepción mĆ”s radical y revolucionarios, no para ādesestabilizar la democraciaā como dicen los uribistas, sino para buscar alternativas a la grave situación social y económica creada por el neoliberalismo mundial. El Foro no es una mezcla, sino una unión de posiciones moderadas, mĆ”s radicales y revolucionarias. En sĆ mismo, una estrategia a largo plazo para superar el capitalismo.
La reacción mundial tiene muy claro cuÔl es el objetivo estratégico final del Foro, por eso han desatado una guerra sin cuartel contra toda manifestación progresista que asome las orejas en el continente. Lo hicieron contra Bachelet en Chile, los Kirchner en Argentina, Zelaya, Evo, Mujica, Correa, Lula. Saben que detrÔs del progresismo estÔ la opción socialista, cuyos ejemplos mÔs altos son Cuba, Venezuela y Nicaragua. La estrategia neo imperialista es combatir, sin tregua, esta alternativa, que sin ser radical ellos la saben un eslabón necesario en el cambio revolucionario. La muy debilitada izquierda auténtica y revolucionaria también lo sabe, pero se encuentra en desventaja colosal, no solo en relación con las fuerzas reaccionarias, sino también en relación con las propias fuerzas progresistas.
ĀæExiste una izquierda autĆ©ntica y revolucionaria?Ā
SĆ, claro. Es una izquierda que nada tiene que ver con el ārevolucionarismoā infantil de los aƱos sesenta, ni con el guerrerismo de las FARC o del ELN colombianos; se parece mĆ”s al EZLN pero no es lo mismo. Es una izquierda que, por el momento, se circunscribe bĆ”sicamente al Ć”rea andina de Bolivia, Ecuador y PerĆŗ por la sencilla razón de que en estos paĆses se encuentra la base ancestral que le hace posible.
En el PerĆŗ y en Bolivia la vĆa del socialismo americano se encuentra en marcha y en el Ecuador el neo imperialismo ha decidido experimentar una alternativa brutal de penetración en el seno de las mismas fuerzas sociales aliadas del cambio y la transformación. Ese es el caso de fuerzas polĆticas como la de Pachakutik y las izquierdas socialdemócratas enemigas del correĆsmo.y de falsos lĆderes de izquierda como Yaku PĆ©rez Guartambel. Es una izquierda que nada tiene que ver con ese āpachamamismoā trasnochado que consciente, o inconscientemente, plantea una especie de ātalibanismoā andino que podrĆa ser de funestas consecuencias para la vida de nuestros pueblos. Si el descarnado liquidacionismo de Sol Rojo, en el PerĆŗ, fue un error histórico que derramó sangre inocente, el racismo al revĆ©s de estos pachamamistas puede ser todavĆa mĆ”s sangriento. A largo plazo, eso mismo es lo que quieren las fuerzas de la reacción mundial. Todo el aparataje ideológico del sistema se encarga de difundir la idea de que este sector es la ānueva izquierdaā, cosa que estĆ” lejos de ser verdad. No es sino un Caballo de Troya para frustrar, a largo plazo, las aspiraciones populares.
No hay progresismos de izquierdaĀ
El progresismo es uno solo. Tiene matices, por supuesto, pero desde comienzos de este siglo es, en nuestro continente, la āizquierda posibleā. Ese progresismo, a la que la derecha llama āpopulismo de izquierdaā, es la respuesta posible a la crisis mĆŗltiple que afecta actualmente a la humanidad. En Ć©l se sintetizan dos factores que la āizquierda históricaā jamĆ”s pudo resolver: el liderazgo electoral y las tesis históricamente posibles de sus planteamientos. No hay un solo caso de liderazgo de izquierda que haya sido un fenómeno electoral amenazante para las Ć©lites y para el sistema y jamĆ”s sus planteamientos programĆ”ticos fueron considerados, siquiera, por las fuerzas del orden. El progresismo latinoamericano supera esas limitaciones.
Pero es eso, nada mĆ”s, progresismo, quiere decir, un paso adelante en la marcha del pueblo hacia su liberación. Al progresismo no se le puede exigir medidas radicales. EstĆ” para quitarle una tajada al pastel de las oligarquĆas latinoamericanas y no para quitarle todo el pastel; es una opción polĆtica de transición entre la sociedad neoliberal y el socialismo, pero es una opción que garantiza la continuidad del proceso revolucionario, de lo cual se deduce que, si se quiere avanzar, hay que estar con Ć©l y no contra Ć©l.
La derecha difunde la idea de que hay un progresismo de izquierda. Es la tesis ideal para justificar experimentos polĆticos como el de Yaku PĆ©rez Guartambel en el Ecuador. Con ello crean la ilusión de que se estĆ” avanzando en la causa popular, pero no es otra cosa que la aplicación prĆ”ctica de las viejas fórmulas de penetración en las filas del movimiento popular, cuyo control dirigencial garantiza la continuidad del estado de cosas existentes. Hay un progresismo reformista que es, hoy por hoy, la izquierda posible y hay una izquierda revolucionaria llamada a garantizar la radicalización del proceso social-polĆtico iniciado por el progresismo. Lo que nos enseƱa la historia de la izquierda latinoamericana es que a estas alturas la socialdemocracia y la izquierda revolucionaria no pueden estar yuxtapuestas, sino que deben consolidar una firme alianza transformadora.
Esta reflexión no es igual a la que en el aƱo 2006 se hizo la āizquierda históricaā en el Ecuador. Toda esa izquierda creyó que podĆan aprovechar el huracĆ”n del liderazgo de Rafael Correa y dirigir desde atrĆ”s el proceso. ĀæQuĆ© proceso? El mismo que Correa defendĆa y cuya propiedad polĆtica le correspondĆa con indudable derecho. Esa izquierda reformista querĆa disputarle el reformismo a Rafael Correa, pero se dio contra la pared, primero, porque sus luces alumbraban mucho menos que las de Correa y, segundo, porque la aceptación de sus lĆderes era prĆ”cticamente nula en el seno del pueblo. El oportunismo, e incluso la corrupción en sus filas, fueron definitivamente desenmascaradas por Correa, hecho de enorme trascendencia porque, desde ahĆ, esa izquierda dejó de ocupar el lugar que le correspondĆa a la verdadera y autĆ©ntica izquierda revolucionaria, hasta entonces, dĆ©bil y oculta tras la zarapanga de los falsos membretes de Socialismo, Comunismo y otras hierbas seudo izquierdistas. Dicho de otra forma, Correa tiene el mĆ©rito histórico de haber desbrozado la intrincada maraƱa de la atomizada izquierda ecuatoriana, dejando en el tinglado polĆtico las dos Ćŗnicas corrientes de izquierda que pueden hacer avanzar la revolución popular: el reformismo progresista de poderosa fuerza electoral, o sea, la izquierda posible, y la izquierda revolucionaria. Se impone, entonces, preguntarnos ĀæquĆ© es esa izquierda revolucionaria? Veamos.
La derecha difunde la idea de que hay un progresismo de izquierda. Es la tesis ideal para justificar experimentos polĆticos como el de Yaku PĆ©rez Guartambel en el Ecuador. Con ello crean la ilusión de que se estĆ” avanzando en la causa popular, pero no es otra cosa que la aplicación prĆ”ctica de las viejas fórmulas de penetración en las filas del movimiento popular, cuyo control dirigencial garantiza la continuidad del estado de cosas existentes.
ĀæQuĆ© es la izquierda revolucionaria?Ā
La que durante mĆ”s de medio siglo aprendió que la toma del poder es un largo proceso de medición de fuerzas entre los sectores populares y sus vanguardias con las Ć©lites y sus aliados internacionales, confrontación que, obligatoriamente, se tiene que dar en el marco constitucional vigente, es una nueva izquierda que acepta no tener la fuerza electoral necesaria para triunfar sola, razón por la cual plantea una alianza en firme con el progresismo, sin ocultar, ni sus planteamientos, ni sus intenciones de responder revolucionariamente a las necesidades de radicalización de la lucha popular. Una nueva izquierda que fusiona el pensamiento ancestral del Sumak Kawsay con las concepciones de lo mejor del pensamiento revolucionario de occidente. Es una izquierda abierta, autónoma, aliada pero diferente del progresismo, una izquierda que vive en Ć©l como los glóbulos rojos viven en la sangre y sin cuya presencia el progresismo no serĆa otra cosa que un recurso de reordenamiento del capitalismo local y global, es una izquierda ecologista y antiextractivista que plantea una nueva forma de vida, basada en la cooperación comunitaria y la prevalencia de la propiedad social sobre la propiedad privada de los medios de producción. Una izquierda de raĆz americana pero que no desconoce la importancia del mestizaje y los aportes que durante quinientos aƱos ha hecho la invasión cultural de Occidente, es una izquierda que cree en la igualdad de las razas y condena la desigualdad de las clases sociales. Es una nueva izquierda dirigida por una vanguardia polĆtico espiritual de autĆ©nticos revolucionarios y no por fichas del poder mundial cuyo ego es manipulado por sus intereses de conservación del orden secularmente establecido.
Los enemigos de la nueva izquierda se han dado en sostener que una izquierda con esas caracterĆsticas es una nueva utopĆa que no existe y no es viable, lo cual es fĆ”cilmente refutable si se observan los resultados electorales de las Ćŗltimas elecciones presidenciales en el Ecuador, en la que la candidatura de Yaku PĆ©rez Guartambel obtuvo un contundente 16 % de la votación general, estando a un milĆmetro de entrar al balotaje y disputar, probablemente con Ć©xito, la presidencia de la repĆŗblica. ĀæCuĆ”les fueron sus planteamientos? Precisamente los que acabamos de consignar, los de la nueva izquierda ecuatoriana y latinoamericana.
El problema radica en que PĆ©rez Guartambel y sus aliados, Pachakutik, y esa izquierda socialdemócrata trasnochada llena de figuras prestigiosas capaces para la teorización de la realidad, pero Ćntegramente incapaces para la prĆ”ctica polĆtica, son, casi en su totalidad, un producto fabricado en los laboratorios del poder mundial y tienen como misión remover la superficie del sistema para conservar su fondo. No solo el voto nulo demuestra este acervo, sino la campaƱa de odio orquestada durante largo tiempo contra el progresismo correĆsta. De haber triunfado PĆ©rez Guartambel, el proceso de dominación interno e internacional se habrĆa consolidado con la apariencia postiza de un cambio de izquierda. De haberse comprendido esta realidad, las fuerzas aliadas de esta izquierda con el progresismo habrĆan triunfado en las elecciones presidenciales y conformado un sólido bloque parlamentario, con lo cual, el progresismo reformista de Rafael Correa habrĆa tenido que adaptarse a las exigencias populares o confrontarse con el pueblo, conflicto del cual, sin duda alguna, con una dirección firme y lĆŗcida habrĆan salido triunfantes las fuerzas revolucionarias. Pero no sucedió asĆ. El poder mundial ganó la primera batalla. La obligación de los nuevos revolucionarios es impedir que esas fuerzas oscuras vuelvan a triunfar. ĀæQuĆ© hacer?
Una mujer al frente del progresismoĀ
La Ćŗltima convención del correĆsmo acaba de elegir a la militante Marcela AguiƱaga como directora nacional de esta tendencia. Es una dirigente valiente y extremadamente capaz. Lo ha demostrado en su ya larga gestión parlamentaria y en las mĆŗltiples batallas que el correĆsmo ha librado en su trayectoria. Ideológicamente representa las aspiraciones de una clase media que ha tomado conciencia de sus derechos y obligaciones en la sociedad ecuatoriana. Al igual que Rafael Correa, Ā comprende que el pastel de la prosperidad no puede ser de consumo exclusivo de las Ć©lites y sus aliados, cree que lo justo es que una de sus tajadas sea repartida con los menos favorecidos. La fraseologĆa marxista dice que representa a una pequeƱa burguesĆa con aspiraciones. A esta dirigente, se le ha encargado la tarea de construir un partido polĆtico que sea capaz de volver al poder. Los dirigentes históricos del correĆsmo parecen, por fin, haber comprendido algo elemental en polĆtica como es disponer de un vehĆculo apropiado si el objetivo es viajar a la luna. Sin partido no hay viaje, luna y peor revolución. Teniendo claro este primer punto, entonces, se impone preguntarnos, ĀæquĆ© tipo de partido se tiene que construir?
La experiencia nos dice que la construcción de un partido proletario en el Ecuador sigue siendo una traspolación errónea de las experiencias europeas, rusa principalmente. AquĆ, Alianza PaĆs y la Revolución Ciudadana demostraron que para ganar unas elecciones hay que considerar a la ciudadanĆa como el Ćŗnico factor impulsor del triunfo. Desde el 2006 estĆ” negado para una izquierda autĆ©ntica especular sobre otras formas de triunfar electoralmente que no sea considerando a la ciudadanĆa su motor, polĆticamente hablando, disputando a las Ć©lites el control del Estado con sus mismas reglas. Se necesita, entonces, un partido electoralmente fuerte, capaz de competir con Ć©xito en todas las elecciones que la actual democracia plantea.
Esa es la misión que la historia ha puesto en manos de Marcela AguiƱaga: construir una maquinaria electoral sólida y eficiente que recoja las aspiraciones de la clase media, media baja, los pueblos y nacionalidades indĆgenas y los sectores populares que, juntos, conformen una alianza clasista imparable en cuanto proceso electoral se presente. El liderazgo personal de Rafael Correa ya lo logró en su tiempo, pero ahora ya no es lo mismo, el caudillismo no es suficiente, se necesita la organización polĆtica multifuncional si de sostener el proceso de cambio se trata. No es un partido revolucionario, es un partido reformista. En Ć©l tienen que tener cabida todos los sectores sociales, por el momento los sectores medio de la ciudadanĆa a la cabeza, cuyo liderazgo visible son figuras como las de Rafael Correa y la propia Marcela pero que en su seno hablen y se desarrollen campesinos, obreros, trabajadores, minorĆas, artesanos, jóvenes, todos, todos los sectores que conforman la inmensa mayorĆa de ciudadanos empobrecidos y desprotegidos del Ecuador.
Pero, y es un pero importante, ese partido, con esas caracterĆsticas, tiene que ser capaz de hacer alianzas tambiĆ©n con sectores polĆticos de la sociedad ecuatoriana que vayan de la izquierda al centro, pero cuyo eje rector debe ser la noción del cambio y la transformación. Una alianza en la que se ha fijado los objetivos a largo plazo, no puede ningunear a ninguna organización polĆtica por pequeƱa que fuera. Todos deben estar dentro del vehĆculo cuyo objetivo final es alcanzar la luna.
Si en esa alianza estĆ” la izquierda autĆ©ntica, con las caracterĆsticas que hemos descrito mĆ”s arriba, viviendo como los glóbulos rojos en la sangre, estĆ” garantizado el triunfo futuro y nadie tiene derecho a enojarse ni a resentirse por lo que cada sector piense o plantee. El diĆ”logo abierto y la polĆ©mica civilizada, harĆ”n que las posiciones mĆ”s avanzadas, dentro de la izquierda, vayan ganando terreno. Rafael Correa, Marcela AguiƱaga, PatiƱo, HernĆ”ndez, Rivadeneira, todos los dirigentes históricos, tienen que ponerse a tiro de las bases, para con ellas discutir los temas de la polĆtica, de la economĆa, de la cultura, de todo. De esta prĆ”ctica irĆ”n surgiendo los nuevos lĆderes, no el nuevo lĆder, digo, los nuevos lĆderes que dirigirĆ”n, en un futuro cercano, los destinos del partido, del Estado y de la patria. Eso es lo que se entiende por liderazgo colectivo. Eso es lo que, en el futuro, cuando nos toque construir una nueva democracia, garantizarĆ” la salud de una nueva forma de sociedad y de vida.
No es pequeña la tarea que Marcela Aguiñaga tiene en sus manos, pero es el reto que la historia le ha puesto en un sitio clave y en un momento adecuado. Una correcta construcción del partido garantizarÔ una correcta marcha del proceso y una correcta marcha del proceso nos llevarÔ al triunfo, porque el presente es de lucha, el futuro socialista.
El liderazgo personal de Rafael Correa ya lo logró en su tiempo, pero ahora ya no es lo mismo, el caudillismo no es suficiente, se necesita la organización polĆtica multifuncional si de sostener el proceso de cambio se trata. No es un partido revolucionario, es un partido reformista.



Primero AguiƱaga y sus amigos deben responder por los 104 mil millones que segun el Dr. Diego Delgado se robaron en los 14 aƱos de correato.
Vease:
http://www.facebook.com/Denunciemos-Al-MUNDO-532805000210714/videos/450894966074566/?extid=WA-UNK-UNK-UNK-AN_GK0T-GK1C
Perdon, la cifra es mayor es 114 mil millones de dolares.
JosĆ©: usted, Guillermo Lasso y Diego Delgado no estĆ”n cuerdos. Por usted no me preocupo, Lasso si es un peligro porque es el presidente del Ecuador y hace uso de una tribuna mundial como es la ONU para disparar una mentira colosal e indemostrable y de mi amigo Diego Delgado me da pena porque habiendo dedicado toda su vida a la polĆtica no la entiende ni al derecho ni al revĆ©s. A estas alturas ya no es ingenuidad. Su revolucionarismo pasó de moda hace medio siglo.
Diego Delgado esta mil veces mas cuerdo que Usted y su demostracion fue clarisima, que su miopia no le permita entender es otra cosa. El ser “revolucionario” no es moda, es vocacion y Ud. claramente no la tiene. Diego Delgado si es un autentico socialista y revolucionario.
Un revolucionario no hace “revolucionarismo”, hace revolución. ĀæO le tengo que explicar con dibujitos?
Y Ud. lo ha hecho?, cuando carece de argumentos, recurre al manido recurso de la falacia “ad hominen”, es decir desacreditar a los que hacen las afirmaciones es decir Lasso, Diego Delgado o yo, primero nos acusa de “estar locos”, luego a Diego Delgado y a mi de tontos por no entender las cosas, por eso conmigo quiere usar dibujitos y a Diego Delgado adicionalmente de “revolucionarismo” a pesar de que dice que es su amigo, mientras tanto distrae de lo fundamental, es decir que lo que se robo la robolucion ciudadana de Rafael Correone que ahora dirige AguiƱaga esta entre 70000 y 1140000 millones de dolares, eso es lo fundamental.
Perdon, la cifra es 114 mil millones
JosĆ©: el Ćŗnico argumento que usted exhibe es que Correa se robó 70 mil millones. Al rededor de eso usted da vueltas como burro de noria. Todo lo que yo argumento, usted lo responde con que Correa es un ladrón. Por favor…ni usted, ni Diego, ni Lasso tienen un solo elemento para hacer creible semejante mentira. La polĆtica no se hace con supuestos, salvo que sea una polĆtica asquerosa..
Ud. es incorregible, continua con las falacias “ad-hominen”, esta vez me ha calificado de “burro de noria” y dice que ni yo, ni Diego, ni Lasso ” tienen un solo elemento para hacer creible semejante mentira. La polĆtica no se hace con supuestos, salvo que sea una polĆtica asquerosa..” pero en ninguna de sus palabras demuestra que lo que decimos es falso.
Lasso se basa en un informe escrito por Luis Verdesoto.
Diego Delgado habla en:
http://www.facebook.com/Denunciemos-Al-MUNDO-532805000210714/videos/450894966074566/?extid=WA-UNK-UNK-UNK-AN_GK0T-GK1C
Por ultimo, porque no voy a seguir contestando sus “argumentos” que no son sino una retahila de insultos entre los que puedo citar: “locos”, “tontos”, “mentirosos”, “revolucionarismo”, “burro de noria”,etc.,etc., le aclaro que nunca he dicho “que Correa se robó 70 mil millones”, lo que he dicho es que “AguiƱaga y sus amigos deben responder por los 114 mil millones que segun el Dr. Diego Delgado se robaron en los 14 aƱos de correato.” y entre los que se robaron esa suma no esta solo Rafael Correone sino sus complices y las empresas que participaron en los negociados como Oderecht, las empresas chinas que construyeron Yachay, las hidroelectricas, la Refineria Fantasma del Aromo en Manabi, etc., etc. Rafael fue la cabeza del asalto.