07 de abril 2026
Alberta Marks
Ecuador se sitúa en un momento histórico de deriva social y renuncia a su soberanía. Un estupor ha sido la constante de estos años de sumergimiento de su gobierno en el entramado del imperialismo al ataque de pueblos como Palestina. Algunos paralelismos entre el proceso que transcurre en Palestina y Latinoamérica, se plantean dentro de una resonancia geopolítica basada en la injerencia estratégica y una praxis en ejecución de la fuerza de los países hegemónicos. Se trazan a continuación, hechos interpretados por una secuencia de experiencias sistemáticas sobre la realidad de la política local e internacional de Ecuador en concomitancia con el orden de los mandos mundiales.
Hace poco más de un año, tuve, junto a un apoyo colectivo, la oportunidad de hacerle una pregunta a Francesca Albanese, relatora espacial de la ONU sobre la situación de Palestina, a través de un conversatorio virtual con personas de Latinoamérica y de Ecuador. Hasta ese entonces, teníamos tres cosas claras: 1) Que ciertas autoridades de Ecuador estaban relacionadas con el comercio de armas con Israel, 2) que el presidente de Ecuador manifestaba oficialmente su apoyo a Israel en la llamada guerra, para la hegemonía, y que 3) como parte de pueblos y nacionalidades asoladas eternamente por el imperialismo, debíamos hacer todo lo posible por sumar voces por el cese a la masacre. Previamente al conversatorio, se supo que, el gobierno ecuatoriano había lanzado una convocatoria pública para jóvenes desempleados que quisieran conseguir trabajo en Israel. El aviso de empleo de abril del 2024, ofrecía labores agrícolas de tipo intenso a 2.000 jóvenes, en una primera fase acordada entre los gobiernos de ambos países.
En base a anteriores operaciones a nivel mundial, se abría la pregunta sobre si estas personas de Ecuador, efectivamente ocuparían una plaza laboral digna para víctimas de hambre y desempleo que atraviesa su segmento etario en general en el país. Ese era el prefacio de la pregunta que le hiciera a Francesca Albanese, cuando aún no era próximo el riesgo de fichaje y persecución individual y colectiva a nivel mundial, por estar del lado de las víctimas del genocidio moderno. “¿Enviar personas a un trabajo en el campo, donde se entiende que pueden ocupar un cargo de reserva, en un país extranjero activo bélicamente, podría ser considerado complicidad con el genocidio?”. Francesca respondió que legalmente no, porque no constituiría una acción directa clara. Cuando una-uno habla desde las hipótesis cimentadas en la experiencia histórica, pero también con fe de que esta pesadilla de la modernidad termine pronto; se puede imaginar el curso general del futuro. Se pueden hacer cálculos y ser agoreros de tragedias que, no se las siente gravemente hasta que se las experimenta.
Con el genocidio en curso, compartí el análisis de que Ecuador se convertía en un paralelo de Palestina, por la dinámicas similares a las propinadas por Israel, tales como la ausencia de ley y el exceso de uso de la fuerza. Dicha libertad para cometer actos de lesa humanidad lo avalaba Estados Unidos, que arremetía con su plan imperialista en Ecuador, sumiendo al país en lógicas violentas de mayor envergadura. Se sabía de manera incipiente, que Ecuador se hacía disponible, para desde su gobierno, relanzar objetivos de la hegemonía que aprovecha prerrogativas. Lo que no imaginábamos, sin embargo, era que, en el lapso de dos años, Ecuador llegaría a ser sujeto manifiesto de conquista de la dupla imperial Israel – Estados Unidos, sin ocultamiento ni empacho. El pueblo y los recursos de Ecuador serían afectados de manera grotesca y rápida por los mismos países hegemónicos que exterminan al pueblo palestino, teniendo como cabecilla al gobierno ecuatoriano.
Mirando el panorama, en aquel entonces del arranque de las actuales guerras; junto con varias organizaciones hermanadas en Ecuador, nos dedicamos a publicar manifiestos, a crear arte relativo al sufrimiento del pueblo palestino, y a hablar de la historia de su appartheid, haciendo hincapié en la Nakba o catástrofe palestina de 1947. La consigna emergente fue activar el compromiso de solidaridad internacionalista, resaltando la dignidad del pueblo palestino que ha sido resistente a embates sádicos de los poderes mundiales. Se ha intentado establecer vías de sensibilización popular y de incidencia oficial para que se tomara una postura de apoyo a Palestina, a nivel de instancias representativas ecuatorianas, que cuestionen la progresiva alianza diplomática y comercial de nuestro país con Israel. Al igual que en el resto del mundo, nada ha sido suficiente para detener el ímpetu de limpiar étnicamente, ampliar la ocupación ilegal de tierras y borrar del mapa geográfico y mental a Palestina. Pasaron votaciones en la Organización de Naciones Unidas, en las cuales el país Ecuador se abstuvo de salvar a Palestina. Una de las más memorables, fue la consulta a los países miembros de la ONU en junio del 2025, sobre si hacer un alto al fuego, que se liberen a los rehenes palestinos y que Israel rinda cuentas. Ecuador tomó partido por la minoría, frente a 149 países que votaron a favor de la liberación urgente de Palestina. El síntoma mundial de un mutis de parte de los organismos internacionales frente a tal horror, ha crecido con el albor de los comportamientos individuales de seres humanos enajenados y en franco proceso de deshumanización que el neoliberalismo ha propugnado y ha permeado en las sociedades modernas. La llamada muerte del derecho internacional que él capitalismo ha desplegado sin ninguna vergüenza, en estos años a nivel global configuró una dinámica violenta y degradante en Ecuador.
La lógica de militarización en los programas de ocupación y aniquilación en Palestina se introdujo en pueblos víctimas de la guerra y Ecuador, pues a expensas de una declaratoria de conflicto armado interno en el país sudamericano, su camino se condujo hacia días oscuros no antes vistos. El enemigo interno creado a base de recetas infalibles, demandó altos presupuestos fiscales para su enfrentamiento, y ha cobrado también con la integridad y la vida de las infancias y sus familias vulneradas por el sistema. Así como el narco capital traspasaba las lógicas de vida y del aparato estatal, poco a poco se evidenció la entrada campante de la dominación de Estados Unidos y de la hegemonía cultural de Israel. La anuencia del gobierno ante programas israelíes en Ecuador se expresaba mediante notas de prensa de tipo obsequioso, tras encuentros entre contrapartes y llamativamente, la declaratoria del presidente de considerar enemigo ecuatoriano a todo enemigo de Israel. Tal manifiesto fue excesivo y poco representativo del sentir de este pueblo periférico que entendía ya la depravación sobre Palestina, pero que no sabía del todo, que este proceso decantaría en una sumisión genuflexa mayor de Ecuador a las dos potencias mundiales destructoras del momento.
Ecuador se debe a intereses externos al beneficio social y económico de su pueblo y por tanto, se desmantela el estado para el favor de sus amos que no se remiten a las antiguas lógicas fascistas de protección de sus naciones, sino de los negocios de las élites económicas interestatales. Estados Unidos es el que ha armado la estructura política para que el brazo ejecutor del desecho de la humanidad, Israel tenga cimiento en su alianza protectora para cumplir con sus objetivos históricos. Estamos en un pico en el que se prescinde de la fuerza de trabajo e incluso del cognitariado; pues la lógica de la muerte masiva o el capitalismo de la muerte que se forja a través del crimen y la violencia, erige una lumpen burguesía mundial evidenciada en los procedimientos económicos y guerrerísticos de los países poderosos parasitarios.
La vileza se ha enfocado en eliminar los frutos y la esperanza. La ola de desaparecidos y muertes de recién nacidos, niños, niñas y adolescentes en Ecuador se ha formado por falta de servicios de salud pública, por suicidios y además a causa de muertes violentas. Esta realidad cabe ya en una tendencia infanticida dentro del molde de la política de la muerte, que a mayor escala se ha llevado a cabo de manera pervertida con las y los niños en Gaza y Cisjordania. El aniquilar a nuevos seres humanos para no permitir la reproducción de la vida está siendo un fenómeno que se muestra también en los ataques de Estados Unidos a escuelas de niñas y niños en Irán y en la revelación de las víctimas de canibalismo y depredación sexual del caso Epstein.
Se decía a partir de la pandemia por COVID-19, que el mundo dio un giro drástico y que las cosas no volverían a ser las de antes. A la humanidad le ha tomado esfuerzo en volverse a regular en una estructura que tenga sentido y que recupere un pasado al que se aferra por haber sido más estable. Los países de las periferias han asumido las consecuencias más oscuras, debido a la desigualdad en cuanto a la distribución de la riqueza y la marginación que cada vez más cínicamente operan los centros del mundo. No conforme con aquel embate, otra catástrofe humana llegó sin permitir al mundo marginal repararse. Mientras se extendía el tiempo del genocidio en Gaza, nombré el laboratorio en el que se convertiría Ecuador, pero sin la certeza de que iría a ser rápido y abrupto. Hace dos años, afirmaba que Ecuador estaba siendo adecuado como una base de despliegue de objetivos políticos de Estados Unidos y como un laboratorio donde se formulaban acciones armadas, pues no solamente se ha consentido la participación militar en el control e inteligencia, sino la de mercenarios. El ataque del gobierno ecuatoriano a la embajada a México, sumado al apoyo a los presidentes latinoamericanos no elegidos democráticamente, eran acciones cuyo símbolo sí se entiende más fácilmente, era el logo de Carondelet bajo la misma línea gráfica de la casa Rosada y la Casa blanca. Ecuador se convirtió con contundencia y sin vergüenza en el ejecutor de objetivos ajenos a los nacionales, como el cierre y deportación de representantes diplomáticos y culturales de países opositores al imperialismo occidental, como son Irán y Cuba.
A través de un acuerdo firmado en los primeros meses del 2024 entre Estados Unidos y Ecuador, se habilitó la intervención de las fuerzas armadas del país norteamericano en territorio ecuatoriano, confiriendo a sus escuadrones impunidad e inmunidad. Con la inclusión de Ecuador dentro de la frontera de seguridad del escudo de las Américas en 2026, creado por Estados Unidos, como redondeo de una imposición de ingreso de sus alimentos transgénicos en un país otrora rico en cereales y productos primarios como ha sido Ecuador, se formaliza una colonización.
Para completar la toma ideológica o moral del imperialismo, se ha iniciado la hegemonía cultural en Ecuador. Los objetivos ideológicos del gobierno de Israel a través de la introducción de contenidos en programas de estudio en Ecuador, gozan de un potencial roce con los tratados de la doctrina sionista.
Son varios fenómenos violentos han ocurrido en el mundo en estos años de genocidio a Palestina, cuando los agudos procesos de despojo y extractivismo impactan más a países empobrecidos como Ecuador. Ecuador como representación, no ha podido ser un testigo llano de un evento mundial, sino que metido en la cancha de la plena guerra y genocidio, es víctima de los agresores mundiales y a la vez cómplice de los mismos. El paralelismo entre los eventos resonantes de los países en cuestión, además se queda corto ante a realidad del nuevo Ecuador. Dada la precipitante degeneración de las acciones del gobierno por ser el prestador fácil de los recursos y suelos ecuatorianos para bases militares y engrandecimiento cívico de otros países; nuevas preguntas igual que al comienzo, quizás estarán lejos de responderse por lo inimaginable de la realidad.
El gobierno ecuatoriano entonces, fuera de todo control y sentido ha permitido avanzar un proceso de colonización de Israel y su compañero de fórmula marcial, Estados Unidos. Vivimos así una radicalización de la clase, pues en un mismo territorio se encuentra el imperio devastando y el pueblo profundamente despojado y violentado.
No sabemos cuánto nos costará volver a ser los mismos de antes, los de ciernes, los reformados en el período primaveral latinoamericano, o cualquier versión, menos esta que nos ha reducido a ser un pueblo golpeado y pulverizado, cuyo valor de resistencia yace en el pueblo indígena, fuertemente acosado por el gobierno, también con métodos represivos emulados del país que crea terror mundial. Así como la deshumanización se muestra a nivel global, las iniciativas comunes alrededor del mundo emergen en rechazo a la guerra que enriquece y reina a base de cobarde sometimiento. Dicha potencia de las diferentes regiones periféricas ha obligado a develar realidades a las que los mandantes de los países de centro no pueden más que renunciar y denunciar. La perversidad generalizada de los tiempos modernos en acción, ha empujado a que gran parte de la conciencia de los pueblos trasloque su ceguera seducida por la niebla neoliberal a la urgente construcción de sentidos en común.
Los sobrevivientes de guerra, los huérfanos de genocidio, los desplazados, las madres de niños asesinados y desaparecidos de conflictos violentos, las mujeres siempre desaventajadas, son ahora los mariscales de las luchas regionales aunadas que representen a la clase trabajadora y racializada en tiempos de un orden mundial capitalista torpe. Los ciclos recrearán formas de unidad y solidez para la acción y a pesar de las lógicas dictatoriales locales y globales, el sentido de los comunes, en nombre de niños y niñas, de la soberanía ausentes, deberá prevalecer. El movimiento social latinoamericano en defensa de sus pueblos y de la histórica causa de Palestina tendrá su momento de resurgimiento. La lucha conjunta por los pueblos oprimidos logrará que Ecuador al igual que Palestina sean algún día libres.


