Oscar Feo Istúriz, Venezuela,
07 de enero 2026
Estas notas fueron elaboradas para responder a numerosas solicitudes de información de amigos y amigas del exterior, sobre todo del Movimiento por la Salud de los Pueblos, la Asociación Latino Americana de Medicina Social (ALAMES) y el Grupo de Trabajo de CLACSO “Salud Internacional y Soberanía Sanitaria”
- El tres de enero, después de cuatro meses de un gran despliegue militar, bloqueo y agresión contra Venezuela, se produjo la anunciada intervención militar de los EE. UU. y el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Esa agresión constituye una gran violación del derecho internacional y una ofensa contra la soberanía y la independencia de Venezuela y toda América Latina. Por lo tanto, cualquier comentario sobre esa situación parte de un contundente rechazo a la agresión imperialista, así como a la pretensión de tutelar las políticas venezolanas.
Se trata de una ofensa a nuestra independencia y soberanía que nos compele a reafirmar nuestra posición anti-imperialista.
- La geopolítica es clave para comprender el mundo actual y también la agresión a Venezuela. El mundo está transitando de una perspectiva unipolar, donde EE.UU. imponía su voluntad sin mayores oposiciones, a un mundo multipolar caracterizado por la aparición de potencias emergentes que amenazan la hegemonía de los EE.UU. En ese marco geopolítico, Venezuela, país con enormes reservas de petróleo y minerales estratégicos, se había convertido en un aliado estratégico de China y Rusia, principales enemigos económicos y militares de los EE.UU.
- Ante esa situación, los EEUU se propuso reconquistar América Latina, una región que considera su “patio trasero” y que es fundamental para garantizar el petróleo y los minerales estratégicos indispensables para mantener su poderío bélico y tecnológico. No en balde una de las “condiciones” que está poniendo Trump a Venezuela es el control total de nuestra industria petrolera y poner fin a la relación con China, Rusia y también con Irán y Cuba.
- Debe comprenderse que esta no es una agresión sólo contra Venezuela, es una agresión y una amenaza contra toda América Latina. El gobierno de los EE.UU. está dando una alerta; está diciendo que América Latina les pertenece. Por primera vez en los últimos años lo han dicho tan claramente. Van a recuperar el control del continente, y todo el que se resista será intervenido. Por eso la prioridad hoy es extender la lucha anti-imperialista en todo el continente.
- Los EEUU están en una profunda crisis, por su inmensa deuda, por el crecimiento de las contradicciones y desigualdades en su interior, y también, por su dependencia de recursos estratégicos que no posee. Imposible comprender su tozudez con Canadá y Groenlandia sino en ese contexto.
Los imperios en expansión lo hacen gracias al consenso y la hegemonía cultural, los imperios en crisis y decadencia lo hacen a través de la violencia y la guerra. Los EEUU no respetan el derecho internacional y lo violan permanentemente porque no tienen otra vía para mantener su dominio. Solo la guerra y la coerción.
- La agresión imperial de los EE.UU. contra Venezuela, paradójicamente, es una expresión de poder, pero al mismo tiempo una expresión de debilidad. Este no es el inicio de una era de dominio, sino su fin, evidencia su desesperación por la pérdida del control del mundo. Detrás de esta agresión se ve el desespero imperial por su necesidad de controlar el acceso a recursos que se encuentran en nuestros países, y que son indispensables para mantener su poderío bélico y tecnológico.
- Aquí viene la parte más compleja y difícil para muchos hermanos de la izquierda latinoamericana. Comprender el carácter autoritario y anti-popular del gobierno de Maduro. Este ha sido un gobierno con una gran contradicción entre su lenguaje socialista y anti-imperialista, y una praxis autoritaria, burocrática, corrupta, que controla e impide la real participación, represivo y totalmente alejada del discurso.
Por esa razón, un sector significativo de la izquierda venezolana no apoya el gobierno de Maduro. A pesar de nuestro rechazo a la agresión imperial y a las intenciones de tutelarnos como país, denunciamos y confrontamos las políticas neoliberales y las prácticas autoritarias del gobierno de Maduro.
Múltiples organizaciones de izquierda, tales como el PCV, el PPT, la Corriente Popular Comunes, el Bloque Histórico Popular, Marea Socialista, el Movimiento Popular Alternativo, la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución, la Alianza por la Soberanía y la Democracia, por mencionar algunos, y numerosos movimientos sociales, y también militantes del chavismo descontento, han denunciado a este gobierno por su carácter autoritario y represivo, por su opacidad en todas las esferas de la vida, que esconde y oculta desde los resultados electorales, hasta la información epidemiológica. Rechazamos claramente la agresión imperialista, pero no apoyamos un gobierno que ha deteriorado las condiciones de vida y trabajo y empobrecido al pueblo trabajador, ocasionando un éxodo de 8 millones de habitantes y un enorme sufrimiento a su población. La declaración del PCV lo señala claramente: NI TUTELAJE IMPERIALISTA, NI CONTINUISMO AUTORITARIO.
- En relación a la situación actual de Venezuela, es de aparente tranquilidad. No hubo caos ni colapso. A pesar de la intervención militar y el secuestro de Maduro, se mantiene el gobierno, y, con la venia de Trump, la vice presidenta Rodríguez asumió la presidencia. Se reunió el consejo de ministros, declaró el alto mando militar, la Asamblea Nacional se instaló y ratificó a Jorge Rodríguez como presidente. Las instituciones siguen funcionando. Es importante resaltar que no hubo manifestaciones ´sustanciales´ ni a favor del gobierno y contra la intervención, ni de júbilo opositor ante la salida de Maduro. Como dijo una mujer del pueblo: “pasó lo que pasó, pero la vida sigue igual”
- Hay muchísimos otros temas que pudieran tratarse, menciono solo uno, la enorme vergüenza nacional que significó la casi total ausencia de respuesta de las fuerzas armadas nacionales a la agresión imperial que culminó con el secuestro de Maduro. A excepción del anillo de seguridad más cercano al presidente, que combatió fieramente contra el invasor, y a quienes, rendimos homenaje, no hubo reacción militar para detectar y combatir las numerosas naves que perpetraron los bombardeos y llevaron a cabo el secuestro.
Múltiples hipótesis circulan, desde una publicación atribuida erróneamente a Granma, que resalta los errores y fallas en la inteligencia y seguridad que permitieron el secuestro, hasta múltiples versiones de negociación previa, infiltración, traición, que sería imposible analizar aquí. Lo cierto es que Maduro fue secuestrado en una operación imperial exitosa, que será considerada como un estruendoso fracaso de la capacidad militar del gobierno de Maduro.
No compete en estas notas analizar los posibles escenarios que se desarrollarán en los próximos días. Sin embargo, es evidente que el gobierno se encuentra ante una gran disyuntiva: o se pliega a los mandatos del imperio y sigue gobernando con la venia de Trump; convirtiéndose en un gobierno de continuidad del PSUV, pero tutelado por los EE.UU. (Hay muchos antecedentes de situaciones similares sobre todo después del derrumbe del campo socialista a finales de los 80. Muchos partidos y gobiernos “socialistas”, colocaron sus países al servicio del imperio (y el gran capital), o realizaron un llamado a un gobierno de unidad nacional, que reconozca y corrija sus errores, y convoca a un gran frente antiimperialista para la reafirmación de nuestra independencia y soberanía. Este escenario, aunque deseable, luce poco probable, por un lado, por la escasa capacidad autocrítica existente en el gobierno y su intención de mantenerse en el poder a toda costa, y por otro, por la magnitud de la fuerza y ofensiva imperialista.
Desde la izquierda planteamos la urgencia de convocar a un ACUERDO NACIONAL PARA El RESCATE DE LA DEMOCRACÍA basado en el cumplimiento estricto de la Constitución, y que convoque a la conformación de un gran frente latinoamericano para enfrentar la agresión, y frenar los intentos de tutelaje y amenazas de los EE.UU.
Ello implicaría un cese a la represión y la violencia. Liberación inmediata de los presos políticos, donde hay decenas de dirigentes políticos, gremiales y sindicales cuyo único delito ha sido criticar al gobierno, y exigir el cumplimiento de las leyes y la Constitución. Y además, un plan de emergencia económico-social para enfrentar el empobrecimiento y deterioro de las condiciones de vida y trabajo, que incluya incremento de salario mínimo y pensiones.
La historia no está escrita, se está escribiendo, dependerá de la correlación de fuerzas existente, pero también de la capacidad para interpretar adecuadamente la coyuntura y hacer propuestas viables que prendan en el movimiento popular. Sin duda, nuestro objetivo estratégico es la construcción de un frente nacional y regional anti-imperialista por el rescate de la soberanía, la independencia nacional, y la reconstrucción integral de Venezuela. En eso estamos.


