Por Jaime Chuchuca Serrano

A día de hoy, EE.UU. sigue siendo la principal potencia mundial aunque está siendo desplazada en varios asuntos estratégicos por China, con la que se disputa la hegemonía mundial. De 1944 a 1991, EE.UU. consolidó el imperialismo financiero y venció a la Unión Soviética en la guerra fría. El capitalismo tiene varias fracturas irreparables y desde 2008 ha caído en una crisis hasta ahora insuperable, peor con la pandemia en la que varios mercados fueron bloqueados y se contrajo la producción. La reacción ciudadana se reactivó con las movilizaciones mundiales desde agosto y entraron al corazón de norteamericano con el asesinato de odio a George Floyd.

Por Julio Oleas Montalvo*

En diciembre de 1823, el presidente James Monroe declaró que cualquier intervención europea en América sería considerada como una agresión contra los Estados Unidos. Esta afirmación ─la doctrina Monroe─ no impidió que el Reino Unido y otros países del Viejo Continente colonizaran los mercados de los recién liberados territorios del Imperio español. Pero, a lo largo del siglo XIX, EE.UU. ganó competitividad y en el siglo XX el espacio comprendido entre México y Tierra del Fuego se convirtió en su patio trasero, el America’s Backyard donde T. Roosevelt ejerció sin contrapesos la política del gran garrote. La doctrina Monroe fue la base histórica del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR, 1948) y de la Organización de Estados Americanos (OEA, 1949), “sistema” que se completó en 1958 con la creación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Por nuestro enviado especial

EE.UU., 26 de julio

En esos días en Washington sólo se escuchaba hablar del testimonio del fiscal especial Robert Muller, quien durante más de dos años estuvo investigando, a solicitud de las autoridades de justicia norteamericanas, si había habido injerencia extranjera en las elecciones presidenciales de 2016.

El gobierno y su Ministro de Defensa han sido insistentes en señalar que la llegada de un avión de inteligencia de Estados Unidos al Ecuador significa que no se pondrá una base extranjera en nuestro país, como si ese fuera suficiente motivo de tranquilidad. Pero la verdad no es tan simple: en realidad y puesta en contexto se trata de una injerencia, un nuevo tipo de acciones para control y dominación del imperialismo.