19 de enero 2026
V
enezuela ha vuelto a ser el centro de la atención mundial, a raíz de una muy anunciada intervención militar extranjera acaecida el pasado tres de enero. Desde la cruenta invasión a Panamá, en 1989, no se había visto un ataque militar estadounidense en América, y menos con esa magnitud. Lo sucedido después de la rimbombante: “Operación Determinación Absoluta”, es aún más llamativo. De manera poco ortodoxa, la potencia vencedora ha impuesto una serie de prerrogativas que impulsan al proceso bolivariano a negar su propio devenir. A regañadientes, el “nuevo” gobierno asiente las premisas impuestas y venden la “transición a la transición” como un evento que no es, pero parece serlo. En breves líneas podemos explicar algunas aristas de la situación tan compleja e inédita que nos embarga.
I. La intervención militar extranjera, más anunciada… y menos tomada en serio
El sábado 3 de enero, a las 2 AM, más de 150 aeronaves, con un gigantesco despliegue tecnológico, ejecutaron la extracción de Nicolas Maduro y Cilia Flores, quienes ocupaban el Poder Ejecutivo, tras unas elecciones (28 de julio de 2024) tachadas de “totalmente fraudulentas” por toda la comunidad democrática internacional. Luego de innumerables amenazas, después del asesinato de más de 100 ocupantes de lanchas que presuntamente trasladaban drogas y de apostar a un cuarto de la flota estadounidense en el Mar Caribe, finalmente EEUU decidió actuar de manera fulminante en el interior de Venezuela. Tras miles de advertencias, durante cinco meses, se efectuó un ataque que tomó por total sorpresa al país y evidenció la total ineficacia de todo un sistema de defensa anti aérea, que había costado miles de millones de dólares. Ni radares chinos, ni misiles rusos ni drones iraníes. Nada.
II. La defensa que brilla por su ausencia…
La incursión bélica causó el trágico saldo de alrededor de 156 muertes, incluidas la de 32 cubanos del primer anillo de seguridad de Maduro. Según informaciones oficiales, sólo hubo un herido en un pie por parte del bando invasor, mostrando una respuesta de una esterilidad insólita en un país petrolero de alrededor de 26 millones de habitantes (con más de 8 millones en el exilio). Para ponernos en contexto, la invasión de EEUU a Grenada en 1983, costó la muerte de 20 soldados y casi 160 heridos del bando agresor. Cifra llamativa para una Grenada con apenas 95 mil habitantes. El chavismo arguye que hubo “alta traición” en su seno y desactivación e inacción premeditadas, que impidieron la respuesta bélica adecuada a las mil millonarias compras de armamentos iraníes, rusos y chinos. Lo cierto es que no hubo aviones ni helicópteros venezolanos actuando, ni baterías anti-aéreas respondiendo, nada. Los más de cinco mil misiles antiaéreos portátiles rusos Igla-S, diseñados para ser operados por un solo soldado y derribar aeronaves a altitud baja como aviones, helicópteros y drones, mediante guía infrarroja (buscador de calor), dispararon menos del 0,1 % del potencial ofertado y no hicieron más que surcar por los aires sin dar en un blanco. Pocas personas imaginaron un descalabro militar tan embarazoso.
III. De la sorpresa a la estupefacción militante
En agosto, a inicios del despliegue militar, y sobre todo en septiembre, se esperaba una acción militar estadounidense contundente. Hubo llamados de “alerta máxima” y un sinfín de funcionarios gritando enardecidos cosas como: ¡Podrán entrar, pero jamás podrán salir¡, ¡Si osan a vulnerar nuestra soberanía, esta será la tumba del imperialismo¡, ¡Si nos agreden, esto será mil veces peor que Viet Nam, porque tenemos defensas anti aéreas de altísima tecnología rusa¡ Desde mediados de septiembre, los venezolanos notaron que la verborragia funcionarial pasó a una confianza absoluta en la imposibilidad de un ataque y a pensar en que adelantar las navidades para el 1 de octubre, era una buena idea. Con esa premisa, fiestas, rumbas y tarimas se multiplicaron con fruición y una fe ciega en que Trump tenía pánico a la furia bolivariana, se transmitió por doquier. Más interesante aún es que el ministro de la defensa dijo que el arma secreta para luchar contra el imperio, eran los 8 millones de milicianos en trajes beige, armados de coraje y amor patrio. Chavistas y colaboracionistas a sueldo, vendieron la premisa de que: una invasión es imposible (porque el Congreso de EEUU la iba a detener y no había recursos para gastar en ello) y lo que se venía eran más sanciones económicas y petroleras.
IV. Calles en silencio y respuestas bastante inusuales… diplomáticas
El tres de enero, las calles lucían desérticas. Mucho miedo por réplicas, segundas oleadas o remates bélicos se sintieron en las ciudades más afectadas. El temor ciudadano se hizo patente luego de haber, por primera vez en sus vidas, sentido el zumbido de aviones y el estallido de estridentes bombas. Los colectivos, suerte de paramilitares armados, salieron en caravanas de motos a intimidar a cualquiera que se le ocurriese celebrar la extracción presidencial. Se publicó una ley que prohibía mostrar cualquier emoción positiva ante el hecho acaecido. Celebrar lo sucedido traería cárcel inmediata. En un entorno tan salvajemente represivo, nadie se atrevió a expresar nada, a diferencia de la diáspora venezolana que salió en más de 120 ciudades del orbe, a celebrar con inusitado entusiasmo. Cuando Irán es militarmente agredida por el “imperialismo yanqui”, suele sacar comunicados virulentos con promesas de desatar la: “furia del mil infiernos y la venganza jamás vista en la historia de la humanidad”. Recordando las ardientes proclamas de burócratas criollos en septiembre, se creía que la respuesta ante una: “violación flagrante de la soberanía”, el secuestro del presidente y el vil asesinato de jóvenes combatientes, iba a tener un furioso talante similar al persa. Nada de ello sucedió. Las ruedas de presa y comunicados gubernamentales condenaron el hecho, pero inmediatamente llamaron a la cooperación entre ambas naciones y a explorar canales diplomáticos para reconstruir las relaciones formales entre ambas naciones y reabrir la sede de embajada del imperialismo yanqui en Venezuela.
V. La transición a la transición, que no es, pero que se parece bastante
Los llamados a restablecer relaciones “independientes, soberanas y de profundo respeto” se sucedieron a la velocidad de la luz. La nueva presidencia de la república, tan ilegítima para la oposición como lo era Maduro, insiste en decir que va a rescatar al presidente secuestrado, a través de la activación de una relación diplomática profunda con el Tío Sam. Acto seguido, se han emitido discursos dirigidos a pedir perdón a opositores, si alguna vez se les faltó el respeto, partiendo de la premisa de que “nadie es perfecto”. Se prometió la liberación de un “número importante” de presos políticos y se reabrió un canal para que EEUU visitara su embajada cerrada en 2019 y también se explorara la posibilidad de abrir la embajada de Venezuela en el seno del imperio. Aunque el discurso oficial versa en continuar la revolución y no hace alusión alguna a la transición, Trump se ha encargado de decir que él es quien manda en el país caribeño, y recalcar que, si no cumplen todos sus deseos, vendrá un ataque militar que no será quirúrgico, una acción que será mucho más sangrienta que una extracción, si la cúpula venezolana no el obedece.
VI. Petróleo, petróleo y más petróleo…
Trump ha sido extremadamente enfático en la necesidad de gestionar directamente el petróleo venezolano, como si fuera propio. En sus comunicados ha prohibido a Venezuela enviar petróleo a China, usar la flota fantasma rusa y disponer del hidrocarburo sin permiso expreso del presidente naranja. Ha dicho que Venezuela tiene entre 30 y 50 millones de barriles en almacenamiento, que serán enviados inmediatamente a EEUU. El imperio pagaría el precio de mercado, pero no enviaría el dinero a Miraflores, más bien haría un fondo en el cual se recibiría el pago por el petróleo venezolano y este dinero se usaría para comprar (solamente) bienes y servicios estadounidenses. El plan Trump incluye la idea de atraer la inversión de 100 mil millones de dólares para recuperar la depauperada infraestructura petrolera y eléctrica venezolana. Ya hubo una reunión con 17 grandes petroleras del planeta, con un entusiasmo limitado. Un plan tan lesivo, leonino y colonial, ha sido recibido por enorme entusiasmo en un país que sueña con un empleo de más de 160 dólares al mes. El “nuevo” gobierno no ha dicho nada al respecto.
VII. Elecciones a largo plazo, sabotaje y viejas rencillas
Las liberaciones de los más de mil presos políticos, en su inmensa mayoría encarcelados por delitos de opinión, han ido a paso extremadamente lento. A pesar de ser saludadas por Trump y Rubio con frenesí, para el 12 de enero en la mañana, aún no se ha liberado ni al 8 % de los mil presos políticos que se estiman. Ello se ha atribuido, en los pasillos de la conspiranoia, a líderes chavistas de colectivos, paramilitares y redes de represión, que están completamente en contra de cualquier cambio que democratice un poco al país, y permita que los operadores políticos anti chavistas tengan un poco de libertad de acción para dar opiniones. La vieja guardia parece estar muy molesta con los cambios emprendidos y está en guardia para sabotear cualquier iniciativa que pueda afectar sus intereses políticos/mercantiles. Estos personajes salen asiduamente en RRSS dejando perlas como: ¡No habrá flexibilización de nada¡ ¡No hay nada más que continuidad total, ni un milímetro de cambio habrá.
En apretada síntesis, diríase que hay una pugna por hacer cambios cosméticos que agraden a Trump-Rubio, sin tocar la estructura gubernamental ni variar las anquilosadas relaciones sociales de opresión y control extremos sobre la sociedad civil. En tales circunstancias, la democracia se ve a años luz, cuestión que el mismo Trump menosprecia, pero que es esencial para la recuperación económica del país, y albergar las “fabulosas” inversiones foráneas que requieren de una sólida institucionalidad, más allá de las amenazas de un gobierno de EEUU, que en apenas tres años sale.
* Economista, MsC Ing. Industrial, Doctorando en E. Desarrollo CENDES
Prof. del Postgrado CENDES-UCV
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