Por Carlos Castro Riera*
Como nunca antes se vuelve necesario en el análisis político, considerar la capacidad que tiene actualmente el ser humano, para crear y difundir un mundo imaginario. Un sujeto representador del mundo, vendedor de imágenes, ilusiones y representaciones en un mercado de lo imaginario propicio para engañarse y engañar.
La cantidad de las percepciones y representaciones (imágenes), generadas por la información y comunicación masiva, sobre todo por las redes sociales, llevó a creer que el triunfo de la candidata Luisa González era inminente, o que el triunfo de Daniel Noboa, sería con una diferencia muy corta. En esta vez, no hubo fraude ni en la primera ni en la segunda vuelta electoral. Muchos se defraudaron por su imaginación, en la espesa selva de imágenes y el mercado de humo.
Pero la realidad es tozuda, tiene una objetividad y una dinámica propia, más allá de la capacidad de fantasear en la política, los discursos e imaginarios, la demagogia y verdades a medias o la posverdad. La realidad penetra y separa la verdad del artificio, pero también depende de la predisposición a conducirse por la objetividad.
De los dieciséis candidatos a la presidencia de la república en la primera vuelta, la votación se polarizó entre las candidaturas de Noboa y González, en parte por la misma realidad, en virtud de que eran los que más opción tenían de ganar, y en parte porque dicha polarización fue creada e impulsada por los mismos contendientes. Noboa quería representar el anticorreísmo y González pretendía representar el antinoboísmo. La votación que obtuvieron, en gran parte, resultó más por el “anti”, antes que por el “pro”.
En la segunda vuelta electoral Daniel Noboa gana las elecciones con una diferencia aproximada del 11 % de votos frente a Luisa González, y esa diferencia, incluye nuevamente, un caudal de votos importante motivado en el anticorreismo y otros factores. Nos referiremos a algunos.
El correísmo de hoy nada tiene que ver con el inicial Movimiento Patria Altiva y Soberana (Alianza PAIS) y sus postulados de la revolución constitucional, ética, económica y productiva, educativa y de salud, y revolución para la dignidad, soberanía e integración latinoamericana. El Movimiento Alianza País, se transformó en correísmo y de una propuesta social, humanista y ambientalista, transitó, ya en el gobierno, luego de los dos primeros años iniciales, a una gestión caracterizada por la modernización, el autoritarismo y la corrupción.
La revolución ciudadana se vació de su contenido originario y compartió la trayectoria del “progresismo” en Latinoamérica, tendencia que hoy está en decadencia. La teoría y práctica de esta tendencia ha sido ampliamente analizada en la región, al igual que los periodos de gobierno de Correa.
En este sentido la candidata González no logró consolidar una percepción de independencia de Correa, por el contrario, ella misma le señaló como su primer asesor, y este personaje cubrió con su sombra a la candidata y por extensión de otros miembros de la cúpula del movimiento incluyendo a Jorge Glas.
De otra parte, amplios sectores ciudadanos percibieron la candidatura de la Revolución Ciudadana sin las condiciones para lograr la seguridad jurídica y peor para enfrentar a la delincuencia organizada, las mafias del narcotráfico y su penetración en el sistema político, factores que, como señalé en un artículo anterior, constituye el factor determinante, que impide avanzar en la recuperación económica.
Así mismo, causó un fuerte estrago, las declaraciones de algunos militantes de la RC 5, relacionados con los “ecuadólares”, la emisión de dinero electrónico, las malas referencias al sistema del dólar y la utilización de las reservas internacionales, sin precisar sus alcances, lo que trajo preocupaciones sobre la posible afección a la “dolarización” y en general a la situación de la economía del país, a más de otras equivocaciones graves que se cometieron en la campaña de Luisa González y que explican su derrota. Otro análisis particular merece el comportamiento electoral del movimiento indígena.
Es momento en que los actores sociales y políticos hagan una profunda reflexión donde prime la autocrítica y no las justificaciones vanas. El presidente reelecto debe valorar correctamente los factores de su victoria electoral. Muchos votos fueron por reacción al correísmo. La votación obtenida no es un cheque en blanco y está obligado a revisar la política económica, ambiental, social y de seguridad. Se debe superar la arbitrariedad jurídica en todos los ámbitos de gobierno y de la administración pública. La arbitrariedad atenta a los derechos y las propias inversiones. Que no haya lugar para la vanidad y la soberbia. Hay que gobernar con rectitud y honradez para el pueblo y respetando la Constitución.
* Asesor Jurídico de la Fundación PRODESARROLLO.



Muy bien, al fin un buen articulo en este medio.