"Ante tal conjunto de circunstancias, los pueblos originarios son considerados estorbos o peligros por los Estados nacionales, que en la hora presente ejercen un racismo más abierto que nunca. Un clasismo descarado. Un autoritarismo sin contrapesos. En los países andinos y sobre todo el extremo sur se les persigue como “terroristas” cuando protestan o resisten. Lo que pretenden los Estados nacionales, y en el fondo real el capitalismo global, son los territorios de los pueblos, sus riquezas naturales. Sobre las amenazas cumplidas, y las pendientes, de desalojo, extraccionismo, manipulación religiosa y genocidio “blando”, les caen las afectaciones ambientales por el desquiciamiento global de un planeta hipercontaminado que se calienta, enfría, seca e inunda a escalas inusitadas. Los pueblos originarios y campesinos que viven todavía y resisten, desde el Polo Norte inuit hasta la Araucanía mapuche son la última barricada y la última frontera de la Madre Tierra, la Pachamama."