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lunes, agosto 3, 2026

ALGUNA VEZ TODOS SEREMOS MARROQUÍES. – Guadi Calvo.

Linea Internacional*

03 de agosto 2026

Observar la crisis “migratoria” que se acaba de producir en Ceuta como una cuestión puntual, es quedarse mirando unos granos de arena en las puntas de los dedos, mientras ignoramos el desierto que se nos está viniendo encima desde hace décadas. Porque lo de la semana pasada de migratorio no tiene nada, y todo lo tiene de una grave crisis humanitaria.

Será cuestión de Pedro Sánchez y su gabinete la manera de entender el mensaje que le envió Mohamed VI, por intermedio de esos cuarenta o setenta mil muchachos que llegaron, menos los cien que se ahogaron a riesgo de todo hasta la playa de Tarajal, con la única intención de golpear a su gobierno “socialista” y ver cómo responder con gentileza al remitente.

Quizás, en este caso, como muchos creen, a diferencia casi idéntica de la crisis del 2021, el rey marroquí no hizo otra cosa que retransmitir el mensaje de Donald Trump, por algún quítame de ahí esas pajas, que mantienen la Moncloa y la Casa Blanca, que ha recrudecido con la negativa española de elevar el gasto militar que les exige a todos los miembros de la OTAN el azafranado presidente. O la prohibición del uso de las bases de Morón y Rota, al inicio de la guerra contra Irán, o las críticas del ejecutivo español al genocidio perpetrado por los sionistas en Gaza. Además, hay una clara intención de desacomodar a Sánchez para beneficiar a VOX y al Partido Popular, que sabemos que son aliados en las elecciones del próximo año. Porque si España al fin llegase a ser expulsada del Espacio Schengen, y sus 50 millones de nacionales se convirtieran de buenas a primeras en “espaldas mojadas”, así le va a ir a Pedrito, playlist de por medio.

Pero, hasta aquí seguimos mirando la arena pegoteada en las yemas de los dedos, mientras millones se preparan a llegar ya no solo a Tartajal, ya no solo a España, sino a toda Europa, y cuando en este caso se dicen millones, es porque son millones los que se acumulan desde Marruecos a Turquía, sostenidos a fuerza de los miles de millones de euros que cada año la Unión Europea (UE) deposita en las cuentas oficiales y seguramente también en las no oficiales de muchos jefes de Estado de toda la cuenca sur del Mediterráneo sirve para que los desangelados llegados de cada rincón de África y Asia no cumplan con el sueño de comer al menos una vez por día y sean mantenidos a fuerza de esos sobornos, hacinados en brutales barracas y campamentos, mientras esos mismos gobiernos que cobran por diestra y más por siniestra, amparándose ahora en la teoría del gran reemplazo, lo que el genio francés Renaud Camus descubrió en 2017 y alertó acerca del plan maestro, pergeñado casi a escala universal, para que a cuenta gota o a la bruta, como en Ceuta, extranjeros se instalen, funden, proliferen descendencias y en un par de generaciones se les queden con el país que tan gentilmente les dio acogida.

Los problemas no son ni los Mohamed, ni los Trump, ni los Netanyahu. Mucho menos son los desplazados, los refugiados o los migrantes, como sea la manera correcta de llamarlos; el problema son los que han permitido que esto haya llegado hasta el llegadero, y no se haya pensado antes las consecuencias de no haber impedido que los motores de expulsión, que han sido las guerras promovidas en África y Asia, por impedir el establecimiento de una ideología o una religión a la dominante, o fundamentalmente para poder saquear a su antojo sus recursos naturales. Fenómeno que ha hecho que millones de campesinos se quedaran sin sus tierras y millones de pastores sin sus animales, desde el sudeste asiático a mucho más allá del Sahel, sin que se enteren de que el espejismo de llegar a la Europa contenedora ya no existe.

La Europa burguesa, aterrada por las gigantescas olas migratorias que comenzaron a llegar a partir de 2012, de las que ya cerca de 60 mil han rendido tributo en el Mediterráneo, ha decidido mudarse a los treinta y los cuarenta del siglo pasado, y volverá a ondear las viejas banderas decoradas de bellas y exquisitas esvásticas y fascios, para volver a enviar a los hornos crematorios a cualquier diferente. Convengamos, Brecht, lo hizo de nuevo.

Parece que en Bruselas ignoran las guerras, la miseria y el cambio climático, porque nadie busca otra solución salvo encerrarse, sabiendo que sus defensas no son invulnerables. La pregunta es si en algún despacho de la OTAN o la Unión Europea calculan la cantidad de oleadas que puedan resistir las empalizadas electrificadas de alambres de púas y de millones de euros, cuando por fin aquel desierto que viaja a la velocidad del viento termine de taparlas y las atraviese empujado por las guerras, la miseria y el cambio climático, que nadie parece registrar mientras que en este momento están sucediendo.

>Solo por tomar algunos muy pocos ejemplos, que, aunque muy pocos, significan cientos de millones de almas. ¿Qué creerá Bruselas acerca de lo que harán los 14 millones de desplazados internos y los tres que ya estaban fuera del país, que se han generado en los tres años de guerra civil que lleva Sudán, que cuenta con casi la misma población de España? Si esa guerra alguna vez termina, ¿a dónde volverán? Porque el país está literalmente devastado y ponerlo en marcha puede llevar muchas décadas y una cantidad incalculable de recursos que obviamente nadie dispone. ¿A dónde irán los millones de sahelianos, si la guerra que impulsan Washington, París y Kiev termina con la victoria de los terroristas que se van a dar el gusto de fundar un Afganistán en el corazón de África, o los 20 millones de somalíes a los que esos tres jinetes del apocalipsis obliguen a muchos a escapar de su país, que, por otra parte, ya sabemos, hace décadas ha dejado de existir?

 

Y ni hablar de Asia, donde ya se está planteando una nueva guerra contra el gobierno de los talibanes, otros 37 millones de almas, otra vez en conflicto, por los mismos que asolan África. Ver. Afganistán, los murmullos atronadores de la montaña. ¿Qué vamos a hacer con los casi 180 millones de bangladesíes cuando, entre los monzones, el cambio climático y la corrupción, su país se termine de desintegrar sobre el golfo de Bengala? Y ni hablar de Narendra Modi, el Primer Ministro de India; si pudiera cumplir con el más húmedo de sus sueños, vaciaría de musulmanes su país, más contados unos 220 millones.

Alcanzarán las alambradas y los sobornos, o se pondrá en práctica una solución final que termine de una vez por todas de una manera práctica y contundente con los pobres. Gaza, sin duda, ha sido un banco de pruebas para que cosas similares puedan ir sucediendo en diferentes lugares, donde el número de desangelados desborde los niveles consentidos por Occidente, que ya no consiente a nadie, mientras que también en América Latina los Milei, los Fujimori, los de la Espriella, los Noboa y los Kasts alisten a millones de los suyos, para que finalmente alguna vez todos seamos marroquíes.

* Tomado del Facebook de Línea Internacional

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