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viernes, marzo 6, 2026

A PROPÓSITO DEL “ESCÁNDALO” DRAG EN UNA EX CAPILLA DE QUITO – Atawallpa Oviedo Freire

O por qué ciertos ofendidos deberían revisar la historia antes de rasgarse las vestiduras

03 de diciembre 2025

Han pegado el grito en el cielo —su cielo, por supuesto— los defensores de “lo sagrado”, porque una obra drag se presentó en una antigua capilla de Quito. Según ellos, el espacio fue “profanado”. Qué delicadeza tan súbita. Qué memoria tan selectiva. Nada como una peluca, un tacón y un reflector para activar la santidad instantánea de quienes jamás dijeron una palabra cuando su Iglesia profanaba, arrasaba y pulverizaba toda espiritualidad que no cupiera en su catecismo.

Porque seamos serios: si hablamos de profanación, la Iglesia y sus ancestros llevan cinco siglos de monopolio absoluto. No son 500 años: son milenios de espiritualidad indígena destruidos con una eficiencia que hoy envidiaría cualquier corporación minera.

1. “Idolatría”: la genial excusa para destruirlo todo

La palabra “idolatría” fue la navaja multiusos del siglo XVI: herramienta teológica, justificativo político y licencia para robar sin culpa. No describía nada: borraba. Una vez que te colgaban el rótulo de “idólatra”, ya estaba permitido: destruir tus templos, robar tus bienes, romper tus huesos, esclavizarte, vigilarte y “reeducarte” para que amaras al dios del invasor. Todo muy espiritual, por supuesto.

2. La invasión de las wakas: el manual de operaciones colonial

Los cronistas, con la frialdad de quien describe cómo se pela una fruta, relatan el procedimiento estándar:

a) Ubicar el lugar sagrado —mediante informantes, amenazas o, si era necesario, arrancar la información a golpes.
b) Profanarlo: quemar ofrendas, romper estatuas, desenterrar momias, destruir todo rastro de memoria.
c) “Purificarlo” con oraciones católicas para expulsar al supuesto demonio.
d) Levantar de inmediato una capilla o iglesia encima. Nada simboliza mejor la dominación que construir tu templo sobre los huesos del anterior.

3. La Inquisición americana: evangelizar a quemarropa

Entre los siglos XVI y XVIII, las campañas de extirpación de idolatrías barrieron con ceremonias, encarcelaron a sacerdotes indígenas, destruyeron objetos rituales y persiguieron a quienes osaban mantener viva su espiritualidad. La hoguera no era metáfora: era metodología.

4. La violencia simbólica: cambiar el cosmos para cambiar al pueblo

Los invasores entendían algo fundamental: si la espiritualidad indígena estaba unida a la tierra, destruir sus lugares sagrados significaba destruir su relación con el territorio. No era solo “fe”: era una cosmología que sostenía la vida.

La acusación de idolatría dejó cicatrices profundas: territorios robados, lenguas silenciadas, documentos sagrados quemados, miedo heredado. Y aun así, la resistencia sigue respirando. El fuego no se apagó.

Porque lo que llamaron “evangelización” fue, en realidad, una colonización del alma. Un asalto religioso. Un intento sistemático de apagar la memoria, la identidad y el pulso comunitario de los pueblos.

Y ahora, cinco siglos después…

…los mismos herederos de esa maquinaria de destrucción se ofenden por una obra drag en una ex capilla.

Profanación, dicen.
Profanación, ellos.
Profanación… ellos.

Sería gracioso si no fuera tan obscenamente irónico.

Antes de reclamar por un tacón en un altar abandonado, podrían empezar por tener sangre en la cara por haber edificado iglesias sobre templos milenarios.

Pero claro: para eso sí que no les alcanza la sensibilidad.

Ni la memoria.

Ni la vergüenza.

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1 COMENTARIO

  1. El autor incurre en una falacia llamada de patronicidad es decir establece patrones del pasado para explicar el presente. No señor los mestizos no somos culpables de lo que hayan hecho nuestros antepasados españoles contra nuestros antepasados indígenas ni nuestros antepasados incas contra nuestros antepasados originarios, etc., etc.
    El punto que hace pocos días un grupo LGBTXYetc. realizó un espectáculo que raya en el feismo y que desagradó a mucha gente y para mi no es importante si eso puede ser considerado “profanación” o no. Lo más importante es que esos grupos forman una pequeña minoría de la población y entre sus objetivos nada santos están aunque posiblemente no lo acepten la hormanización infantil llamada “cambio de sexo” o “de género” (las mal llamadas “infancias trans”). Si bien es probable que ese espectáculo directamente no induzca o haga propaganda de esa nefasta práctica se debería limitar el acceso a esos escenarios de esos grupos.
    Por otro lado, resulta insólito que la Alcaldía de Quito con nuestro dinero de apoyo a estos grupos. Si realizan esta clase de espectáculos debe ser en escenarios privados y para las personas que disfruten del feismo.

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