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jueves, marzo 5, 2026

CARTA ABIERTA A LEONIDAS IZA – Atawallpa Oviedo Freire

 

02 de enero 2026

Leónidas Iza:
Tu elección como presidente de la ECUARUNARI no solo confirma tu peso político, sino también una contradicción histórica que el movimiento indígena no ha querido enfrentar con honestidad: se sigue luchando contra el colonialismo usando exactamente sus mismas formas de poder.

La ECUARUNARI —como gran parte de las organizaciones indígenas— continúa operando bajo una lógica piramidal, vertical y dirigencial que es profundamente eurocéntrica. Las decisiones no emergen realmente desde las comunidades hacia arriba; siguen bajando desde la dirigencia hacia las bases. Se habla en nombre del pueblo indígena, pero no se construye el poder desde él. Esa no es una falla menor: es una traición estructural a la forma política ancestral.

El problema no es solo el discurso confrontacional o la estrategia de choque; el problema es más profundo: la organización indígena ha sido colonizada en su forma. Se ha adoptado el modelo del partido, del caudillo, del representante ilustrado que “sabe” lo que el pueblo necesita. Exactamente el mismo esquema que el Estado criollo ha impuesto desde hace siglos.

No se está trabajando para restituir el sistema político confederado precolombino —horizontal, comunitario, rotativo, territorial— sino para disputar espacios dentro del Estado colonial. Se prepara a las organizaciones y sus dirigentes como trampolín para acceder a ministerios, curules o cargos, no para fortalecer el sistema de comunidades como verdadero sujeto de poder. Así, la lucha deja de ser ontológica-epistémica y se vuelve administrativa.

Ese camino no es Pachakuti: es repetición histórica. No es retorno al orden propio: es adaptación al orden impuesto.

La falsa democracia liberal vuelve a presentarse como horizonte, ahora con rostro indígena.
Pero un indígena administrando o participando de un Estado colonial no descoloniza nada. Solo cambia el administrador del mismo aparato eurocéntrico, centralista y dominador. La historia latinoamericana está llena de estos fracasos: movimientos que entraron al Estado creyendo transformarlo y terminaron siendo absorbidos por él.

El Pachakuti dejado por nuestros abuelos no fue un llamado a “tomar el poder” del Estado colonial, sino a desandar el camino de la colonización, a reconstruir desde abajo el tejido comunitario, la autoridad colectiva y la confederación de pueblos. No era una promesa de gobierno, sino un camino de retorno estructural y existencial.

Mientras la ECUARUNARI no rompa con la lógica piramidal, mientras no devuelva el poder real a las comunidades, mientras no deje de pensar la política como acceso al Estado y empiece a pensarla como restitución del orden propio, seguirá atrapada en la matriz que dice combatir.

La pregunta ya no es si la lucha es justa —lo es—, sino si el camino elegido no conduce exactamente al mismo lugar de siempre. La historia no absolverá a quienes, teniendo la posibilidad de volver al sistema ancestral, eligieron administrar la colonia.

Ahí está el límite. Y también la posibilidad de un verdadero Pachakuti.

Atawallpa Oviedo Freire
TAKI ONKOY EN MOVIMIENTO

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1 COMENTARIO

  1. Interesante carta pero insuficiente, jamas se podrá retroceder a la época precolombina ni preincaica que sería mas deseable. Sin embargo, ademas de reestructurar la organización indígena con las comunidades, es hora de establecer en una ley las propiedades comunales y su manejo. De otra manera, la ambigüedad legal contribuirá a la corrupción dentro de las comunidades.

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