12 de septiembre 2025
Los resultados de las últimas encuestas sobre la valoración de la población a la gestión gubernamental indican que, a pesar de la crisis multisistémica (seguridad, educación salud, vialidad, empleo, deuda, etc.) del país, Noboa mantiene al menos un 45% de valoración positiva. Cifra que no es mala para un gobierno que en dos meses cumple 2 años en la administración del Estado, y al contrario de dar respuesta a los problemas del país, los ha empeorado a niveles críticos. Los analistas no logran explicar estas cifras, tomando en cuenta que el expresidente Guillermo Lasso cayó en su aprobación antes de cumplir un año de gestión, a pesar del programa de vacunación contra el COVID-19.
La estrategia de la tarima, ligada al permanente estado electoral – 4 vueltas electorales, 1 consulta popular y otra a las puertas en apenas dos años – no alcanza a explicar el sostenimiento de la aprobación. El uso intensivo de redes sociales para publicidad del gobierno donde participan un ejército de bots, “medios” digitales, la esposa del presidente, la madre del presidente, la tía del presidente y el conjunto de ministros millennials expertos en la lógica del influencers, dan una explicación parcial a los indicadores de aprobación. Los actos de efecto mediático como la toma de TC televisión, la invitación al mercenario Erik Prince, la foto con Donal Trump y Netanyahu – señalado como criminal de guerra por la Corte Penal Internacional y como un genocida por la opinión pública global-, la pelea unilateral con la Corte Constitucional, y las marchas que está organizando no logran explicar el respaldo que sostiene. Ni siquiera la destemporalización de la información que no permite concluir una opinión, explica los indicadores positivos.
Según las encuestas hay aproximadamente un 25% de la población que, frente al problema de la inseguridad y el deterioro de la salud pública, responde que eso no se va a solucionar y que hay que vivir con ello. Este es el dato que considero da las pistas para explicar el apoyo a Noboa, más que el 47% que dice que las cosas mejorarán en el largo plazo. Es ese 25% que se resigna el que me permite entender la valoración aún positiva de la gestión de Noboa.
Al igual como el neoliberalismo creo una subjetividad dispuesta a aceptar la sobreexplotación y la auto explotación laboral al transformar el trabajo en capital humano, con una serie de dispositivos biopolíticos, el actual necroliberalismo está construyendo una subjetividad dispuesta a aceptar su propio sacrificio, con un conjunto de dispositivos necropolíticos. El momento en que las personas reconocen que las cosas no van a cambiar, y que por lo tanto hay que acostumbrarse a vivir con la violencia y la destrucción de la salud pública, están aceptando esa situación. No dice: “las cosas no cambiarán por lo tanto hay que hacer algo para cambiarlas”, no se indignan porque el gobierno no va a cambiar las cosas, las aceptan como inevitables y se resignan. La política del miedo y las noticias diarias de la criminalidad y la corrupción, hacen de la violencia y del asesinato simbólico y biológico una fatalidad. En otras palabras, construyen una subjetividad que acepta el asesinato social, cultural y biológico como un destino que no es posible evadir, solo queda resignarse y aceptarlo.
No creo que la imagen de los líderes de la ultraderecha latinoamericana como Bukele, Milei, Bolsonaro o Noboa sea un referente para alcanzar: el empresario exitoso. Creo que es un signo de aquel poder que decide cuándo voy a morir o cuánto tiempo tengo permiso para vivir. Son emisarios del poder de muerte, no es casualidad que Milei use el signo de la motosierra y Noboa el del machete, dos herramientas que son usadas para asesinar lo público. No olvidemos que la imagen de la Parca o el Segador lleva una guadaña para anunciar la muerte. Tengo la impresión de que transitamos de la subjetividad del emprendedor a la del condenado a muerte, esa es la transformación operada con la llegada del necroliberalismo. Las cifras positivas de Noboa, pese a que su gobierno lleva al país a su colapso, creo que no muestran apoyo a su gestión, sino resignación. La misma resignación que se observa en los personajes de las películas de catástrofes o en las series de los narcos. La misma resignación que se observa en los condenados a muerte quienes aprenden a vivir esperando el arma asesina que terminará con su vida.
No creo que sea el tiempo de disputar el referente de futuro, creo que debemos disputar el presente y luchar por el derecho a vivir y morir con dignidad, el derecho a no necesitar permiso para vivir, el derecho a no ser asesinados, el derecho a tener derechos. Creo que debemos luchar para que ese 25% que se resigna a la violencia y el asesinato no crezca.



Es culpa de Correa. Si, es culpa de Correa, quien ni siquiera es de izquierda quien de joven pertenecio al grupo de los gustavinos de Gustavo Noboa, afin al Opus Dei, al que pertenecio tambien Dahik. Si, Correa posiciono la idea de que la izquierda es mala sin ser de izquierda. El correismo es solo una mafia que pretende crear una nueva oligarquia delincuencial aliada a los narcos y quedarse para siempre en el poder como sus amigos de Venezuela y lo unico que tienen de izquierda es saberse las loas al Che Guevara.