13 de agosto 2025
El plástico llegó y se instaló en nuestra cotidianidad. Alcanzó una versatilidad que le ha permitido colarse en cada detalle humano posible, pero esa misma ductilidad es la razón de una preocupación mundial porque está invadiendo playas, mares, océanos, ríos, montañas, desiertos, la Antártida, nidos de pájaros, la placenta, cerebro y testículos humanos, millones y millones de plásticos, microplásticos, nanoplásticos, que se desechan en el mundo haciendo insostenible su producción, consumo y posibilidades de reutilización, haciendo imposible la capacidad de predecir todas las consecuencias.
La revista National Geographic ha denominado a este momento de la humanidad como el “Homo Plasticus”, otros le dicen la “era del plásticoceno”, ambas metáforas evidencian las grandes afectaciones a la misma humanidad como la salud y la biodiversidad, afecciones que se esconden para proteger a la industria plastiquera (petroquímica), uno de los grandes poderes económicos. Si el escenario actual se mantiene, la contaminación por plástico que se ha acumulado en el ecosistema mundial desde 1950 podría costar entre 13,7 y 281,8 billones de dólares en daños medioambientales entre 2016 y 2040.
Desde el 5 al 14 de agosto se lleva a cabo la quinta ronda de negociaciones (INC-5-2) del Tratado Global de Plásticos en Ginebra (Suiza), escenario en el que los países especialmente del sur global, entre ellos el Ecuador, esperan un documento legalmente vinculante que cubra todo el ciclo de daño de los plásticos, desde la extracción de combustibles fósiles hasta la fabricación, uso, eliminación o vertido de plásticos, desde donde se propagan al medio ambiente y permanecen de una forma u otra para siempre.
El Tratado Global de Plásticos –equivalente en importancia al Acuerdo de París sobre el cambio climático– tendrá éxito si incluye la obligación de “reducir la producción de plástico y el apoyo de la rápida ampliación de los sistemas de basura cero como la reutilización, el rechazo a las falsas soluciones como los créditos de plástico y el reciclaje químico, y centrarse en la experiencia y el conocimiento tradicional de los recicladores, los pueblos indígenas y otras comunidades afectadas para lograr una transición justa hacia un mundo con menos plástico, donde las personas tengan medios de vida seguros y dignos en una economía que garantice niveles justos de límites planetarios y salvaguarde los derechos humanos para las generaciones actuales y futuras”, señala en un comunicado la Alianza Basura Cero Ecuador (ABCE).
La gran mayoría de los países que participan en el proceso de negociación se han mostrado abiertos a incluir objetivos de reducción de la producción en el Tratado. Sin embargo, una pequeña pero poderosa minoría, compuesta principalmente por países productores de combustibles fósiles, ha intentado sabotear las negociaciones con tácticas dilatorias y argumentos de que la contaminación por plásticos comienza en la fase de eliminación. Para esta etapa se han inventado el “reciclaje” químico, los “créditos de plástico” y otros sistemas como los de incineración de residuos, que no son una solución a la crisis mundial por plásticos, porque no la disminuye.
“No es más limpio el que más barre, sino el que menos ensucia”, dice la sabiduría popular, esta frase resume lo que debería ser la cadena de reducción del plástico: generar menos y descartar menos. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la industria petroquímica representa el 18% de todas las emisiones de CO2 del sector industrial, o el 5% del total de emisiones de CO2 relacionadas con la combustión. Para no rebasar el límite de 1,5º C fijado por el Acuerdo de París, la producción primaria de plástico debe disminuir al menos entre un 12% y un 17% al año, a partir de 2024. Por ello, la ABCE apoya la propuesta denominada 40×40, es decir “una reducción del 40% de la producción de plástico hacia 2040, disminuir la demanda anual de plástico primario en 371 millones de toneladas en comparación con la situación actual, lo que supone una reducción acumulada de 2.700 millones de toneladas en 25 años”.
En lugar de plantearse una meta de reducción de la generación, consumo y descarte del plático, ahora proliferan falsas soluciones para la desaparición mágica de plásticos a través de la incineración, pero una tonelada métrica de plástico en una incineradora produce casi una tonelada de emisiones de CO2, teniendo en cuenta la producción de energía del proceso. A escala mundial, la quema de envases de plástico añade 16 millones de toneladas métricas de GEI (Gases de Efecto Invernadero) al aire, lo que equivale al consumo eléctrico de más de 2,7 millones de hogares durante un año.
La salud de la especie humana está en riesgo:
Se ha encontrado plástico en nuestros alimentos, agua, sangre, cerebro, heces y sistema digestivo. Investigadores de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología de Trondheim identificaron 16.325 sustancias químicas individuales en los plásticos, entre ellas 5.776 aditivos, 3.498 coadyuvantes de procesamiento, 1.975 sustancias de partida y 1.788 sustancias añadidas de forma no intencionada. Utilizando un enfoque basado en el riesgo, se determinó que más de 4.200 eran sustancias químicas preocupantes, por ser persistentes, bioacumulativas, móviles o tóxicas. Una de esas sustancias es el bisfenol (BPA), se encuentra en las botellas, recipientes de almacenamiento, en latas de alimentos y su uso ha generado problemas hormonales, reproductivos y de desarrollo.
La biodiversidad en peligro:
No hay un lugar en el mundo libre de plásticos, desde la Antártida hasta lo más profundo de los océanos, cada año al menos 14 millones de toneladas de plástico terminan en el mar, tanto en la superficie como en aguas profundas. Científicos de la Universidad de Utrecht han encontrado nanoplásticos desde las zonas costeras hasta el centro del océano y a diversas profundidades. Su pequeño tamaño les permite ingresar fácilmente en organismos y tejidos a través de la piel, pulmones y tracto gastrointestinal. Se incorporan a la cadena alimentaria a través del consumo de alimentos contaminados como peces, mariscos y otros productos del mar.
En el marco de las negociaciones con comitivas oficiales, hay 618 organizaciones de la sociedad civil, que vigilan que las negociaciones no se descarrilen hacia falsas soluciones o medidas parche.
En este segundo intento de quinta ronda (por eso 5-2) de negociación del Tratado Global de Plásticos, los países tienen la oportunidad de lograr acuerdos importantes, que podrían evitar una contaminación catastrófica y afirmar un futuro más justo y equitativo que anteponga la vida humana a las ganancias corporativas porque en realidad el “homo plasticus” no es sinónimo de adaptación, sino de muerte. 



