Por Hugo el búho

Habrá que aplaudirle al ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, que conjuga el verbo rebuznar de memoria. Habrá que felicitarle por lo pilas que es. No se iba a perder la oportunidad de vacunarse siendo una especie de iluminado de la salud pública. “En homenaje a los médicos que han muerto y se han sacrificado”, él se arriesgará y pondrá el hombro, vacunándose, a pesar del riesgo que implica. Claro, no ven que no se ha comprobado si la vacuna es eficiente para deficientes mentaficientes. 

Por Andrés Gómez

Hasta 1938, en Ecuador la penalización del aborto estaba sujeta a la moral pública y a la honra de la familia. En ese año, el entonces nuevo Código Penal tenía como su centro de protección jurídica, en casos de aborto, a la vida.  En este código penal se despenalizó el aborto en caso que corra riesgo la salud o vida de la mujer embarazada, y también, en el caso de que la mujer tenga alguna discapacidad mental[1].

Por Carlos Terán Puente*

El Código Orgánico de la Salud (COS) regresó al limbo por el veto presidencial. Ha transcurrido casi una década, dos gobiernos y una media docena de ministros de salud sin capacidad  articular un código para el sector. Se evidencia la ausencia de una visión compartida, de un proyecto sanitario nacional que resuelva los conflictos de interés entre dos paradigmas: salud-derecho y salud-mercancía. No se dispone de un marco normativo que garantice el bien común. El Acuerdo Nacional por la Salud Pública Ecuatoriana, la Mesa de Salud del Pacto Social por la Vida, expresan la importancia de impulsar un proceso social por la salud colectiva. La Cumbre Salud Nacional Ecuador, realizada el 14 y 15 de Octubre 2020, ofreció valiosos insumos para el debate sin aparcamiento en instancias partidistas o electorales. La salud colectiva merece un proyecto pensado y puesto en marcha por la sociedad, sin supeditarlo a los tiempos legislativos ni a efímeros gobiernos. Es asunto de Estado y en éste, la soberanía es de la sociedad y sus organizaciones; la Constitución lo dice.

Por Jaime Chuchuca Serrano

Un tema altamente controversial durante la pandemia han sido las cuarentenas. Solo después de casi un año de haberse aplicado indiscriminadamente, (algunos países tuvieron 5 meses de confinamiento seguidos o más), David Nabarro, encargado europeo de la Organización Mundial de la Salud, indica: “en la Organización Mundial de la Salud no abogamos por las cuarentenas como el principal medio de control de este virus”, debido a que “demasiadas restricciones dañan los medios de subsistencia de las personas y provocan resentimiento”. Igualmente, sostiene que la disponen “para reorganizar, reagrupar y reequilibrar sus recursos, y para proteger a los trabajadores de la salud que están agotados. Pero, en general, preferimos no hacerlo”.

Por Carlos Terán Puente*

Al gobierno le salió una. Chiripazo, se diría en el juego de canicas en el recreo escolar.  Con la obvia intervención del ministerio del ramo, vetó entero el Código Orgánico de la Salud. La Asamblea Nacional aprobó este instrumento y esperaba, cuando más un veto parcial. Pensaron que era lo mejor que habían hecho. Seguro, fue su mejor esfuerzo. 

Por Tomás Rodríguez León

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia el 11 de marzo del 2020; China fue el escenario  primario con un indicador relativo de  81 181 casos con 3 277 fallecidos y  una tasa de mortalidad de 4,04 %;  en  Italia y España colapsaron los sistemas de salud y  superaron el número de fallecidos de la China; luego EE.UU. registró irrefrenablemente el primer lugar en número de infectados y muertes a nivel global; en Ecuador, el primer caso  fue el 29 de febrero del 2020, el 13 de marzo se notificó su deceso y hoy tenemos una de las tasas de mortalidad más altas.

El año veinte del siglo XXI transcurre con la primera “pandemia global” –valga la tautología- que afecta a la especie humana. El SARS-CoV2 es el protagonista y ocasionó una peste de tal propagación, que todas las anteriores no alcanzaron. Ha demostrado suficiente poder para enfilar a la humanidad en un largo, doloroso y conflictivo tiempo. Aunque no tendrá la mortalidad de la precedente, la “gripe española”, se ha catalogado como “la emergencia sanitaria más importante de los últimos tiempos”(1).

Por Jaime Chuchuca Serrano

Cuando de niños leíamos o escuchábamos noticias sobre posibles guerras virales, nunca se relataban sobre los oponentes. A diez meses del primer brote de covid-19, los oponentes siguen siendo difusos, aunque los ganadores del capital están a la luz pública. La pandemia no es solo un concepto médico, hoy es, sobre todo, geopolítico, económico, filosófico, psicológico, cultural, ideológico, educativo, comunicativo y atraviesa la estructura de la sociedad para entrelazarse con las dinámicas objetivas y subjetivas de la reproducción. 

Por Ela Zambrano

Esta semana, el Estado ecuatoriano recibió la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, mediante la cual se le responsabiliza por la violencia sexual que sufrió la adolescente Paola Guzmán Albarracín durante dos años, frente a la indiferencia de los sistemas educativo, judicial, y quien encontró como única salida, la muerte.  

Por Tomás Rodríguez León

Se comprende mejor la situación pandémica  si se reconoce  la relación de los sistemas locales con las agencias internacionales de salud, en ellas se  observan los vínculos  de las metrópolis con las periferias, esquema secular  de una  historia  que  sigue lastimando.  La teoría crítica de la descolonización planteada por Frantz Fanon no admite  postcolonialidad, la realidad global  moderna aún es colonial. Se presenta una nueva versión del mapa político y económico donde se ratifica el modelo opresivo  que tributa al sistema industrial europeo-norteamericano. Pero surge una nueva polaridad  que parece  reeditar el conflicto entre dos modos de producción: el capitalismo imperialista y la nueva versión de socialismo de mercado.

Por Hugo, el búho

Ese debería ser el titular después de ver la fotografía del ministro de salud, Juan Carlos Zevallos, junto a su asesora, Gabriela Gómez, en un club privado de Playas Villamil. Habría que darle un premio: la palmera de oro, el ceviche engreído o el pargo desbocado. Sus colegas ni duermen para poder atender a la cantidad de personas infectadas con covid-19, pero el Juan Carlos Zeta no se anda con sentimentalismos. Los hospitales pueden estar colapsados, los médicos sin sueldo, sin implementos de bioseguridad, no dar abasto, los contagios estar en curva ascendente, pero son pequeñeces ante lo que significa el sol y la arena. Un ministro y su asesora (heredado de Santiago Cuesta) en la playa es cosa seria. 

Por Jonathan Báez Valencia*

La lógica del recorte y ajuste del sector público es la principal característica del gobierno del mandatario ecuatoriano, Lenín Moreno. Una posición que cobró la vida de alrededor de 5 532 ecuatorianos confirmados por coronavirus y 3 444 probables debido a los recortes y despidos en el sector de la salud realizados antes de la pandemia. No obstante, la situación no se detuvo allí. El análisis del gasto efectuado en este sector durante el primer semestre de 2020 (enero-junio), principal período de la pandemia, muestra que este fue menor en comparación al mismo lapso de tiempo en 2019.

Por Paúl A. González y Fernando Bajaña*

Se ha convertido en algo frecuente observar en publicaciones de diarios y revistas, la exposición de un discurso sobre la condición humana que resalta una concepción individualista del hombre. En ese aspecto, a la hora de justificar dicha sentencia, no se escatima en la búsqueda de premisas y supuestas evidencias en la más amplia diversidad de disciplinas y campos del conocimiento. Por un lado, es común advertir sendas interpretaciones reduccionistas de las dinámicas evolutivas, en las cuales se pasa por alto la determinante influencia de las mutaciones genéticas y las afectaciones ambientales en el desarrollo y permanencia de las especies, para concentrarse en el clásico estribillo de que en la naturaleza “sobrevive el más fuerte”. El ejercicio referido, inclusive, llega hasta revisiones psicológicas, mediante las cuales se intenta probar una suerte de racionalismo utilitarista, según el cual los individuos de la especie humana están condicionados mentalmente a emplear criterios de maximización en la toma de sus decisiones.