Occidente  casi en su totalidad se podría estar equivocando en el manejo de la epidemia, no solo porque los indicadores de morbilidad y mortalidad siguen creciendo, sino porque además están trémulos ante las eventualidades de su impacto económico. Se ven así mismo casi en condición de rendición ante la economía China. Este país sale airosa habiendo sido el foco inicial de la pandemia.

Si la salud y la enfermedad son dilemas  esenciales en la vida de personas y pueblos, las epidemias son amenazas visibles a la existencia que se constituyen en componentes de crisis que agudizan  determinantes de la economía y la convivencia social, atravesando; valores, principios éticos, recursos naturales y el saber. Todo esto pone en reflexión la supervivencia del ser y del planeta.

Es una creencia generalizada pensar que de la crisis y los problemas suelen surgir nuevas oportunidades. Ojalá que la pandemia del coronavirus no se escape de esta afirmación, sobre todo cuando el confinamiento y el cierre de las actividades económicas tienen efectos diferenciados entre la población. Aunque la angustia y el temor por nosotros y quienes nos rodean están presentes en todos los seres humanos, hay quienes podrán soportar el confinamiento en una mejor situación que la gran mayoría de la población del planeta.

Con el desarrollo biotecnológico, el coronavirus es parte de una familia de tecnologías de poder que han aparecido en los laboratorios desde el siglo XX. No es el primer virus donde se aplica la biopolítica y el discurso del pánico global. Las plagas bíblicas guardan estrechos sentidos religiosos y políticos para el control de las poblaciones dentro de los discursos del orden social.

Diversas son las teorías que pretenden explicar el origen del coronavirus o Covid-19: las que advierten una guerra biológica por la disputa de la hegemonía mundial, las que culpan a los excéntricos gustos gastronómicos de los pueblos asiáticos e incluso aquellas que especulan sobre la mutación premeditada de la cepa en manos de las farmacéuticas para lucrar con las correspondientes vacunas.