07de octubre 2026
El poder nos impone falsedades, de todo tipo, como aquella de que la única democracia, o la mejor, es la representativa de la burguesía; nos inunda con mensajes al respecto. Pero la democracia burguesa está llegando a su fin, ya no respeta mínimamente sus propias reglas. Aquella “democracia” que sólo llama cada cierto tiempo a ejercer el voto para avalar a los grupos de poder y su enriquecimiento impúdico con los fondos públicos, esa “democracia” que avala y ejecuta masacres contra los pueblos que se levantan: se está desgastando rápidamente.
Desde siempre, pero más aún en los últimos años de redes sociales e inteligencia artificial en manos de las corporaciones informáticas globales; los grupos de poder, la gran burguesía, las oligarquías, han manipulado como han querido los procesos electorales.
No están muy lejanos los días en que los patrones revisaban el voto de los trabajadores de sus fábricas y haciendas antes de que fueran depositados en las urnas. Si el voto era “equivocado”, se rompía la papeleta y se llenaba otra con mano y puño del patrón o el capataz.
Aún hoy, continúa la entrega de puchuelas (fundas con baratijas y alimentos de las empresas del patrón, caridad de centavos, muñequitos con la figura de un presidente-candidato y otras acciones aún más rastreras) para captar el voto de última hora; con amenazas: “si me entero de que no has votado por mí (o por mis candidatos), ya vas a ver…”
Desde hace más de un siglo, en todo el mundo, la gente luchó por el derecho al voto. Y era una lucha justa. El voto lo ejercían tradicionalmente sólo los hombres blancos con cierto poder económico. Las mujeres lograron ejercer el voto en diferentes partes del mundo en las primeras décadas del siglo XX, en algunos países más tarde incluso. En el Ecuador, una valiente Matilde Hidalgo lo hizo en solitario el 10 de mayo de 1924, y unas semanas más tarde, el Estado ecuatoriano tuvo que reconocer ese derecho. Pero los “indios” y los “analfabetos” lo lograron sólo décadas después, recién en el año 1978, durante el llamado “retorno a la democracia”, cuando se eliminó el requisito de saber leer y escribir para ejercer el sufragio.
¿De qué ha servido la conquista del voto universal, si al final, sólo los ricos y poderosos, o sus lacayos (con pocas excepciones), pueden llegar a ser presidentes y vicepresidentes de la república, y gobernar a su antojo, para su clase? Y cuando un candidato del pueblo lo logra, en cualquiera de los países latinoamericanos, inmediatamente se disparan los planes de la CIA y el Pentágono de Estados Unidos de Norteamérica, para derrocarlos, con las mismas patrañas y artimañas, aunque con pequeñas variaciones. Lo hicieron con Jacobo Árbenz en Guatemala (1954), con Salvador Allende en Chile (1973), con Maurice Bishop en Grenada (1983) y Manuel Noriega en Panamá (a inicios de 1990); o más recientemente con Nicolás Maduro en Venezuela al comenzar el año 2026. Y hay otros casos más en Latinoamérica, sin mencionar los de otras latitudes, como Irán, Irak o Libia. Lo intentaron reiteradamente en diversos lugares. En Cuba no pudieron cuando invadieron la Isla por la bahía de Cochinos con un ejército de mercenarios financiados por la CIA (1961).
La izquierda y el progresismo que han optado por los procesos electorales en Latinoamérica, han sido exitosos en varias oportunidades en el presente siglo XXI, usando las mismas reglas e institucionalidad que las oligarquías montaron como sagradas, con el aval de la OEA y otros organismos internacionales. Y no sólo que coparon gobiernos locales o amplios bloques en los parlamentos, sino que llegaron a la presidencia de varios países, tratando de emular a Salvador Allende. Lamentablemente, una vez en el poder, no siempre fueron consecuentes con su discurso original. En muchos casos, como en el Ecuador, el progresismo liderado por Rafael Correa dio las espaldas a quienes lo llevaron al poder, persiguió y encarceló, prefirió alianzas con la “derecha con valores”, como suele decir Correa.
Esos reiterados triunfos del progresismo y la izquierda, en México, Venezuela, Colombia, Ecuador, Chile, Bolivia, Brasil, Argentina, Uruguay…, desataron las alarmas en Washington. No iban a permitir que el “comunismo” se tome el poder en toda Latinoamérica, su “patio trasero”; no iban a permitir otra Cuba. Se habían descuidado por un tiempo, priorizaron otras guerras y otros saqueos, en distintos lugares del mundo: Medio Oriente, África, los Balcanes. Cuando alzaron a ver, Latinoamérica se estaba pintando de rojo, o de colores aproximados. Había que responder con fuerza, con mano fascista, con criminalidad sionista y con manipulación tecnológica (tecno-terrorismo).
Los gringos, nunca ocultaron sus métodos terroristas para someter al mundo. Trump se enorgullece de ello; a coro con Netanyahu, reivindican sus prácticas criminales en Gaza, Irán, en las aguas del Caribe y del Pacífico Latinoamericano. Abiertamente se burlan y hacen tabla raza de los instrumentos jurídicos internacionales, creados en el marco de la ONU para la relación armónica de los Estados. Y en ese contexto, los actuales procesos electorales, ampliamente manipulados, terminan siendo caricaturas en la mayoría de los casos.
Lo intentaron incluso en las recientes elecciones legislativas en Rusia, que supo defender su proceso soberano ante esas arremetidas.
Los mecanismos son varios. Desde la cooptación de los tribunales o consejos electorales de diferentes países por parte de la ultraderecha, comprando a funcionarios con beneficios familiares y embajadas, o directamente con bienes o dinero contante y sonante; para ello son expertos, tienen una añeja práctica. Hasta métodos más sutiles, como los que se utilizaron en el reciente proceso electoral en Brasil, que enfrentó a Lula y Bolsonaro hijo.
Esos métodos usados ahora en Brasil, ya habían sido ensayados en otros países de Latinoamérica, más recientemente en Perú y Colombia, con lo cual sentaron a personajes y grupos criminales en los gobiernos centrales, y pretenden perpetuarlos. Los métodos consisten, según varios investigadores, en:
- · Una amplia propaganda por Internet y redes sociales, multiplicada por granjas de bots y trolls, contra los candidatos de izquierda o progresistas; inventando falsedades, manipulando videos, como el supuesto incidente en el que Lula habría botado al suelo la bandera de Brasil cuando depositaba su voto, lo cual fue difundido enormemente, no sólo desde plataformas en Brasil, sino en todo el mundo, y donde la participación de USA e Israel ha sido descarada. En muchos casos, las granjas de trolls y bots, son operadas por policías y militares de grupos especiales u otros funcionarios públicos.
- · Al contrario, suspensión, sin ninguna explicación, de cuentas de redes sociales de los candidatos progresistas o de izquierda, o de centenares y miles de “influencers” con gran simpatía popular que los apoyan.
- · Suspensión a última hora de debates de candidatos, cuando consideran que dichos debates perjudicarían a los candidatos de la derecha. O utilizar los debates para montar falsos triunfalismos de los suyos o desprestigiar a los oponentes, con ayuda de todos los medios de comunicación a su alcance.
- · Prohibición u obstaculización de métodos ciudadanos de control de los votos, para garantizar la opacidad de los procesos a favor de los candidatos de derecha. Control de veedurías internacionales.
- · Manipulación de sistemas informáticos electorales (¿qué papel cumplen en ello empresas como Palantir?), incluyendo apagones prolongados de los mismos en momentos clave de los escrutinios.
- · Injerencia directa de Trump y otros funcionarios gringos, mediante discursos que ofrecen supuestos beneficios para el país si ganan los candidatos de su simpatía (sus candidatos), o la amenaza de sanciones si triunfan los que no son de su agrado.
- · Inyección directa de ingentes cantidades de dinero de la CIA y del sionismo internacional, que son usadas por funcionarios en el poder y grupos criminales, para manipular procesos electorales, generalmente a través de oscuras organizaciones no gubernamentales o dudosas “redes civiles”.
- · Desestabilizar y atacar la institucionalidad del Poder Judicial en diferentes países. Para que las instancias superiores de justicia, dejen pasar todas las irregularidades de los procesos electorales. Pero también con otros fines que benefician al poder.
- · Designación unilateral por parte de USA de agrupaciones como “organizaciones terroristas”, que incluyen muchas veces a organizaciones y partidos políticos de izquierda, o grupos que defienden la naturaleza contra el extractivismo de corporaciones y grupos criminales ligados al poder. La criminalización incluye a defensores de derechos humanos y figuras políticas, a quienes se les secuestran ilegalmente cuentas bancarias y se les retira o se les impide obtener visas para Estados Unidos.
- · Pero hay algo tanto o más espeluznante, que no tiene que ver sólo con Trump ni sólo con los últimos gobiernos gringos: el papel de las iglesias evangelistas conservadoras, muy ligadas al sionismo, que inciden sobre amplias masas de la población. El caso de Brasil es uno de los más graves, pero no el único: en Centroamérica también tienen una fuerza inusitada. Cuentan que, en el último proceso electoral en Brasil, los pastores evangélicos se radicalizaron aún más, fueron muy activos, obligaron a votar por Bolsonaro a sus fieles con amenazas y discursos de terror. Pero el proceso con las iglesias evangélicas es antiguo y hoy muy consolidado, inició inmediatamente después del triunfo de la revolución cubana y tuvo como agentes fundamentales al Cuerpo de Paz, a la Alianza para el Progreso y a USAID; en los pueblos andinos de Ecuador, Perú y Bolivia, esa injerencia evangélica fue desastrosa, fracturó numerosas comunidades y organizaciones, sin embargo, aparentemente pudieron resistir mejor que en Brasil o Centroamérica.
Hay otros mecanismos. Pero todos apuntan a debilitar a los candidatos de izquierda y progresistas, a aterrorizar a sus potenciales apoyos y a votantes indecisos, y a crear falsas imágenes positivas de los candidatos de la derecha, de los cuales se ocultan sus pasados muchas veces tenebrosos y se los presenta como adalides de la libertad.
Por ello, los procesos electorales de la democracia burguesa, ya no son confiables. Nunca lo fueron, pero hoy, en un mundo globalizado, atravesado por el Internet y la inteligencia artificial al servicio del poder, lo son aún menos. Y no sólo se trata de los procesos electorales, la democracia burguesa con todas sus instituciones y “valores”, está muriendo, en correspondencia con la grave crisis del capitalismo occidental. Cada vez Washington y Tel Aviv se parecen más a la Roma de Nerón, Trump se comporta como emperador del mundo, no les importa que les vean el cuerpo entero de criminales, mientras puedan mantener su deshonesto poder.
Por todo ello, no soy de los que se suman al coro que condena la decisión del gobierno de Nicaragua de, mediante reforma constitucional, suspender temporalmente los procesos electorales, por el peligro cierto de injerencia extranjera. Confieso que me simpatiza esa decisión, aunque sólo sea parcial y temporal. No es de mi agrado la pareja gobernante, pero con esta decisión le están dando un golpe directo al imperio. Hay errores y desviaciones, algunos muy graves, en el actual proceso nicaragüense; pero, si comparamos con lo que está sucediendo en el resto de Latinoamérica, incluyendo el secuestro de Maduro y la conversión de Delcy Rodríguez en vasalla del imperio, resulta ser un proceso por lo menos más soberano y antiimperialista.
La democracia burguesa no es la única posible en el mundo. De hecho, los ensayos socialistas han implementado otras formas de democracia, más participativas. Que comienzan por las bases, desde los sindicatos, las comunas y los barrios, hasta los centros educativos y otras expresiones de las bases, respetando las organizaciones de segundo y tercer grado; que eligen sus representantes a las asambleas locales, luego regionales, hasta llegar al nivel nacional (Asambleas del Poder Popular), donde se designan a las máximas autoridades de gobierno nacional. Las organizaciones de pueblos y nacionalidades, han tenido una lógica parecida, milenaria, y el gobierno de la CONAIE replica esas formas, donde la asamblea, en diferentes niveles, es la institución clave. Ello, sin duda, es más democrático que procesos electorales donde las grandes empresas electoreras de las oligarquías compran la presidencia, alcaldías o curules legislativos, muchas veces con la presión e injerencia del imperio a través de sus instituciones y aliados.
La revolución cubana no hubiera podido mantenerse hasta la actualidad, si no hubiera construido ese otro tipo de democracia, más real, más participativa, desde las bases. Confieso también que aspiraba a que en Venezuela el gobierno bolivariano hubiera tomado algún momento esa decisión (tal vez Chávez lo hubiera hecho), aunque le cueste la agresión de los gringos, que igualmente se dio. Otro hubiera sido el destino de la revolución bolivariana.
Llegará un momento, de eso podemos estar seguros, en que todas las instituciones de la democracia burguesa se extingan, incluyendo sus procesos electorales maneados que siempre utilizan y excluyen a los pueblos. Serán reemplazadas por otras formas de democracia, ojalá inspiradas en los valores y las prácticas de los pueblos ancestrales de los Andes, de la Abya Yala y de todos los rincones del mundo.


