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lunes, mayo 18, 2026

BOLIVIA: DE LAS MONTAÑAS AL PALACIO

Froilan Laime Ajacopa

18 de mayo 2026 

Si desde los años 40 la política de Bolivia fue marcada por el duelo entre el ejército y la clase obrera, ahora la historia de esta enemistad resurge entre el Estado (colonial) y el pueblo (el movimiento indígena), tal como ya vimos en las masacres de 2019 (del retorno de la oligarquía q’ara) contra las/los quechuas y aymaras. El capital contra la vida.

Si bien es la crisis el momento cuando la sociedad se hace visible, en sus fuerzas y enfrentamientos, el movimiento multisectorial acumulativo se unifica en el sufrimiento (crisis económica, exclusión), se asume como bloque popular en el reconocimiento del enemigo común (el gobierno de ricos, corrupto, que ejerce la dominación de la oligarquía). Ante la separación del Estado, opuesto al gobierno neoliberal, que ha perdido su legitimidad, la autodeterminación de las masas, en su escalada, lanza la demanda final: RENUNCIA de Rodrigo Paz y el gobierno vendepatria.

Aunque hubiera contradicciones en los movimientos sociales ?entre campo y ciudad (de ahí la mayor fuerza de las provincias, de los PONCHOS Y POLLERAS, o el magisterio rural; y la reticencia de los vecinos ante los bloqueos, o los acuerdos del magisterio urbano), entre clases (entre los mineros asalariados que como sindicatos de la COB continúan en la lucha, mientras que los cooperativistas como microempresarios negocian con el gobierno) o según los intereses materiales (como los transportistas que paran por la gasolina basura, o los gremiales que protegen su comercio)?, aunque los sectores reaccionarios preparen su violencia (como los comités cívicos), ante la inoperancia del gobierno y, peor, ante la represión policial militar (con detenidos, encarcelados, heridos y muertos), el pedido de RENUNCIA del presidente mentiroso que no cumple sus promesas, ahonda la crisis y solo favorece a los ricos, ya es una exigencia social, acabar con un GOBIERNO SIN LEGITIMIDAD.

Hoy 18 de mayo en La Paz, como kataris bajaron masivamente las marchas serpenteando hacia el palacio de gobierno. Ya temprano entre otros sectores descendieron los gremiales de El Alto, luego la COB, los mineros sindicalizados, fabriles, la Federación Túpaj Katari y las provincias, los ponchos rojos, el magisterio, juntas vecinales, artesanos… Llegaron también los de la “marcha por la vida” desde Cochabamba. Desde la zona sur subieron los comunarios de provincia Murillo. También por la tarde los estudiantes universitarios de la UMSA se sumaron al pueblo movilizado. Asì, en el centro paceño, los miles y miles de cuerpos, un solo grito, un solo puño.

La respuesta del poder: gases lacrimógenos, represión, detenciones, amenaza de seguir con los encarcelamientos, como la aprehensión de M. Argollo ejecutivo de la COB, la aprehensión de Evo Morales —a quien el gobierno culpa de todos los males. Su plan: dictar estado de excepción. Pero no hay calabozo que encierre el horizonte, ni gases que apaguen el huracán de liberación.

Cuando en El Alto se ha masificado hoy aun más los bloqueos de las avenidas (extendiéndose a los Distritos que aun no cortaban las calles), también en los Departamentos de Oruro, Potosì, Cochabamba, Chuquisaca, incluso en Santa Cruz, se ha extendido los bloqueos de las carreteras, principalmente por parte de las organizaciones campesinas y el magisterio rural. La chispa se ha vuelto incendio, las rutas de Bolivia son ahora las barricadas del Qullasuyu contra el poder.

La política en Bolivia ahora ha dejado de ser una disputa de siglas para ser, otra vez, una cuestión de cuerpos y territorios. Cuando las provincias desbordan la urbe y el grito de RENUNCIA unifica la heterogeneidad de los movimientos, el poder constituido se vuelve un fantasma que habita un palacio vacío. No estamos ante un simple conflicto, sino ante el despliegue de una voluntad colectiva que, al reconocerse en el sufrimiento y la exclusión, ha decidido que el tiempo de la obediencia ha terminado.
La legitimidad ya no reside en los decretos, sino en el polvo de los caminos y en el eco de una marcha que, como los kataris, solo se detendrá cuando la historia ancestral se redima.

Tomado del Facebook de Froilan Laime Ajacopa: https://www.facebook.com/profile.php

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