Paro Indigena
14 de octubre 2025
Esto no es un análisis. Es una carta que nace de años de caminar al lado de quienes hoy sostienen el paro. Escribo no para hablar por ell@s, sino para quedarme cerca, aun cuando el resto del mundo parece alejarse.
No tengo la intención de cubrirlo todo. Este no es un texto explicativo ni informativo. Es un ensayo situado, escrito desde la tensión que no quiero resolver: ¿Puede existir un Estado que garantice la vida de los pueblos indígenas?
He estado allí, aprendiendo a estar, a callar, a errar. Lo que recibí de l@s compañer@s indígenas no cabe en las categorías académicas ni en los discursos institucionales. Ofrezco mi voz de antropología en rehabilitación epistemológica, no como neutralidad, sino como gesto de apertura: quizás lo que yo diga no sea suficiente, pero puede ayudar a que otras voces sean escuchadas.
Los paros indígenas no son disrupciones del orden. Son formas ancestrales de relación, de reclamo, de siembra colectiva en un mundo que los asfixia. Se repiten no por terquedad, sino por ritmo. Un tiempo circular que no encaja en calendarios fiscales ni en gabinetes tecnocráticos. Las razones que hoy movilizan el paro no se agotan en los combustibles. Se enraízan en siglos de imposibilidad de ser indígenas en una sociedad que ha negado sistemáticamente su existencia.
Ecuador se nombra plurinacional en su Constitución, pero sigue negando no solo a los pueblos indígenas, sino también todo lo indígena que aún vive en sí mismo. Es un país que se auto-niega. Que prefiere la fantasía de la homogeneidad antes que la incomodidad de la justicia. Que impone silencio a quienes han sostenido la vida desde otros ritmos, otras lenguas, otras formas de relación.
También quisiera decir algo ante tanto supuesto “interlocutor político” que hoy inunda los debates sobre el Paro Indígena. Las formas de hacer política del movimiento indígena no son homogéneas ni replican la lógica partidaria del Estado-nación. Dentro del propio movimiento hay diversidad, tensiones, y formas distintas de organización, pero hay algo que permanece: la política no se hace desde el afán de mayoría o del voto, sino desde el consenso, desde la protección de la vida y del territorio. Hacer política desde los bosques, los ríos o los páramos no es lo mismo que legislar en la Asamblea. Por eso los diálogos fracasan: porque el Estado insiste en encontrar representantes cuando lo que hay es un tejido interdependiente; busca acuerdos rápidos cuando lo que se requiere es ritmo de siembra o de sol (Por eso los levantamientos indígenas del Inty Raymi). Tal vez haríamos mejor en pensar la política no como competencia de intereses, sino como cuidado del agua, por ejemplo. Una política más interrumpida que horizontal. Una política que no se mide por eficiencia, sino por su capacidad de sostener la vida de tod@s.
Mucho se ha dicho desde los medios: ruido, desprecio, racismo, desinformación. Pero lo que se calla pesa más. Los silencios del Estado. Los pactos de olvido. La sordera institucional. Los silencios no son vacíos: son espacios de violencia estructural cuidadosamente sostenida por siglos.
Por eso, no puedo escribir desde la objetividad. Tampoco desde la comodidad. Escribo desde una intimidad política y afectiva tejida con humildad. Porque el análisis puede esperar. La relación no.
Y sí, me acompaña una sospecha: tal vez el problema no es solo la mala gestión del Estado, sino la figura misma del Estado, sostenida en una lógica de homogeneización, extractivismo y violencia. Tal vez no se trata de mejorar la institucionalidad, sino de preguntarnos si este modelo puede realmente alojar otras formas de vida. Tal vez lo que llamamos conflicto no es más que el síntoma de una convivencia fallida, no por falta de diálogo, sino por falta de voluntad de transformación.
Así que esta carta no busca cerrar, sino abrir. Abrir preguntas, abrir grietas, abrir otros campos para cultivar una mejor relación. Porque si no podemos garantizar la vida de los pueblos que han sostenido este territorio por siglos, ¿qué tipo de país estamos realmente defendiendo?


