Una de las mayores preocupaciones ciudadanas a propósito de la conformación del Consejo de Participación Ciudadana (CPCCS) definitivo era la calidad y el nivel de formación política de los candidatos. En efecto, durante la campaña fue evidente que la mayoría de los aspirantes no sabían a qué iban; y quienes sí tenían alguna intención oculta tampoco sabían cómo ponerla en práctica.

Cuando escucho a connotados “constitucionalistas” decir que con una consulta o reforma constitucional se puede suprimir una función del Estado como el Consejo de Participación Ciudadana, no puedo más que notar su relación directa con el régimen. Hace pocos año, estos mismos profesionales decían que la única forma de hacer cambios de la estructura del Estado era el camino constituyente.