"¿Qué implica esto para la vida cotidiana? Que la violencia contra las mujeres no es un problema de pareja, ni un desborde emocional, ni un hecho aislado. Es el síntoma de una estructura que sostiene todas las demás dominaciones: la racial, la colonial, la económica. Por eso, cuando un gobierno avanza en derechos para las mujeres pero al mismo tiempo genera extractivismo o militarización, algo falla. No se puede desmontar el patriarcado de alto impacto solo con leyes. Se necesita, dice Segato, desmontar el mandato de masculinidad. Esa exigencia que pesa sobre los hombres desde la infancia: la obligación de probar su hombría mediante la fuerza, la distancia emocional y la capacidad de causar daño."
Enojada y alegre, ruidosa y pacífica: la manifestación mundial del 8 de marzo demostró que el movimiento feminista tiene potencial para incendiarse. Por el...