Por Alfredo Espinosa Rodríguez*

Despensas vacías. Llamadas de los bancos solicitando el pago de las cuentas pendientes y ofreciendo convenios y reprogramaciones para la cancelación de las deudas contraídas. Mandiles blancos colgados a las afueras de los hospitales públicos. Docentes en huelga que decidieron, previa explicación a sus estudiantes, suspender las clases. Servidores públicos de toda índole impagos y, pese a ello, laborando – salvo excepciones y “vivarachos” – más que antes, bajo los alicientes morales de que “al menos tienen trabajo” o “hay que ponerse la camiseta”, aunque el derecho a recibir puntualmente sus sueldos ha sido violentado.

Por Atawallpa Oviedo Freire*

Los partidos políticos deberían agrupar a lo más destacado de una sociedad, pero no están constituidos así. En la función pública, y especialmente en sus autoridades, debería estar lo más valioso de un pueblo, pero es lo contrario. Presidentes, asambleístas, alcaldes y demás autoridades de elección popular, tendrían que ser escogidos entre quienes hayan demostrado honestidad, responsabilidad, empatía, sensibilidad y no entre quienes hayan hecho el mejor espectáculo en una campaña electoral para engatusar a los ingenuos votantes con sus ventriloquías.

Por Julio Oleas-Montalvo

No existe nada nuevo bajo el sol, dice el dicho… excepto el covid-19. Luego de los dantescos efectos de la primera ola, es evidente que el agudo retroceso del bienestar humano, en unos países más que en otros, es consecuencia de algo más que la pandemia. Países con liderazgo, instituciones y recursos (científicos, tecnológicos y económicos) la han enfrentado mejor que los desorganizados, improvisados y sin instituciones.