Por Natalia Sierra*

Mientras observaba la toma de posesión del nuevo gobierno estadounidense, recordé las tesis desarrolladas por Theodoro Adorno y Marx Horkheimer en su Dialéctica de la Ilustración. Un espectáculo al mejor estilo de la industria cultural hollywoodense tuvo lugar el día de la toma de funciones de Joe Biden y Kamala Harris. Más que un acto político de cambio de mando gubernamental parecía un show artístico, al estilo de los premios Oscar. La presencia nada inocente de Lady Gaga, Jennifer López y Garth Brooks, estrellas de la cultura de masas del pop gringo, del pop latino y del country pop, fue fundamental para convertir un acto político en un show mediático, con el cual creo se esperaba afirmar la democracia del espectáculo, la democracia de las masas mediatizadas, y con ello intentar suturar la fractura de la sociedad norteamericana. 

Por Carlos Villacís*

La realidad y la ficción se parecen tanto que, en estos tiempos profundamente mediáticos, es muy dificil distinguir las líneas que la separan. Esto aconteció en estos días, ante nuestros ojos, en las últimas elecciones presidenciales realizadas en los Estados Unidos, donde triunfó el demócrata Joe Biden, enterrando al fascista republicano Donald Trump.

Por Jaime Chuchuca Serrano

A día de hoy, EE.UU. sigue siendo la principal potencia mundial aunque está siendo desplazada en varios asuntos estratégicos por China, con la que se disputa la hegemonía mundial. De 1944 a 1991, EE.UU. consolidó el imperialismo financiero y venció a la Unión Soviética en la guerra fría. El capitalismo tiene varias fracturas irreparables y desde 2008 ha caído en una crisis hasta ahora insuperable, peor con la pandemia en la que varios mercados fueron bloqueados y se contrajo la producción. La reacción ciudadana se reactivó con las movilizaciones mundiales desde agosto y entraron al corazón de norteamericano con el asesinato de odio a George Floyd.