Por Gerard Coffey y Ela Zambrano

Quito, 19 de octubre de 2020.- Un año después del estallido, Línea de Fuego conversó con el pensador Alejandro Moreno sobre las significaciones de octubre de 2019 en contraposición con la agenda neoliberal del gobierno de Lenín Moreno, la pandemia y las repercusiones que se expresan en la papeleta electoral.

Alejandro Moreano es uno de los mayores exponentes de la tradición crítica ecuatoriana. Infatigable pensador en torno a la historia política y cultural del país, la emergencia de la modernidad, la idea de emancipación y la crítica al poder, la creación literaria en Ecuador y América Latina

Por Romano Paganini, Tomado de Mutantia.ch*

Mientras las estaciones de televisión mostraban dibujos animados, los pueblos y nacionalidades indígenas se movilizaban hacia la capital ecuatoriana. Algunos llegaron a pie, otros en camionetas o camiones. Sin embargo, en los días del Paro de 2019, la mayoría de los campesinos se quedó en sus comunidades, manteniendo las casas y bloqueando los accesos locales. Compartimos una crónica escrita desde la Sierra central donde sus habitantes vivieron 12 días entre el cuidado, la indignación y la preocupación por los compañeros en la capital.

Por Jaime Chuchuca Serrano*

Las movilizaciones globales de Octubre de 2019 se dirigieron contra las crisis cíclicas del capitalismo y las crisis inducidas por los gobiernos, las que han generado pobreza en la población e incrementado la riqueza de los capitalistas mundiales. La efervescencia mundial se formó contra los planes de la deuda, la esclavitud asalariada y no asalariada, el neoliberalismo privatizador, la precarización, la generación de la miseria y el neocolonialismo. En tiempos de pandemia y crisis total, los más ricos han acrecentado su capital por miles de millones de dólares.

Por Carlos Villacís Nolivos

El 28 de mayo de 1990, un grupo de indígenas y algunos mestizos, entraron a una iglesia en pleno centro histórico de Quito y se encerraron en su interior. Con el tiempo esta parte de la historia sería conocida como la toma de la Iglesia de Santo Domingo, cuyo fin era presionar al entonces gobernante, el socialdemócrata Rodrigo Borja Cevallos, para que impulse acciones en favor de los indígenas, un sector históricamente postergado, excluido y explotado del Ecuador.