"Óscar nunca aceptó que la desigualdad fuera un hecho natural. Tampoco creyó que las relaciones de poder fueran inmutables. Su vida entera fue una invitación permanente a cuestionar las estructuras que producen exclusión, ya se manifestaran en la economía internacional, en la organización social del Perú o en la negación de derechos fundamentales a determinados grupos humanos. Por eso, cuando afirmaba que el Perú seguía siendo una sociedad de castas, no estaba expresando pesimismo. Estaba formulando un desafío. Nos estaba diciendo que la democracia peruana todavía tenía una tarea pendiente: convertirse en una sociedad de ciudadanos iguales en dignidad y en derechos. Toda su obra intelectual puede leerse, en el fondo, como una larga reflexión sobre esa aspiración.