19.8 C
Quito
martes, julio 14, 2026

ÓSCAR UGARTECHE: un intelectual que hizo de la igualdad una forma de vivir

Grupo de Trabajo de Energía y Desarrollo Sustentable de CLACSO

13 de julio 2026

Hay personas cuya trayectoria profesional puede resumirse en una disciplina. Se dice de ellas que fueron economistas, sociólogos, historiadores o juristas. Con Óscar Ugarteche ocurre exactamente lo contrario. Fue economista, sin duda, y uno de los más brillantes de su generación. Pero definirlo únicamente de esa manera sería reducir una vida que desbordó permanentemente las fronteras de cualquier especialidad. Óscar fue también un pensador latinoamericanista, un escritor, un promotor de políticas públicas, un defensor de los derechos humanos, un activista por la igualdad y, sobre todo, un hombre convencido de que el conocimiento solo tiene sentido cuando contribuye a transformar la sociedad.

En estos días, mientras llegan mensajes de despedida desde universidades, organismos internacionales, centros de investigación y organizaciones sociales de distintos países, resulta evidente que cada persona recuerda a un Óscar distinto. Algunos evocan al economista que revolucionó el estudio de la deuda externa latinoamericana; otros al profesor generoso que siempre encontraba tiempo para leer un manuscrito o discutir una nueva idea; muchos lo recuerdan como un luchador infatigable por los derechos civiles; otros hablan del amigo cordial, del conversador brillante o del hombre culto que podía pasar, con la misma naturalidad, de una discusión sobre la arquitectura financiera internacional a una conversación sobre Borges, García Márquez o la poesía de César Vallejo.

Quizá esa diversidad de recuerdos sea la mejor manera de comprender quién fue realmente. Porque, en el fondo, todas esas facetas respondían a una sola preocupación que lo acompañó durante toda su vida: combatir las distintas formas de desigualdad y dominación que limitan la libertad de las personas y de los pueblos.

Su historia comenzó mucho antes de convertirse en un referente internacional. Comenzó en el Colegio Carmelitas de San Antonio, donde integró la primera promoción de egresados. Quienes compartieron aquellos años recuerdan a un estudiante de inteligencia precoz, lector insaciable y curiosidad inagotable. Mientras otros buscaban respuestas, Óscar parecía empeñado en formular nuevas preguntas. Esa curiosidad nunca lo abandonó. Lo acompañó durante sus estudios universitarios en el Perú y en el extranjero, en su trabajo académico, en los organismos internacionales y en cada uno de los proyectos que emprendió durante más de cuatro décadas.

Desde muy joven comprendió que América Latina enfrentaba problemas que no podían explicarse únicamente desde las fronteras nacionales. La crisis de la deuda externa de los años ochenta marcó profundamente a toda una generación de economistas latinoamericanos. Muchos concentraron sus esfuerzos en estudiar la renegociación de la deuda, los programas de ajuste estructural o las políticas de estabilización macroeconómica. Óscar eligió un camino distinto. Comprendió que el verdadero problema no era solamente cuánto debían los países latinoamericanos, sino quién escribía las reglas del sistema financiero internacional y a quién beneficiaban esas reglas.

Aquella intuición cambiaría el rumbo de toda su obra intelectual. Oscar participó como asesor en las negociaciones del Banco Central de Nicaragua sobre la deuda externa, a inicios de la revolución sandinista.

Mientras la mayor parte de los especialistas seguía discutiendo las sucesivas crisis de endeudamiento, Óscar desplazó el centro del debate hacia un tema mucho más ambicioso: la necesidad de construir una nueva Arquitectura Financiera Internacional. No bastaba con renegociar la deuda cada vez que estallaba una crisis. Era indispensable reformar las instituciones, las normas y los mecanismos de gobernanza que hacían posible que esas crisis se reprodujeran una y otra vez.

Fue una idea extraordinariamente adelantada para su tiempo.

A finales de la década de 1990 impulsó la creación de LATINDADD, una red latinoamericana que muy pronto dejó de ocuparse exclusivamente de la deuda para convertirse en uno de los principales espacios regionales de reflexión sobre desarrollo, justicia fiscal, financiamiento internacional, políticas públicas y derechos económicos. Bajo su impulso, la discusión dejó de limitarse a los balances financieros para incorporar preguntas mucho más profundas acerca de la democracia, la equidad y el derecho de los países a definir soberanamente sus estrategias de desarrollo.

Óscar solía repetir que el problema nunca había sido únicamente la deuda. El problema era la arquitectura financiera que la producía. Por eso dedicó más de tres décadas a promover la construcción de un Código Financiero Internacional, capaz de establecer reglas más justas para las relaciones entre acreedores, organismos multilaterales y Estados soberanos. Defendió igualmente la creación de un Tribunal Internacional de Deuda Soberana, convencido de que ningún país debía quedar sometido a las decisiones de un solo tribunal nacional cuando estaban en juego cuestiones que afectaban el bienestar de millones de personas. Mucho antes de que los litigios de los llamados fondos buitre ocuparan la atención mundial, Óscar advertía que la ausencia de instituciones multilaterales para resolver esas controversias constituía una de las grandes debilidades del sistema financiero internacional.

No era una preocupación académica. Era una preocupación profundamente ética.

Lo que hacía diferente a Óscar no era únicamente la originalidad de sus ideas. Era la convicción con la que las defendía. Nunca concibió la economía como un ejercicio de neutralidad técnica ni como un conjunto de ecuaciones desligadas de la vida de las personas. Para él, detrás de cada crisis financiera, de cada programa de ajuste o de cada negociación de deuda existían seres humanos concretos, familias, trabajadores y países enteros cuyas posibilidades de desarrollo quedaban condicionadas por decisiones tomadas muchas veces a miles de kilómetros de distancia.

Por eso nunca aceptó la idea de que la economía pudiera separarse de la política, de la historia o de la ética. Estaba convencido de que las instituciones económicas no eran inevitables ni naturales; eran construcciones humanas y, como tales, podían cambiarse. Esa convicción lo acompañó durante toda su trayectoria y explica por qué sus investigaciones nunca se limitaron a describir la realidad. Siempre buscaban transformarla.

En numerosas oportunidades le escuché decir que América Latina había dedicado demasiado tiempo a discutir cómo adaptarse a las reglas del sistema financiero internacional y muy poco a preguntarse quién había escrito esas reglas y en beneficio de quién funcionaban. Esa pregunta, aparentemente sencilla, recorría toda su obra. Explica por qué fue uno de los primeros economistas latinoamericanos en sustituir el debate sobre la deuda por una discusión mucho más amplia acerca de la gobernanza económica mundial.

Su propuesta de una nueva Arquitectura Financiera Internacional fue, durante muchos años, considerada una aspiración lejana. Sin embargo, con el paso del tiempo muchas de las ideas que defendió comenzaron a abrirse camino en organismos multilaterales, universidades y foros internacionales. La necesidad de crear mecanismos más equilibrados para resolver las crisis de deuda soberana, la discusión sobre nuevos instrumentos de financiamiento para el desarrollo o la reforma de las instituciones financieras internacionales forman hoy parte de una agenda que Óscar comenzó a construir cuando muy pocos hablaban de ella.

Era un hombre extraordinariamente paciente. Sabía que las grandes transformaciones intelectuales no ocurren de un día para otro. Sembraba ideas con la tranquilidad de quien comprende que quizá no llegue a ver plenamente sus frutos. Por eso nunca midió el éxito por la inmediatez de los resultados, sino por la capacidad de abrir nuevos caminos de reflexión para las generaciones siguientes.

Pero reducir a Óscar Ugarteche al economista internacional sería cometer una injusticia.

Su preocupación por la desigualdad nunca se limitó a las relaciones entre el Norte y el Sur o entre acreedores y países deudores. También dirigió su mirada hacia el Perú. Y allí encontró otra estructura de poder que lo acompañaría intelectualmente durante el resto de su vida.

En una de sus últimas entrevistas afirmó que «el Perú es una sociedad de castas; no está cuajada». La frase llamó la atención por su fuerza, pero quienes conocíamos su trayectoria entendimos inmediatamente que no se trataba de una provocación. Era la conclusión de más de cuarenta años de reflexión sobre la historia peruana.

Óscar sostenía que el país seguía reproduciendo jerarquías sociales profundamente arraigadas, heredadas de la Colonia y constantemente recreadas por la desigualdad económica, el racismo, la discriminación y la exclusión. Para él, la democracia política no podía consolidarse plenamente mientras millones de peruanos continuaran enfrentando barreras invisibles determinadas por el origen social, el apellido, el color de la piel, el lugar de nacimiento o la orientación sexual.

Por eso combatió la desigualdad desde el primer día de su vida pública. La combatió cuando denunció las asimetrías del sistema financiero internacional. La combatió cuando propuso reglas más justas para las economías periféricas. La combatió cuando investigó los delitos económicos y financieros cometidos durante el régimen de Alberto Fujimori como asesor de la Comisión Investigadora presidida por Javier Diez Canseco. Y la combatió también cuando decidió involucrarse personalmente en una de las luchas más difíciles del Perú contemporáneo: la defensa de los derechos de las minorías sexuales.

Fue uno de los fundadores del Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) en una época en la que asumir públicamente esa causa implicaba enfrentar prejuicios profundamente arraigados. No buscaba notoriedad. Buscaba coherencia. Para él, la defensa de los derechos humanos no constituía un capítulo separado de su trabajo como economista. Formaba parte de una misma visión del mundo. Siempre entendió que una sociedad que discrimina a una parte de sus ciudadanos difícilmente puede aspirar a construir instituciones verdaderamente democráticas.

En esa lucha, Fidel Aroche, economista y compañero de vida de Óscar, ocupó un lugar fundamental. Compartieron no solo el afecto y una vida en común, sino también la reflexión sobre la economía, el desarrollo y las profundas desigualdades de las sociedades latinoamericanas. Juntos sostuvieron durante años la defensa de la igualdad de derechos y la lucha por el reconocimiento del matrimonio igualitario en el Perú, convirtiendo su propia historia en un testimonio de dignidad, perseverancia y coherencia entre las ideas defendidas públicamente y la manera de vivirlas.

Esa coherencia explica también otra característica poco conocida de su personalidad: su inmenso interés por la literatura.

Óscar leía novelas con la misma pasión con la que estudiaba los mercados financieros. Disfrutaba conversando sobre Borges, García Márquez, Vargas Llosa o José María Arguedas porque estaba convencido de que la literatura permitía comprender aspectos de la condición humana que ninguna estadística podía revelar. Solía decir que las novelas enseñaban tanto sobre una sociedad como los mejores estudios económicos. En ellas encontraba los miedos, las esperanzas, las contradicciones y las aspiraciones de las personas que luego reaparecían, bajo otra forma, en los grandes procesos económicos y políticos.

Esa amplitud intelectual impresionaba a quienes lo conocían. Podía iniciar una conversación hablando de la crisis financiera internacional y terminar reflexionando sobre una novela latinoamericana o sobre la última película que había visto. Nunca aceptó compartimentos estancos entre las disciplinas. Creía profundamente en el diálogo entre la economía, la historia, la sociología, la literatura y la política. Quizá por eso resultaba tan estimulante conversar con él. Siempre obligaba a mirar un problema desde un ángulo inesperado.

Ni siquiera en los últimos años perdió esa capacidad de adelantarse a los debates. Cuando buena parte de la discusión económica seguía concentrada en las finanzas internacionales, Óscar comenzó a interesarse por la transición energética y por sus implicancias para América Latina. Desde el GT de Energía y Desarrollo Sustentable de CLACSO insistía en que el cambio de la matriz energética mundial no debía analizarse únicamente como un proceso tecnológico. Era también una transformación geopolítica, financiera y social que redefiniría las relaciones entre países desarrollados y economías periféricas durante las próximas décadas.

Una vez más, miraba más lejos que la mayoría. Y quizá esa sea la mejor manera de recordar su legado.

No fue solamente un economista brillante. Fue uno de esos intelectuales poco frecuentes que nunca dejaron de hacerse preguntas. Nunca aceptó que las desigualdades fueran inevitables. Nunca creyó que las instituciones internacionales fueran inmodificables. Nunca dejó de pensar que América Latina podía construir un lugar más digno dentro del mundo. Y nunca renunció a la idea de que el conocimiento debía ponerse al servicio de la libertad, la igualdad y la justicia.

Hay intelectuales cuya obra permanece encerrada en las bibliotecas. Otros consiguen influir durante algunos años en el debate público para luego ser reemplazados por nuevas generaciones. Y existen unos pocos cuyo legado consiste, sobre todo, en cambiar la manera en que otros comienzan a mirar el mundo. Creo que Óscar Ugarteche pertenece a esta última categoría.

Quienes trabajaron con él recuerdan su enorme generosidad intelectual. Nunca concebía el conocimiento como un patrimonio personal que hubiera que proteger. Al contrario, disfrutaba compartiendo lecturas, recomendando autores, comentando manuscritos o discutiendo proyectos de investigación con estudiantes y jóvenes investigadores. No enseñaba únicamente economía. Enseñaba una manera de pensar. Una manera de formular preguntas, de desconfiar de las respuestas fáciles y de mirar siempre un poco más allá de lo evidente.

Esa actitud explica el profundo afecto que hoy despierta su partida. En estos días no solo han hablado economistas. También lo han hecho sociólogos, historiadores, abogados, activistas por los derechos humanos, escritores, dirigentes sociales, antiguos alumnos y colegas de muy distintos países. Cada uno recuerda una faceta distinta de Óscar, pero todos coinciden en algo: fue una persona extraordinariamente generosa con su tiempo, con sus ideas y con su amistad.

No deja únicamente libros o artículos académicos. Deja instituciones. Deja redes internacionales de investigación. Deja generaciones de jóvenes economistas que hoy discuten la arquitectura financiera internacional utilizando conceptos que él comenzó a desarrollar cuando todavía parecían ideas marginales. Deja igualmente una agenda latinoamericana que continúa creciendo alrededor de la reforma del sistema financiero internacional, del tratamiento de la deuda soberana y de la necesidad de construir reglas más justas para la economía mundial.

Pero quizá su mayor legado sea otro.

Óscar nunca aceptó que la desigualdad fuera un hecho natural. Tampoco creyó que las relaciones de poder fueran inmutables. Su vida entera fue una invitación permanente a cuestionar las estructuras que producen exclusión, ya se manifestaran en la economía internacional, en la organización social del Perú o en la negación de derechos fundamentales a determinados grupos humanos.

Por eso, cuando afirmaba que el Perú seguía siendo una sociedad de castas, no estaba expresando pesimismo. Estaba formulando un desafío. Nos estaba diciendo que la democracia peruana todavía tenía una tarea pendiente: convertirse en una sociedad de ciudadanos iguales en dignidad y en derechos. Toda su obra intelectual puede leerse, en el fondo, como una larga reflexión sobre esa aspiración.

En sus últimos años volvió a sorprender a quienes lo conocían. Mientras muchos pensaban que seguiría dedicado exclusivamente a los problemas financieros internacionales, comenzó a estudiar la transición energética y sus consecuencias para América Latina. Era coherente con toda su trayectoria. Siempre buscaba comprender el siguiente gran cambio histórico antes de que ocurriera. No investigaba el pasado por nostalgia, sino porque quería ayudar a construir el futuro.

Esa curiosidad permanente fue, quizá, una de sus mayores virtudes. Nunca dejó de aprender. Nunca dejó de leer. Nunca dejó de entusiasmarse con una nueva idea o con una nueva conversación. Conservó hasta el final esa rara capacidad de maravillarse frente al conocimiento, una cualidad que suele distinguir a los grandes maestros.

Hoy lo despiden personas de muchas generaciones y de muy distintos países. Algunos lo conocieron en las aulas universitarias; otros en organismos internacionales, en CLACSO, en LATINDADD, en el Congreso de la República, en los movimientos sociales o en la defensa de los derechos humanos. Todos sienten que desaparece una voz singular del pensamiento latinoamericano.

Sin embargo, las ideas tienen una forma muy particular de sobrevivir a quienes las escriben.

Mientras continúe el debate sobre una nueva arquitectura financiera internacional; mientras América Latina siga buscando una inserción más justa en la economía mundial; mientras alguien cuestione las desigualdades que aún atraviesan nuestras sociedades; mientras una nueva generación de investigadores se atreva a pensar desde el Sur sin aceptar pasivamente las respuestas construidas en otros lugares, Óscar Ugarteche seguirá presente.

Porque ese fue, probablemente, el rasgo más profundo de su vida intelectual. Nunca estudió el mundo para describirlo. Lo estudió para cambiarlo.

Y pocas aspiraciones pueden ser más nobles que esa.

13 de julio de 2026
Grupo de Trabajo CLACSO Energía y Desarrollo Sustentable


Este texto expresa la posición del mencionado Grupos de Trabajo y no necesariamente la de los centros e instituciones que componen la red internacional de CLACSO, su Comité Directivo o su Secretaría Ejecutiva.

lalineadefuego
lalineadefuego
PENSAMIENTO CRÍTICO
- Advertisement -spot_img

Más artículos

Deja un comentario

- Advertisement -spot_img

Lo más reciente