Por Samuel Guerra Bravo*

Claudia era una jovencita de bien que eligió casarse con William Munny, un pistolero, asesino, ladrón, díscolo y borracho. La madre de Claudia, que nunca pudo entender cómo su hija pudo casarse con un tipo de esa calaña, esperaba que cualquier día le llegara la noticia de su muerte a manos del asesino. Después de diez años de matrimonio, Claudia murió efectivamente…, pero no por su marido sino a causa de la viruela. Munny, que había sido regenerado por su esposa y se había vuelto un hombre común, tuvo que volver al crimen por algo de dinero para la educación de sus hijos. Cuando aparecen los créditos finales de la película, sobre el trasfondo del crepúsculo se le ve a Munny poniendo flores en la tumba de su esposa. Suena a la vez el bello y estremecedor tema principal de la banda sonora (Claudia´s Theme), escrito por alguien que no es músico, que es un gran director y un excelente actor (Clint Eastwood), pero que no es músico, que pudo sin embargo componer una pieza conmovedora porque conocía a fondo el alma de Munny. “Los imperdonables” (Unforgiven), así se titula esta película que superó en la década de los noventa del siglo pasado la vieja dicotomía de buenos y malos de los western clásicos. Los bandos que se enfrentan en el filme tienen malos antecedentes e historias oscuras, a pesar de que uno de ellos representa a la ley. Unos y otros no tienen perdón.