El Ecuador -y en gran medida el propio mundo empobrecido- vive atrapado en el ciclo maldito de la acumulación capitalista periférica y dependiente. Similar a tiempos pasados, repetimos el camino: empezamos con el “boom” de alguna exportación -primaria- que financia a un Estado “desarrollista” (que, a veces, se autotitula “revolucionario”), para terminar en el “eterno retorno neoliberal”.