La crisis de UNASUR y la pluriversidad indígena ecuatoriana

 

A inicios de 1990, con el Inti Raymi, se visibilizó la presencia contundente de los pueblos y nacionalidades en todo el país. Con voz colectiva entraron pateando el tablero. Si hacemos un poco de memoria, valga la pena agradecer al movimiento indígena y campesino del Ecuador por la lucha importante para impedir la privatización de la Seguridad Social (que se dio en Perú y Colombia) o la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (que también firmaron nuestros vecinos). 

La firma del Decreto 445 del 6 de julio que “restituye” la Educación Intercultural Bilingüe y sobre todo el ofrecimiento por parte del presidente Moreno de entregar el edificio de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) a la Universidad Intercultural “Amawtay Wasi” ha hecho emerger de la sociedad ecuatoriana sus rezagos coloniales y racistas.

La posible entrega del edificio de la sede de Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) a la Universidad Indígena, más allá del edificio en sí mismo y de la cuestionable desaparición de la Unasur, el episodio ha dejado traslucir el vetusto racismo, el colonialismo y el eurocentrismo de gran parte de la sociedad ecuatoriana, que lamentablemente sigue muy vigente todavía en estos 500 años. Empezaré haciendo referencia a un artículo del “pelagato” Martín Pallares y su antojadizo texto titulado “Entregar el edificio de Unasur a la Conaie es pésima idea”.