Por Alberto Acosta, Esperanza Martínez y Miriam Lang*

La historia de la Modernidad tiene dos caras: por un lado, es una historia de revoluciones y luchas por los derechos. Pero, por otro, está plagada de violencias, de injusticias y de abusos. Muchos de los filósofos políticos ilustrados e incluso héroes de la Independencia eran esclavistas en su época. Las declaraciones de derechos -en línea liberal de derechos- excluían a mujeres y hombres no-blancos, pueblos indígenas y pueblos afros. La misma noción de la Europa  conquistadora potenció la masacre, el saqueo y la explotación de trabajo gratuito. En tanto que se fue expandiendo la voracidad por acumular valores abstractos, se fueron marginando otros horizontes civilizatorios en las comunidades humanas y también las relaciones de armonía con la Madre Tierra. Las diversas relaciones de dominación subyugaron a las mujeres, a la Naturaleza, a los pueblos en cuyos territorios habían “recursos” acumulables.