He pecado, padrecito. Le juro, por diosito que es más fuerte que yo. No puedo evitarlo. Siempre que el presidente, su vice y sus ministros aparecen en las noticias y en el Facebook que me abrieron por la cuarentena, algo dentro de mí se vuelve turbulencia. Pecado mortal, padrecito. Le pido a dios que por favor haga el milagrito de desaparecerles, de que el coronavirus los abrace hasta que vean la luz blanca, de que la huesuda les haga alguna emboscada, algo.

“La situación social en Ecuador es lamentable. El 75% de la renta nacional recae en menos del 20% de la población. El resto sobrevive con salarios mensuales de poco más de 5.000 pesetas y la situación de los obreros subempleados es aún peor. Problemas heredados de 150 años de historia que sin duda tienen una solución a largo plazo”. Con esta frase concluyó un artículo publicado en mayo de 1979 en el diario español El País, en el que describía el perfil del entonces ganador de los comicios presidenciales del retorno a la democracia representativa, Jaime Roldós Aguilera.

Occidente  casi en su totalidad se podría estar equivocando en el manejo de la epidemia, no solo porque los indicadores de morbilidad y mortalidad siguen creciendo, sino porque además están trémulos ante las eventualidades de su impacto económico. Se ven así mismo casi en condición de rendición ante la economía China. Este país sale airosa habiendo sido el foco inicial de la pandemia.

Ha pasado a la historia el panóptico de Jeremy Bentham. El filósofo inglés ideó una estructura arquitectónica en el siglo XVIII, que estaba construida de tal modo que permitía al guardián de la torre central observar a todos los prisioneros en sus celdas. Estos no podían saber si eran o no vigilados. El saberse observado crea el efecto automático de cumplir con las condiciones del poder.

Las palabras que más se escuchan actualmente en todo el mundo, desde los presidentes, altas autoridades mundiales, millonarios, filósofos, personalidades, hasta el más simple y pobre ser humano es: cooperación, solidaridad, unión, coordinación, apoyo, organización, colaboración, responsabilidad, disciplina, conciencia, comunidad, común.

No es 1984 ni tampoco son los tanques de la Policía rodeando – por disposición del expresidente León Febres-Cordero – la Corte Suprema de Justicia para evitar que los jueces no alineados a su partido asuman la magistratura. ¡No! Es 2020 y son las camionetas del Municipio de Guayaquil que por orden de la alcaldesa socialcristiana, Cynthia Viteri, bloquearon la pista del aeropuerto José Joaquín Olmedo para evitar que un avión de la compañía Iberia y otro de KLM, con 11 tripulantes, aterrice y lleve consigo a cientos de ciudadanos holandeses y españoles a sus países de residencia, pese a contar con los permisos del Estado ecuatoriano. Ese mismo Estado del cual todos somos parte, incluida la alcaldesa.

Si la salud y la enfermedad son dilemas  esenciales en la vida de personas y pueblos, las epidemias son amenazas visibles a la existencia que se constituyen en componentes de crisis que agudizan  determinantes de la economía y la convivencia social, atravesando; valores, principios éticos, recursos naturales y el saber. Todo esto pone en reflexión la supervivencia del ser y del planeta.