Por Jaime Chuchuca Serrano*

El filósofo político nazi, Carl Schmitt, estableció en Teología Política la continuación entre soberanía y Estado de Excepción (2009). Giorgio Agamben critica a los juristas y expertos en derecho porque nunca consideraron al Estado de Excepción como un problema jurídico, sino como una cuestión de hecho (quaestio facti); de este modo explicaron que el estado de necesidad del Estado de Excepción no puede tener forma jurídica. El Estado de Excepción fue colocado junto a la guerra civil, la insurrección y la resistencia en la grieta de la indecibilidad de lo jurídico y lo político. El Estado de Excepción, expone Agamben, se convierte en la contradicción de la forma legal, porque suspende los derechos (Agamben, 2019). El Estado de Excepción abandona la vida en manos de las leyes. El gobierno de Hitler fue un Estado de Excepción de 12 años, concluye Agamben, y esta práctica pasó a los Estados democráticos modernos.  

Telón de fondo negro. De luto. Ya no aparecen ni los símbolos patrios. Parece una foto del Cartel de Sinaloa y sus máximos capos. Solo parece. Parece. Se les nota el miedo en la mirada. Huyeron a Guayaquil a que el Nebot los proteja: ¡Por diosito, Jaime, danos una manito y posada para mi gente! Vos sabes, los indios son cosa seria, no hacen caso, me secuestran militares y hasta me queman tanquetas. ¡Qué miedito!