Hasta el momento, la experiencia histórica ha demostrado que los partidos y sindicatos en armas son más efectivos para contener el fascismo que las batucadas del “Ele Não” brasileño, la democracia liberal o el desprecio al populismo de izquierdas. No podemos seguir permitiéndonos el lujo de no afrontar, con la seriedad que lo requiere y desde una visión de clase, las migraciones globales.

Mientras Argentina se entrega a las exigencias del Fondo Monetario Internacional profundizando la pobreza y Colombia eligió a un presidente que está en contra del proceso de paz, Brasil les sigue pero con un escenario aún peor: la elección de un nuevo presidente de extrema derecha, Jair Bolsonaro. Su victoria tiene varias causas, entre las que se puede destacar: la campaña de la iglesia evangélica, las fake news, un uso (abuso) de los errores del Partito de Trabajadores (PT), que se centra en el rechazo de la clase política atrapada en grandes escándalos de corrupción.