Hasta el momento, la experiencia histórica ha demostrado que los partidos y sindicatos en armas son más efectivos para contener el fascismo que las batucadas del “Ele Não” brasileño, la democracia liberal o el desprecio al populismo de izquierdas. No podemos seguir permitiéndonos el lujo de no afrontar, con la seriedad que lo requiere y desde una visión de clase, las migraciones globales.

Los acontecimientos criminales de las últimas semanas en Ecuador, el espíritu xenófobo que se está instaurando y la corrupción estamental revelan el sentido de fracaso y desconfianza social respecto de un Estado incapaz de apaciguar los acuciantes problemas que nos agobian. Ahí, en esos hechos, los postulados constitucionales se muestran como lo que son: simples papeles que el gobernante de turno no sabe cómo articular para definir su gobernabilidad.