"... ningún poder puede cambiar la Constitución a su capricho. Si no se cumple lo que dispone la Constitución se abre la puerta a un proceso dictatorial. Así de simple, así de terrible. Debe quedar muy claro que, los poderes constituidos no pueden atropellar la Constitución del 2008: la Asamblea Nacional y el Gobierno no pueden usurpar el sentido de la Constitución. Y la Corte Constitucional tiene que hacer respetar la letra y el espíritu del texto aprobado masivamente por el pueblo en las urnas el 28 de septiembre del 2008..."
"Que la cancha estuvo inclinada, no cabe duda, como en tantas otras veces en la historia reciente. Pero de allí a aceptar a pie juntillas el reclamo de un “mega fraude” por parte de la candidatura derrotada hay un largo trecho. El manejo fraudulento de las actas electorales debe ser probado, no solo enunciado. Aunque bien podríamos decir que el fraude es de otro tipo. En el proceso electoral, el gobernante en funciones irrespetó sistemáticamente la Constitución y la ley, por ejemplo, no encargó la Presidencia a la vicepresidenta, contando con la complicidad de una institución electoral totalmente servil. Creo un ambiente aún más hostil recurriendo a nuevos estados de excepción. Abusando de los recursos estatales “compró votos”, sea entregando bonos, becas, tarifas subsidiadas de electricidad, donando alimentos…"
"Así las cosas, se logró reducir el déficit fiscal e incluso incrementar las reservas monetarias internacionales, sacrificando incluso el aparato productivo. Todo para sostener el servicio de la deuda externa, teniendo al FMI como una suerte de prestamista de última instancia, que, con sus condicionalidades de política económica, potencia de forma sistemática las tendencias recesivas.
Entonces, hablemos claro, la recesión se explica por la austeridad neoliberal. "
Convocar a una Asamblea Constituyente, para cambiar la Constitución, aprobada mayoritariamente en las urnas por el pueblo ecuatoriano en septiembre del 2008, fue propuesta de campaña de las dos candidaturas finalistas. Y ahora, cuando ha concluido el proceso electoral, se consolidan los reclamos para impulsar de forma urgente una Constituyente.
Nos encontramos, en especial, frente al desesperado intento de un imperio decadente por recuperar el poderío de otros tiempos, provocando nuevos y acelerando viejos enfrentamientos inter imperiales, en medio de una policrisis con rasgos de colapso civilizatorio.
Evidentemente, al bloque de parlamentarios gubernamentales no le conviene que el correismo aparezca como el que lidera la colocación del dólar en la carta magna. Y a los correistas no les agrada que les ataquen como enemigos de la dolarización.
La más reciente y abierta violación a la Constitución la ha ejecutado el presidente Guillermo Lasso. Lo hizo al retornar al CIADI; acto ratificado con el decreto ejecutivo 122, del 16 de julio del año en curso. Te invitamos a leer este artículo que hace un recuento de esta discusión desde Montecristi.
Sorprende el apuro. Tuvieron casi cuatro años para hacerlo. ¿Por qué ahora? Justo cuando el gobierno está en desbandada, y la desprestigiada Asamblea Nacional está por concluir sus funciones, se acuerdan de “defender la dolarización”. Asimismo, sorprende la creciente presión gubernamental – y mediática – aplicada para que el proyecto de ley “defensor” del esquema monetario ecuatoriano sea aprobado por la Asamblea.
A pesar de que ninguna forma de vida -peor la vida humana- puede pensarse por fuera -o al margen- de la Naturaleza, actualmente las “ciencias económicas” han asignado al mundo natural el único y pasivo papel de proveer de “mercancías” que puedan usarse como materias primas y demás medios de producción útiles a la valorización del capital. Semejante pasividad dada a la Naturaleza por parte de las “ciencias económicas” -tanto ortodoxas como heterodoxas, e incluso varias afines a corrientes “críticas”, con muy honrosas excepciones[1]- da carta libre para que el mundo natural se banalice y se perpetúe su mercantilización.
Por Alberto Acosta*
La Humanidad se encuentra en una encrucijada. La promesa hecha hace más de cinco siglos, en nombre del “progreso”, y “reciclada” hace...
La humanidad, cual espectadora y actriz forzada, parece inmersa en una película de terror, que le confronta de forma brutal y global con la posibilidad cierta del fin de su existencia. Sin ser una película, siendo una dura realidad, es innegable que esta mega producción ha estado en marcha desde hace mucho tiempo atrás...
l inicio de la pandemia del coronavirus se llegó a pensar – hasta ingenuamente – que la cruel pedagogía de covid-19 dejaría enseñanzas a la humanidad que motivarían al surgimiento de cambios significativos, sobre todo en las lógicas de la economía mundial (responsables de transformar la pandemia en una sindemia[1]). Incluso se dijo en algún momento que, con la pandemia, la Naturaleza podría tomarse “un respiro”. Pero no. Con o sin pandemia, la reproducción del capital continúa ampliando la mercantilización de toda dimensión de la vida. Uno de los ejemplos más explícitos al respecto es el inicio de la cotización del agua en los mercados de futuros de Wall Street, tal como ocurre con el petróleo, los minerales, el trigo u otros productos primarios.
La danza minera continúa su marcha en el Ecuador, al punto que incluso la gran prensa promociona a la megaminería como “la salvación” ante la grave crisis ecuatoriana. Sin ninguna vergüenza, hasta se difunden burdos publirreportajes promocionando el compromiso “ejemplar” de las megamineras con el cuidado del ambiente. Mientras, se cierran los espacios mediáticos a las voces críticas a la minería.
La historia de la Modernidad tiene dos caras: por un lado, es una historia de revoluciones y luchas por los derechos. Pero, por otro lado, a la vez está plagada de violencias, de injusticias y de abusos. Muchos de los filósofos políticos ilustrados e incluso héroes de la Independencia eran esclavistas en su época. Las declaraciones de derechos -en linea liberal de derechos- excluían a mujeres y hombres no-blancos, pueblos indígenas y pueblos afros. La misma noción de la Europa conquistadora potenció la masacre, el saqueo y la explotación de trabajo gratuito. En tanto que se fue expandiendo la voracidad por acumular valores abstractos, se fueron marginando otros horizontes civilizatorios en las comunidades humanas y también las relaciones de armonía con la Madre Tierra. Las Diversas relaciones de dominación subyugaron a las mujeres, a la Naturaleza, a los pueblos en cuyos territorios habían “recursos” acumulables.
En los años setenta, como pocas veces en su historia, el Ecuador entró de lleno en el mercado mundial. No gracias a un cambio cualitativo en su condición de país exportador de materias primas (banano, cacao, café, etc.) sino por el creciente monto de ingresos producidos por las exportaciones petroleras. La explotación de crudo revitalizó la economía, otorgándole a Ecuador la –pasajera– imagen de “nuevo rico”, al tiempo que consolidaba el mito de que el desarrollo estaba a la vuelta de la esquina.