16 de septiembre 2026
También tienen su lado humano, obvio. Solo que los verdaderos monstruos expresan su lado humano en privado, no haciendo circo en redes sociales. ¿Es verdaderamente un monstruo el jovencito filósofo de Carondelet? No creo, es darle demasiada importancia a un pelele ignorantón que heredó millones y se compró la presidencia, como si se hiciera dueño de un shopping.
Es un monstrito.
Las actitudes de Emperador son naturales en los herederos vanidosos que nunca trabajaron en nada, salvo en administrar los milloncitos que les cayeron del cielo. Por eso deben presumir sus viajes, sus lujos, sus autos
El monstrito de gafas negras necesita con suma urgencia -sobre todo en tiempos de elecciones- mostrarse como si fuera persona, como si tuviera sentimientos, como si pudiera disparar frases inteligentes. Requiere toda una campaña mediática engañabobos para decirle al mundo que puede sostener una conversación dulce con algún periodista empalagoso que le lave la cara con miel de abeja. Y claro, manipular el sentir de algún niño, que lo abrace.
Que llore.
Pero nada está completo si no aparecen perros o gatos en su entorno. Sus publicistas saben que donde hay un perro hay suspiros, miles de oooohhhhh. Es indispensable ser medio therian, aunque insípido, pero sabe que los peludos suman votos. Sensible con el mundo animal. Claro.
Ya lo veremos yendo a abrazar a su papito, quien debe sentirse tan orgulloso de ver a un hijo que logró lo que él no: rebajarse 80 millones en impuestos. Ese también es un acto humano en esas familias oligarcas.
Cositas de ricos que no roban.
Pero lo mejor es cuando el monstrito demuestra ser de carne y hueso en campaña electoral. Su especialidad. Abrazando a cientos de pobres mientras disimula el asco que les produce. Sonriendo con esa mueca de alucinógeno perpetuo que lo caracteriza. Fechas de sobreactuación popular. Debe esconder sus autos de lujo, sus mansiones, sus lujos, y mostrarse amarillo, azul y rojo, dejando de lado la bandera de franjas y estrellas que lo parió.
Y así seguiremos en estas semanas. Empalagándonos con el lado humano y sensible del primer mandatario. A ver si así le perdonamos su avaricia, sus números al alza de asesinatos, los cortes de luz, la falta de medicinas, de empleo, el adueñarse de la justicia y de imponer el miedo a todo aquel que no lo vea como humano.
¡Salud, monstrito!


