Hugo el Buho
04 de septiembre 2026
¡Cómo! ¿O sea que los esparadrapos en la boca de los periodistas eran solo porque se trataba de Correa?
No creo. Pero si se les veía tan valientes, tan frontales, tan kamikazes de la libertad de expresión. Daban hasta ternura. ¡Fuera el autócrata! ¡No nos van a doblegar! ¡La prensa no se vende ni se somete! Uno ya quería pedirles autógrafos, porque así se supone que funciona la democracia. Pero hoy se les ve calladitos, mansos, sumisos, sonriendo de lado. ¿Qué les pasó?
Entonces con aquel presidente sí se valía protestar, lanzar sendos comunicados, publicar páginas en blanco, gritar en contra de la persecución y no sé cuántas frases de alto calado, dignas de una crónica periodística de largo aliento. ¿Y ahora?
Lo que pasa es que ese autócrata les molestaba, el de hoy no. El de ayer los confrontaba de tú a tú, más allá de los claros excesos. Pero como este señorito ni siquiera sabe hablar; lo único que hace es mandar, y los otros obedecen. Él sí les representa: es un millonario, de la oligarquía bien chévere, empresario bananero y nacido en Miami. No un resentido social cualquiera.
Ahora, cuando más se les necesita a los hombres esparadrapo y a las mujeres masking tape, never. No dicen nada. Se guardaron su esparadrapo en algún álbum de fotos como reliquia de sus hazañas pasadas, y enseñárselas a sus nietos.
¿No les da la talla, mijes? Con excepción de unos pocos periodistas, la mayoría mujeres (quienes están haciendo el mejor periodismo del país), el resto de esos quijotescos narradores de historias verdaderas no aparecen ni de casualidad. ¿Dónde están esos Carlos Vera, esos Jorge Ortiz, esos Rocha, Janethces Hinistroches
Hoy la cosa es mil veces peor, porque hay periodistas asesinados, silenciados, amenazados, judicializados, comprados y todos los ados que el argot mediático conoce. ¡Y no dicen nada! ¡Nada! Se hacen los cojudos y prefieren mirar para otro lado. ¡Qué vergüenza! ¿Cómo se deben sentir sus colegas al verse abandonados cuando ellos y ellas han peleado por ustedes? De cualquier signo que sean, son sus colegas, maldita sea. Roberto Aguilar, Bonil, Hernán Higuera, Alondra, Gisella Bayona, y ahora Fabricio Vela. A este paso no va a quedar nadie que cuestione al poder, porque todos han sido amenazados, hostigados o comprados. Los buenos periodistas de este país quedarán solo para leer noticias, cubrir ruedas de prensa del presidente y promocionar obras inexistentes.
¿Dónde está la enérgica carta de los periodistas, medios y sus gremios, denunciando este atropello a la libertad de expresión y a la democracia? ¿Por qué no lidera Fundamedios? ¿Dónde está la palabra dictadura que no pronuncian sus labios? ¿Dónde? ¿Para cuándo ese plantón frente al palacio de gobierno o la fiscalía o la Secretaría General de Comunicación? Ah, ¿tienen miedo? Se les hace así… Mientras haya pauta, habrá silencio; mientras no saquen su esparadrapo y se tapen la boca en público, los periodistas serán callados uno por uno. Y todos seremos culpables.


