Karl Marx devela  el carácter alienante, explotador y a  histórico  de la economía burguesa  cuando entra en conflicto su modo de producción  con las relaciones sociales imperantes,  Marx  considera  que  el cambio de modo de producción  garantiza  el desarrollo máximo de las fuerzas productivas, perspectiva que no omite  el  análisis de los problemas ambientales.

Cuando  suceden  las Guerras del Opio y la Rebelión de Taiping en el siglo XIX o el levantamiento bóxer y la caída de la Dinastía Manchú en 1911 China era un país autista, una nación que vivía su mundo aun consciente del entorno y sus desafíos,  país con  revueltas campesinas y sociedades secretas conspirando sin dejarse insinuar por el occidental  liberalismo burgués. La Gran Muralla sostenía su autarquía.