La relación trabajo-capital, según Marx, está marcada por las variaciones en la composición orgánica de capital, según la cual: a mayor desarrollo del capital constante (medios de producción) mayor constricción del capital variable (fuerza de trabajo). En la medida en que el permanente y acelerado desarrollo tecnológico es algo inherente al capitalismo, la variación de la composición orgánica de capital siempre potencia al capital constante frente al debilitamiento del capital variable, lo que conduce a la sistemática y cada vez más ensanchada crisis de desempleo estructural.
Los conceptos postmodernos de resistencia al poder, al Estado, a la vigilancia, a la hegemonía cultural, chocan con el nuevo y moderno sistema de control social de China que –a pesar de lo que digan los teóricos liberales de izquierda y derecha– son menos dramáticos que la vigilancia policial de los países del mundo desarrollado y subdesarrollado:
El Comité de Solidaridad Furukawa Nunca Más y la Asociación Sindical de Trabajadores Agrícolas, Bananeros y Campesinos (ASTAC), dos historias de trabajadores agrícolas, que han tocado el corazón del régimen de dominación y/o explotación laboral en el campo, la tierra y el derecho a la libre organización en la agroindustria.