"De este modo, una práctica que podría ser recreativa, comunitaria y saludable es capturada por la industria y convertida en una maquinaria de apropiación de la atención. El jugador se transforma en mercancía; el aficionado, en consumidor; el equipo, en empresa; la camiseta, en publicidad ambulante; y la emoción colectiva, en una fuente inagotable de ganancias. Ya no se venden solamente entradas o transmisiones: se venden identidades, pertenencias, rivalidades y esperanzas. El fanatismo tampoco es accidental. Se lo alimenta porque el fanático consume más, obedece más y cuestiona menos. Puede llegar a odiar a otro ser humano por llevar una camiseta diferente, mientras permanece indiferente ante quienes destruyen su territorio, saquean los bienes comunes o deciden sobre su futuro. Se le enseña a identificar al adversario en la tribuna contraria, pero no en las estructuras que precarizan su vida.
“ Cada vez hay jugadas geniales en el Estadio; cada vez hay más trancadas desleales en la política”
M Benedetti
…Guardametas, bailarines, mediocampistas y payasos ingresan a...