"La Ley de Glaciares, y ante la sorpresa de todos los argentinos y argentinas, hoy se convierte en prenda de una sucia y extorsiva negociación, donde el entramado de intereses que se juegan por debajo de la mesa de las instituciones difícilmente pueda ser desentrañados por los argentinos de a pie.
De modo que no son casualidad los impensados “apoyos” que hoy consigue la Casa Rosada para sus leyes más retrógradas en materia de derechos de trabajadores, jubilados, personas con discapacidad, estudiantes de la escuela y la universidad pública o enfermos en hospitales del Estado, porque indudablemente estos surgen -en una pequeña o gran porción- de la “entrega” de nuestra Ley de Glaciares a los intereses mineros globales."