"uno de los problemas más graves en la actualidad es la muerte de jóvenes reclutados por pandillas y otros grupos delictivos al servicio del lumpen narco capitalismo, generalmente con vínculos con los estados y con grupos tradicionales de poder (la aristocracia oligárquica); ello, tanto en el Ecuador como en otros países de Latinoamérica. El espeluznante panorama dentro de las cárceles ecuatorianas que denunció la valiente periodista Karol Noroña en su reportaje “Encerrados para morir”, no puede ser más revelador de ese grave problema humanitario, que tiene sin cuidado al necro gobierno ecuatoriano de Daniel Noboa. Muchas de las víctimas que mueren de hambre, desnutrición extrema, tuberculosis y otras enfermedades, son jóvenes detenidos como micro traficantes (a veces consumidores confundidos a propósito como tales) u otros delitos menores, presos sin sentencia, que son carne de cañón de la violencia estructural."
Los hechos que salen a la luz pública ecuatoriana, van desenredando las profusas redes de la delincuencia y el narcotráfico. La criminalidad gana posiciones en sociedades con baja cobertura educativa y cultural. Así como las cárceles no presentan ningún cambio y están más metidas en el lodazal de las matanzas se mira también como la política no da nuevos giros para un cambio profundo de mentalidad para superar el desempleo, la explotación, la ignorancia, la delincuencia.
Nos estamos acostumbrando a la sistemática y cotidiana muerte provocada por la violencia del Estado o por la violencia contra el ciudadano, esta banalización se está interiorizando en la conciencia colectiva, como conciencia pasiva que lo justifica o lo asume todo, hasta lo inverosímil, con susto y si no es así, lo asume con buena dosis de indiferencia.