Por Gonzalo Schmidt & Jonatan Rosas*

Un meme de forma caricaturesca señalaba lo que es de público conocimiento sobre el capitalismo, y que se corroboró al pasar por una calle transitada por la gente, todas ellas cumplían con la obligatoriedad  de llevar puestas sus mascarillas. El meme mostraba de manera histriónica que “el covid-19 va a terminar con el capitalismo”, luego remataba con la imagen de la fachada de una tienda llamada “covid&chic” junto a la frase, “atentamente: el capitalismo”. 

Por Alfredo Espinosa Rodríguez*

Lo digo de frentón: las y los trabajadores no deben renunciar a su dignidad a pretexto de la crisis económica y política que afronta el país en toda su institucionalidad. Tampoco pueden estar sujetos a la volatilidad emocional de sus superiores, quienes en algunos casos normalizaron la verbalización de la violencia como rutina cotidiana de relacionamiento, pero también de discriminación entre una élite intelectual y sus simples operarios, quienes habitan a la sombra del anonimato laboral. 

Por Tomás Rodríguez León

La pandemia cuestiona  con severidad   los  pilares de la democracia occidental y cristiana.  Las heridas que la epidemia  deja en el cuerpo político y social exponen la incapacidad de recuperación económica del mundo capitalista, por pérdida de la confianza en los gobernantes  y  por su  extravío descomunal  para enfrentar los  desafíos de la  reciente realidad. Los andamiajes  del Estado sufren  descomposición pandémica con alaridos liberales en retirada, repliegue casi criminal que no salva vidas. Pero los partidos comunistas gobernantes, manejan el momento con  su buena práctica social disciplinaria.

Por Jaime Chuchuca Serrano

Cuanto más decadente y autoritario es un sistema, más inclementes son los suplicios, torturas y penas para los pueblos. Son inenarrables los sufrimientos de la población en la primera y segunda guerra mundiales, en las conflagraciones de invasión y conquista imperialistas, en la conservación del orden social en la periferia levantada. La violencia pandémica forma parte de esta lista histórica. El capitalismo pandémico trajo el confinamiento, sobre todo, de los sectores acomodados, la exposición de la población con menos recursos, el agudizamiento de los malestares sociales y enfermedades. La guerra económica entre las potencias es sostenida con la competencia agresiva interna, donde la creación de excedentes y acumulación de capital se sigue incrementando para la burguesía.

El año veinte del siglo XXI transcurre con la primera “pandemia global” –valga la tautología- que afecta a la especie humana. El SARS-CoV2 es el protagonista y ocasionó una peste de tal propagación, que todas las anteriores no alcanzaron. Ha demostrado suficiente poder para enfilar a la humanidad en un largo, doloroso y conflictivo tiempo. Aunque no tendrá la mortalidad de la precedente, la “gripe española”, se ha catalogado como “la emergencia sanitaria más importante de los últimos tiempos”(1).

Por Tomás Rodríguez León

Se comprende mejor la situación pandémica  si se reconoce  la relación de los sistemas locales con las agencias internacionales de salud, en ellas se  observan los vínculos  de las metrópolis con las periferias, esquema secular  de una  historia  que  sigue lastimando.  La teoría crítica de la descolonización planteada por Frantz Fanon no admite  postcolonialidad, la realidad global  moderna aún es colonial. Se presenta una nueva versión del mapa político y económico donde se ratifica el modelo opresivo  que tributa al sistema industrial europeo-norteamericano. Pero surge una nueva polaridad  que parece  reeditar el conflicto entre dos modos de producción: el capitalismo imperialista y la nueva versión de socialismo de mercado.

Por Alberto Acosta*

La crisis provocada por el coronavirus (covid-19), que forma parte de la crisis multifacética global, es mayúscula. La pandemia, sin duda alguna, constituye una prueba mayor para la sociedad humana globalizada. Nunca antes tantos países han estado envueltos con tanta intensidad, en tan poco tiempo y con tanta brutalidad, en un reto que casi paraliza toda la economía y la misma sociedad. Una cuestión que no se puede olvidar es que muchos problemas ya estaban larvados o incluso ya habían aflorado antes de que aparezca esta pandemia: en la lista caben la recesión económica global y más aún el colapso climático. 

Por Jorge Basilago*

Apoyado en su habitual capacidad de síntesis, Oscar Wilde sostiene en La decadencia de la mentira(1891) que “la vida imita al arte”, porque este “toma a la vida entre sus materiales toscos, la crea de nuevo y la vuelve a modelar en nuevas formas y con una absoluta indiferencia por los hechos”. Sin embargo, el autor irlandés se ve obligado a reconocer que su teoría fracasa cuando “la vida predomina y arroja al arte al desierto”. “Esta es la verdadera decadencia que sufrimos actualmente”, denuncia, por boca del personaje de Vivian. 

Por Tomás Rodríguez León

La pandemia golpea y más estupor causa la conducta humana que transita sin piedad ante el dolor, se confabulan prácticas inmorales y quehaceres políticos, cual  otra peste mayor. Los hilos de la solidaridad discurso vacío del poder, herramienta escatológica que sucede  mientras el pueblo llora, cruel escenario donde los políticos frotan sus manos organizando  negocios, negociados y robos.

Por Juan Cuvi

Habrá que ver qué resultados tiene el asilamiento voluntario aplicado por las comunidades indígenas rurales para protegerse de la pandemia de covid-19. De por medio también están la recuperación y el uso de prácticas médicas milenarias, que han subsistido por siglos a pesar de la colonización.

Por Tomás Rodríguez León

El Ecuador es un barco que se hunde, pero a la inversa de la tradición las ratas no saltan, se aseguran adentro en el último comedor del navío. La pésima gestión epidemiológica y la falta de ética, caracterizan nuestra realidad pandémica, epidémica y endémica. Lideramos casos de muertos e infectados por habitantes y sin embargo el centro de la crisis pasa de la rapacidad política a la podredumbre moral.

Por Samuel Guerra Bravo*

El subtítulo de este artículo evoca a “El séptimo sello”, la famosa película de Ingmar Bergman en la que un caballero atormentado que vuelve a su castillo tras diez años de luchas inútiles en las Cruzadas, reta a la muerte a una partida de ajedrez en busca de respuestas a preguntas clave de la vida.

Actualmente vivimos un ajedrez de circunstancias mortales frente a las cuales la filosofía se ve abocada a probar su poder o su debilidad, su actualidad o caducidad. El drama es que debe hacerlo ante la amenaza inmisericorde de la muerte representada por un “enemigo invisible”: el coronavirus.

¿Puede la filosofía decir su palabra coetáneamente a los hechos de la pandemia o debe callar y esperar a que ésta sea superada o solucionada por las ciencias para reflexionar sobre lo ya acaecido? Esta es la cuestión a debatir.