"Los dioses no han muerto, dicen Peter Thiel y la encíclica, sólo se han retirado. Para convocarlos son precisos los rituales cada vez más ostentosos: se gasta la propia humanidad entera (los magnates de las grandes corporaciones no dejan que sus hijos tengan redes sociales, nos dicen las redes sociales todo el tiempo). Nos vemos rodeados, así, de un mundo de inversiones. La “imagen dialéctica” benjaminiana de esa inversión incesante del valor de la vida humana, que es el precio de una economía hecha de “fondos de inversión”, y cuya verdad indecible pero completamente a la vista es que, en muy buena medida, los retornos y la extracción de valor se producen mediante la violencia, el colonialismo, la esclavitud, el vampirismo parásito de la acumulación por desposesión. El sacrificio de naciones enteras, como estamos viendo en este mismo momento en América Latina."
"En resumen, Thiel ve al anticristo en la globalización, en la regulación de la tecnología y en “la reticencia a dejar que los multimillonarios ganen más dinero”
Cuando Thiel celebra a individuos creativos y libres que quieren escapar del control del anticristo escondiendo su dinero, el modelo evidente de esos individuos son los nuevos oligarcas digitales que controlan, de forma monopolística, la web. En pocas palabras, Thiel “fusiona sus creencias de derechas con el cada vez más fervor religioso tecno-futurista de Silicon Valley”: sostiene hipócritamente que la “‘centralización’ del poder estatal y el sistema de ONG globales es similar al Anticristo, mientras que al mismo tiempo funda y dirige Palantir, una de las empresas más invasivas, desestabilizadoras y totalitarias jamás creadas, y financia a oligarcas que consolidan poder y riqueza contra las ‘masas’ que (en su lectura de Girard) están atrapadas en ciclos miméticos de envidia y resentimiento”