Por Julio Oleas-Montalvo*

El agua es el vínculo fundamental de los seres vivos con el medioambiente. De ella depende la supervivencia, la producción de alimentos y manufacturas y la generación de energía. Para la Organización de Naciones Unidas todos los seres humanos tenemos derecho a acceder a agua (50-100 litros/persona/día) segura, aceptable, asequible y accesible. Pero conforme crecen las poblaciones, la producción y el consumo, crece la necesidad de cuidarla y de conciliar sus destinos y sus usos.

Por Ileana Almeida*

El  problema del agua empieza a manifestarse como peligro inminente ahora cuando va a tener precio en el mercado, lo que alerta a los científicos, a los ecologistas, a los políticos  sinceros y a la gente en general. Por temor a que falte el líquido vital,  el agua empieza a ser cotizada en Wall Street como si fuera oro o plata.  ¿Pero quién gana con esta inusitada decisión? Indudablemente las empresas trasnacionales que quieren imponer sus intereses económicos  y defenderlos con la mecánica de política de clases a escala internacional.

Por Alberto Acosta y John Cajas-Guijarro*

Al inicio de la pandemia del coronavirus se llegó a pensar – hasta ingenuamente – que la cruel pedagogía de covid-19 dejaría enseñanzas a la humanidad que motivarían al surgimiento de cambios significativos, sobre todo en las lógicas de la economía mundial (responsables de transformar la pandemia en una sindemia[1]). Incluso se dijo en algún momento que, con la pandemia, la Naturaleza podría tomarse “un respiro”. Pero no. Con o sin pandemia, la reproducción del capital continúa ampliando la mercantilización de toda dimensión de la vida. Uno de los ejemplos más explícitos al respecto es el inicio de la cotización del agua en los mercados de futuros de Wall Street, tal como ocurre con el petróleo, los minerales, el trigo u otros productos primarios.