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martes, mayo 26, 2026

“LOS CANCHIS”: vena artística y cultural subversiva de los años 70 – Hugo Noboa Cruz

Hugo Noboa

26 de mayo 2026

Iniciaba la década de 1970 en el Ecuador con la dictadura de Velasco Ibarra (quinto velasquismo 1968-1972), con una fuerte represión al movimiento popular y a la izquierda. En mayo de 1969 se había producido en la Casona Universitaria de Guayaquil la masacre de los estudiantes que luchaban por el libre ingreso a las universidades públicas.

El quinto velasquismo se había caracterizado por ser de los regímenes más represivos, incluso más que las dictaduras militares. Durante el quinto velasquismo y su dictadura, fueron asesinados: Rafael Brito, José Basurto y Luis Salazar del PSRE, Milton Reyes del PCMLE, Raúl Cedeño y René Pinto del MIR, o el médico insurrecto Jaime Velásquez, entre muchos combatientes revolucionarios.

Fue un período muy difícil para los partidos y militantes de izquierda, para los artistas que militaban en la izquierda; época de exilio también. En esas condiciones surge “Canchis” (los siete poetas), inicialmente en el Colegio Mejía, pero pronto tuvieron como escenarios las calles y plazas de Quito, sobre todo del centro histórico.

En general ha sido común en el mundo que muchos destacados artistas, intelectuales y gestores culturales, han estado ligados a partidos y movimientos de izquierda, o han compartido sus ideas de transformación social. Los ejemplos son múltiples en todas las artes: la literatura, las artes plásticas, el teatro, el cine, e incluso la arquitectura.

En nuestro país, muchos de los grandes literatos del siglo XX, artistas plásticos, artistas escénicos, cineastas y músicos, han estado ligados al PCE, al PSE/PSRE, al PCMLE, al MIR, al MRT… Algunos han actuado en espacios bastante formales que brindan las instituciones culturales oficiales. Pero otros escogieron escenarios más populares: sindicatos, comunas, las calles, plazas y parques de las ciudades, las huelgas y los levantamientos populares. Son de los que siempre están aportando solidariamente en las luchas de los pueblos, aportando a la consciencia política del pueblo.

A raíz de la estructuración y acciones de la Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana (URJE, 1959-1963) surge en Quito (1962-1969) un colectivo contestatario de poetas y artistas escénicos, “Los Tzánzicos”, que tratan de romper con los límites burgueses e institucionales de las artes. Algunos de sus miembros más conocidos fueron: Ulises Estrella, Simón Corral, Marco Muñoz, Leandro Katz, Alfonso Murriagui…

En Guayaquil, a fines de la década de 1960 y en los años 70, con las mismas intenciones, se aglutinan varios artistas populares bajo el nombre de “Los Sicoseos”, liderados por Fernando Nieto Cadena, del que también fueron parte: Jorge Velasco Mackenzie, Fernando Artieda, Héctor Alvarado Garay, Raúl Vallejo, Gaitán Villavicencio, Willington Paredes y Fernando Balseca.

Sin embargo, tanto los Tzánzicos, como los Sicoseos, a pesar de sus intenciones iniciales, terminaron acercándose demasiado a los espacios culturales y académicos oficiales, a los que criticaban fuertemente en sus inicios.

La irrupción de “Los Canchis” en cambio fue más radical, escogieron como ámbito a la calle y allí se quedaron para siempre, influenciando incluso a muchos de los artistas populares de las décadas de 1970 y 1980, como Jaime Guevara, Wilson Pico, Susana Reyes, Carlos Michelena o Arístides Vargas, o hermanándose con ellos.

Hace un par de años, en un intercambio de mensajes con el querido amigo poeta Ramiro Oviedo (parte de “la Pedrada Zurda”), a propósito de su libro “El Ring del Poeta”, recordábamos la imagen poderosa de Héctor Cisneros; y esas imágenes se completaron recientemente en una conversación con Mesías Robalino, quien destaca la fortaleza de la estética popular de “Los Canchis” a inicios de los años 70.

Los Canchis[1], y especialmente sus figuras más visibles: Bruno Pino (“Juan Pino”, “Umakantao”) https://www.youtube.com/watch?v=bFqBquS-nZ8 https://www.youtube.com/watch?v=dgv3A97ixuc, Héctor Cisneros (“el poeta de las llecas”) https://www.youtube.com/watch?v=FmqJ_5FTQWM y Diego Piñeiros (“Tamuka”), fueron artistas multifacéticos, especialmente poetas y teatreros, o pintores, con autenticidad (como lo dice Hernán Zúñiga). Pero también fueron militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), ejercían su militancia especialmente a través de las artes, y se comprometían con la misma convicción en otras acciones subversivas. Una anécdota rememorada por el hijo de Héctor Cisneros, relata aquella ocasión en que Héctor y Bruno, cumpliendo una tarea partidaria, colocaron una caja con una bomba panfletaria en un sitio público, la Plaza de San Francisco en Quito, pero al ver que unos niños se acercaban demasiado a la caja, corrieron apresurados a retirarla y dejarle a que explote en un lugar seguro, alejado de la gente; se perdió la misión, pero se protegió a la gente, su gente.

Al decir de Santuzza Oberholzer, artista suiza y compañera de Bruno Pino: actuaban siempre bajo la amenaza de la represión policial, y protegidos por la misma población que montaba todo un operativo de seguridad a su alrededor. “Era un teatro de guerrilla”, decía Santuzza.

Sin embargo, si bien los artistas de Canchis o algunos de ellos militaron en el MIR, no se trata de exagerar esa relación, porque como sucede con muchos artistas ligados a partidos de izquierda, nos llenamos de orgullo por quienes son, por su popularidad, pero a la hora de apoyar su trabajo creativo y la difusión de su arte popular, o peor aún frente a la adversidad, a la represión que sufren, generalmente los partidos desaparecen, se desentienden; es el pueblo quien los protege. Por ello, Pino, Cisneros, Piñeiros y todos quienes formaron parte de los Canchis se valieron por sí mismos, fueron siempre libres, su arte fue libre, y el legado que dejaron es universal, no puede atribuirse a un partido o a una organización política en particular. Su arte trascendió la militancia partidaria.

A partir de Canchis, o inspirados en su accionar, se crearon luego otras organizaciones artísticas y culturales populares, como “La Pedrada Zurda”, colectivo de poetas y escritores, del que han formado parte, entre otros: Ramiro Oviedo, Ricardo Torres, Orlando Sierra, Santiago Carcelén, Jaime Guevara, Carlos Theus, Fernando Loayza, José Bedoya, Raúl Lara, Amilcar Albán, Wladimir Pesántez, Dora Naranjo, Carlos Alvarado, Diego Caicedo…

Uno de los legados más importantes de Canchis, de Héctor Cisneros y Diego Piñeiros en particular, fue la fundación del taller cultural “Los Perros Callejeros”, que a partir de 1992 tuvo continuidad con el trabajo artístico de nuevas generaciones, quienes lo mantienen fortalecido hasta la actualidad. https://www.radiopichincha.com/perros-callejeros-documental-teatro-callejero-ecuador/

No podrán matar el viento[2]

Héctor Cisneros

Ocurre que siempre están
tratando de barrerme de la vida
señalándome de que soy del sur
tirando bandera negra
dañándome el shungo.
Queriendo librarse del cóndor
que me recorre cada noche
queriendo arrancarme las alas
atacándome.
Por eso lanzo mi voz
y mi sangre
y riego mi semilla
por todos los caminos
Y busco
y me golpeo
y sigo
Porque no han de ser en vano
todos los tropezones dados
y todas las lluvias que me esperan
Que mis palabras
no se vayan en el viento

[1] Pertenecieron también a Los Canchis, o muy cercanos a ellos: Mario Cicerón Pazmiño, Oswaldo y Germán Núñez, Eduardo Barrera, Vásquez, Patricio Salas, Rómulo Ávila…

[2] Tomado de https://wambra.ec/in-memoriam-un-homenaje-a-hector-cisneros-y-a-jaime-guevara/

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